“La clase poseedora impera de un modo directo a través del voto porque los pobres no han madurado lo suficiente para liberarse de los ricos” afirmaba brillantemente Engels.

EL COMENTARIO DE ELIAS

Por, Jorge Guebely  La pobreza material de muchísimos colombianos no es castigo ni bendición de Dios. Simplemente es consecuencia lógica de la codicia que mueve a nuestras elites económicas y políticas. Poco les importa la degradación humana si hay mejores dividendos. “El origen de todos los males es la codicia”, afirmaba, con razón, André Maurois. Distorsión mental que produce insensibilidad social, estado necrófilo del alma que anula la compasión por el otro, que fomenta la voracidad por poseer más y más. Egoísmo obtuso que estimula el grito de ‘sálvese el que pueda’ porque nos aliena, nos convierte en fieras contra todos, incluso, contra las personas amadas. Codicia la del sector financiero, capital especulativo con $5.2 billones de ganancia en el primer semestre y, sin embargo, promueve la reducción del salario mínimo en 25% para jóvenes menores de 25 años. Estrategia económica que deprime más a los jóvenes asalariados y evade el verdadero problema del desempleo: la codicia de los empleadores y políticos. Codicia que se complementa con la astucia de discursos benevolentes y tramposos para obtener mejores dividendos. Proclaman en voz alta el noble intento de mejorar el primer empleo, oportunidad para los nuevos profesionales, pero en realidad, devalúan el salario mínimo. Elites excesivamente codiciosas, hematófagos humanos que succionan sangre y vida de muchos colombianos. Codicia que genera permanentemente propuestas con sentido utilitario. Fórmulas procedentes de todos los sectores económicos: salario mínimo diferencial por regiones, reducción de impuestos empresariales, reforma laboral para implementar la contratación por horas, reforma pensional para favorecer otra vez al sector financiero, Propuestas con argumentos benignos, pero con resultados malignos para los trabajadores. ¡Qué caro el voto de los asalariados cuando votan por candidatos de las elites! Avaricia que convierte a los políticos de derecha en mayordomos de los poderosos; que hace del Estado capitalista, no un club de burgueses como lo pensaba Marx, sino una guarida de avaros negociantes; que utiliza los Ministerios de Trabajo y Hacienda para legalizar la codicia, enfermedad inherente al sistema capitalista voraz. Enfermedad del espíritu, difícil de superar por su estatus de normal que le da legitimidad. Tiene rostro de virtud, no de desorden mental, hay que ser codicioso para triunfar en el sistema capitalista. Hasta las víctimas de la codicia elitista la consideran normal, razón por la cual, no les importa elegir a los candidatos de sus victimarios. “La clase poseedora impera de un modo directo a través del voto porque los pobres no han madurado lo suficiente para liberarse de los ricos”, afirmaba brillantemente Engels. jguebelyo@gmail.com]]>

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