Opinión

Desmonte a la vista

Por Jorge Guebely

Están desmontando el imperialismo norteamericano. Cada vez más le pudren su moral, le degradan su democracia, le deterioran su credibilidad. Cada vez más sirve menos a los intereses de los grandes capitales monopolistas del mundo, en detrimento del resto.

Su permanente degradación permite la presidencia de un convicto como Donald Trump y el próspero negocio de la droga en su territorio. Pierde respetabilidad en el contexto internacional; lo irrespeta Venezuela, lo ignora Rusia, lo desconoce Israel.

Netanyahu no le obedece, continúa con su demencial holocausto palestino. Sin embargo, Estados Unidos le envía bombas para perpetrar el horroroso exterminio, para perpetuar el inhumano negocio de la guerra. Algo inconfesable se intuye detrás de esa desobediencia.

Su presidente actúa indeciso, pusilánime, contradictorio. No oculta su función de marioneta, obediencia política a grandes poderes económicos: industriales y financieros. Él, como cualquier político del sistema, lo entiende: en el capitalismo, los capitalistas ordenan y los políticos obedecen.  

Hoy, el imperio ya no les sirve tanto como antes. Conviene desmontarlo, reemplazarlo por uno más eficaz, más temible, más implacable. Renovarse para crecer. Repetir la vieja estrategia: orquestar nuevas instituciones públicas para gerenciar nuevos negocios privados.

Así crearon las Repúblicas del siglo xix, las del libre mercado. Nefastas criaturas jurídicas, países insaciables del primer mundo devoraron a los del tercero. Los convirtieron en colonias, les esquilmaron sus riquezas, les asesinaron a sus habitantes. Genocidio en Sierra Leona por sus diamantes. Genocidio en Colombia por su selva amazónica poblada de caucho. Asesinaron a más de 50 mil indígenas por explotar el oro blanco.

Tanta voracidad capitalista exigió la creación del primer imperio liberal: el norteamericano. Surgió con el deber de implementar la democracia por ley y el diálogo por mandato, su función política. Pero inepta ante la voracidad de los capitales, el imperio no pudo detener la primera guerra mundial, ni la segunda. La apetencia capitalista no dialoga, simplemente devora.

Montaron el imperialismo norteamericano en tiempo récord, fase superior del capitalismo según Lenin, lo denunció en 1917. Ahora deberán utilizar mucho más tiempo para desmontarlo y reemplazarlo por uno nuevo; igualmente, implacable. Democrático en lo económico para garantizar la confianza inversionista, dictatorial en lo político para asegurar el control ciudadano.

Se avizora China, la nueva estrategia histórica de los capitales monopolistas del mundo, tercera fase del capitalismo liberal. Lo había previsto Marx desde su momento histórico: “El ejecutivo del Estado moderno no es otra cosa que un comité de administración de los negocios de la burguesía”. Así lo vio en el nacimiento de los Estados nacionales, nada ha cambiado en el nacimiento de los nuevos imperios.

jguebelyo@gmail.com

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