EL COMENTARIO DE ELÍAS por Jorge Guebely
Luminosa, fantástica, la cocina creativa de Gabriel García Márquez. Bello su lenguaje tallado con la obsesión de un fino orfebre. Brillantes sus relatos por su inmensa capacidad de emocionar y trascender al mismo tiempo.
Ante sus obras, corresponde leer con el corazón y la imaginación para iluminar la consciencia. Condimentos humanos para romper capas de hielo sobre almas congeladas.
Tristeza y fatalismo de los pueblos para superar su inhumana historia en Cien años de soledad. Surgen en sus páginas las generaciones de los Buendía repitiéndose en los mismos errores; sufriendo convulsivas soledades históricas, personales y sociales. Como la serpiente uroboros, mordiéndose la cola: “El primero de la estirpe está amarrado a un árbol y al último se lo están comiendo las hormigas.”
Compasión e indignación en El coronel no tiene quien escriba. Metáfora de pueblos olvidados, sin esperanza ni justicia. Conmueve su dignidad en la pobreza frente a un Estado indiferente. Nunca pierde su integridad; incluso, ni cuando convierte la esperanza en mentira necesaria. “—¿Y tú de qué vives? —Del aire —dijo el coronel.”
Frustración, impotencia, en Crónica de una muerte anunciada.
Un pueblo entero conocía el inminente asesinato de Santiago Nasar, pero nadie intentó impedirlo. Dolorosa pasividad social e inercia colectiva, legitimización de la violencia. “Nunca hubo una muerte más anunciada.”
El amor en los tiempos del cólera, canto de ternura y melancolía, humaniza el amor de dos ancianos. El deseo de permanecer a pesar de la edad. Real su fragilidad, también su lucha contra la rutina para evadir su muerte. “El problema del matrimonio es que se acaba todas las noches después de hacer el amor, y hay que volver a reconstruirlo todas las mañanas antes del desayuno.”
Humor negro y sátira corrosiva en Los funerales de Mama Grande. Devela una clase dirigente decadente; vocera de una elite mezquina, codiciosa y corrompida. Dirigencia poseída por el autoritarismo, el clientelismo y el abuso, enquistado en el poder. Semejante deformación humana lo simboliza la imagen de la “Mama Grande”. “Con la muerte de la Mama Grande se acabaron los privilegios.” Así culmina el relato con enorme ironía.
Literatura de calidad para un pueblo soñador. Sueña lamentablemente muchos sueños ajenos, los de las elites. De tanto soñar como ellos, como ellos, han congelado el alma. En la enorme frialdad, escasa importancia a la vida, toda al éxito, al ascenso en la escalera social.
Razón tenía Kafka: “Un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado dentro de nosotros.” Para descongelar el alma y des-hibernar el ser, agregaría yo.











