El retiro, por cuestiones de salud, de Rodrigo Londoño (alias ‘Timochenko) de la contienda por la Presidencia, siembra un manto de dudas sobre el destino de su fuerza electoral.
Por Rafael Sarmiento Coley

Humberto De la Calle, candidato a la Presidencia por el Partido Liberal. Un ‘gallo jugado en numerosas galleras’.
La principal duda que deja en el ambiente el forzado y lamentable retiro de Rodrigo Londoño (alias ‘Timochenko’) del abanico de candidatos a reemplazar al Presidente Juan Manuel Santos, es si el aspirante inscrito por la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (Farc) tiene poder de endoso.
Un poder de endoso en serias dudas, pues se trata de un político en ciernes en la plaza pública, y sin una presencia visceral en ese juego claroscuro de la lucha por el poder en todas las democracias. Los partidos y movimientos tradicionales tienen de todas maneras un arraigo. Bueno o malo, el historial de esos partidos y movimientos como el Partido Liberal, el Conservatismo, Cambio Radical, Centro Democrático, el Partido de la U, es una realidad contundente.
Ahí te dejo el poder: Hugo Chávez

Germán Vargas Lleras, uno de los duros de derrotar en la contienda de mayo por la presidencia de la República.
Con mayor fuerza en momentos en que el país vecino se debate en medio de la peor crisis política, social y económica de su historia como consecuencia de los malos manejos del poder de un presidente con evidentes trastornos mentales, como lo es Nicolás Maduro, que para colmo de males heredó un proyecto de país impuesto a la fuerza por su mentor, el difunto Hugo Chavez Frías.
Ante esas circunstancias, se presume que el votante indeciso, ante el peligro de que la izquierda adquiera una mayor fuerza electoral, con toda seguridad se decidirá por Germán Vargas Lleras, Humberto De la Calle, Iván Duque o Sergio Fajardo, en ningún caso por Gustavo Petro.

Iván Duque, aunque pertenece al Centro Democrático no se considera un uribista ortodoxo ni mucho menos perrito faldero como aquel ‘Uribito’. Es un profesional de ideas claras.
Por una sencilla razón, Colombia vive en carne propia las consecuencias de la crisis social y económica que sufre Venezuela, con la cantidad de refugiados que invaden las principales ciudades colombianas. Y para nadie es un secreto la estrecha cercanía que Petro mantuvo, primero, con Hugo Chavez, y luego con Maduro. Más que estrecha cercanía, respaldo público de manera beligerante y con el anuncio claro de que Colombia debe ser “el segundo país bolivariano de Latinoamérica”.
Si no fuera más que un símbolo mal utilizado como medio propagandístico, el nombre y la imagen del Libertador de cinco naciones, tal vez la intención fuera más que merecida. Ocurre que ese remoquete que estampó Hugo Chávez en la nueva Constitución de Venezuela era un mero disfraz para imponer un socialismo sin la fuerza de base, como ha ocurrido en algunos otros países del mundo socialista.
Chávez en vida pretendió meter las manos en el Partido de los Trabajadores (PT) brasilero liderado por Lula. Se reunió varias veces con Luiz Inacio Lula y sus principales colaboradores. Lula no se tragó el anzuelo. Aplicó su proyecto político, aunque al final le salió el tiro por la culata y hoy está tan envainado como todos los sobornados por la multinacional brasilera Odebrecht. La tristemente célebre ‘multinacional del soborno’, que tiene temblando a medio Congreso colombiano y destruyó la reputación de Lula Da Silva, su sucesora Dilma Rousseff y le dio prácticamente cristiana sepultura al PT.

Iván Márquez, cabeza de la lista al Senado por la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, nombre que reemplazó el de las desmovilizadas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia ( Farc.)
Frente a esa cruda realidad latinoamericana, ha que admitir con responsabilidad política, que Colombia todavía no está ‘madura’ para un cambio extremo. El socialismo puede prosperar y triunfar, tal vez con algunas nuevas figuras de los actuales movimientos de izquierda. No se sabe qué pueda pasar con la lista al Senado que encabeza Iván Márquez, o con las listas a Cámara que encabezan otros líderes de izquierda como la que lidera en el Atlántico por el sucreño Seusis Pausivas Hernándas, alias ‘Jesús Santrich’, y la que encabeza por el Polo Democrático el dirigente sindical corozalero Domingo Tovar.
Un cambio suave
Lo deseable es que Colombia, en un futuro ojalá lo más cercano posible, tenga un mandatario respaldado por un partido o movimiento fuerte, que lo acompañe en forma solidaria para que haga los cambios profundos que, de todas maneras, las clases sociales están pidiendo a grito. En especial la clase media y ni qué decir de los estratos cero, uno, y dos, que son los que cargan el mayor peso de una desigualdad cada día mayor.
Porque cada día los ricos acumulan más fortuna en muy pocas manos, y los pobres aumentan por el erróneo modelo económico de las tasas impositivas, un sistema de salud perverso e inhumano, una cascada de impuestos que asfixia y un esquema financiero que da demasiadas libertades a los dueños de los bancos para que impongan tasas usureras a quienes acuden por créditos y a los usuarios del dinero plástico.
Las maldades de Uribe
Además, las medidas aplicadas por el entonces presidente Álvaro Uribe Vélez de reducir el ingreso de la clase trabajadora al quitar el pago de horas extras, y el pago doble de festivos y dominicales, multiplicó el número de colombianos enviados a la pobreza extrema. Para rematar, extendió la edad de pensionar a hombres y mujeres y entregó al insaciable sector privado el negocio de la salud, todo lo cual envileció los ingresos y la seguridad social de millones de colombianos.
Redoblar los ingresos de los sectores más pobres, dignificar los sueldos de los profesionales de distintas disciplinas como la salud, las ingenierías y áreas administrativas, serían los primeros pasos que son necesarios y urgentes, para que la enorme masa de las clases media y baja recuperar el poder adquisitivo, lo suficiente que acorte la inmensa brecha entre ricos y pobres, crezca la economía y mejor el Producto Interno Bruto (PIB). Son cambios que deben hacerse de manera suave y despacio. Tal como lo hizo Uribe Vélez. Primero, como Senador, hizo y deforme, maltrecha y despreciable Ley 100. Luego, en sus dos períodos de Presidente hizo las otras funestas reformas. Todo ello en favor del poderoso sector industrial, financiero y comercial antioqueño, y en contra de todos los colombianos pobres.











