Era un pescador de almas. Para García Márquez fue su maestro inolvidable en supaso por El Universal.
Por: Gustavo Tatis Guerra
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Clemente Manuel Zabala, maestro de Gabo.[/caption]
Cuando el crítico literario francés Jacques Gilard –uno de los más certeros y severos biógrafos de Gabo–, le preguntó a Gabriel García Márquez qué seres habían sido decisivos en su formación en el Caribe colombiano, el escritor sacó de los entresijos de su memoria a un sabio en la penumbra nacido en San Jacinto: Clemente Manuel Zabala, que había sido su primer maestro de periodismo en el diario El Universal.
En ese instante, Gilard no tenía la menor idea de quién se trataba, pero quedó descrestado cuando García Márquez le confesó que ese Zabala, discreto y sigiloso, de ancestros indígenas y vascos, había sido más significativo para él, que el mismo Ramón Vinyes, ‘El Sabio Catalán’. Esa pista le sirvió al joven investigador Jorge García Usta para comenzar a rastrear al otro sabio, no el catalán, sino el sanjacintero, en la formación del autor de ‘Cien años de soledad’.
Más allá de Gabo
Cada vez que alguien pregunta por Clemente Manuel Zabala, su nombre ha quedado reducido a la sombra de García Márquez, pero creo que más allá de la sombra luminosa del genio de Gabo, Zabala va a salir de la penumbra.
¿Quién era él? -me preguntaron los muchachos de la Cátedra Zabala, que se inició en el Espacio García Márquez de la Universidad de Cartagena, en alianza con el periódico El Universal.
Tardé casi dos horas contando historias de Zabala en el recinto Eréndira, en el Claustro de la Merced de la Universidad de Cartagena, a unos pasos donde reposan las cenizas de Gabo.
Zabala nació en San Jacinto (Bolívar), pero su partida de bautismo desapareció del pueblo, así que los biógrafos y allegados suyos manejan tres fechas distintas de su nacimiento. En la reseña fúnebre que hizo el diario El Universal cuando él murió, en 1963, el diario aventuró la fecha de nacimiento en 1889, es decir, tenía 74 años, la misma fecha que recordaba su amigo, el poeta Gustavo Ibarra Merlano. La fecha que manejó el investigador Jorge García Usta fue la de 1893, mientras que el filósofo sanjacintero Tomás Vásquez se aferra a la fecha de 1896, luego de ver el acta de defunción, y rastrear los años de estudios y el acta de defunción.
Su sobrina, Silvia María Zabala, recordaría años después que la primera vez que su tío salió de San Jacinto a Bogotá, a principios de siglo, llevó sus libros en una mula blanca y grande que era de la familia y “se fue por el camino de las Palmas, para llegar a Jesús del Río y luego embarcarse en un buque de vapor”. Se lo contó al periodista sanjacintero Juan Carlos Díaz. Cada vez que regresaba su tío a San Jacinto era recibido con música de gaitas, la misma que lo hacía feliz cuando aún no había salido del pueblo. Celebraba con una fiesta en el patio de su casa natal, en la calle La Fuente. Esta fiesta la hacía con personajes de su pueblo como “Manuel Quiroz, Jorge Arrieta, Guillermo Martínez, entre otros. Fue en esos jolgorios donde conoció de cerca a Toño Fernández”, cuenta Juan Carlos Díaz.
Un artista clandestino
Clemente Manuel Zabala[/caption]
Clemente Manuel Zabala tocaba el violín y había estudiado pintura y música en la Escuela Nacional de Artes, en Bogotá. Creó el primer cine club de Cartagena de Indias en compañía de Víctor Nieto Núñez. Empezó a estudiar derecho en la Universidad Nacional en 1917 y se retiró casi al final, en 1922, para dedicarse al periodismo. Siendo muy joven fue secretario personal del General Benjamín Herrera.
Su carrera periodística empezó en El Diario Nacional, al lado de Enrique Olaya Herrera, y luego en La Nación de Barranquilla, donde fue una de las figuras de mayor irradiación cultural en la región en los años veinte. En 1925, el periódico La Nación, en donde Zabala dirigía el suplemento literario, era considerado según una nota aparecida en El Universal, el 2 de septiembre de 1960, “el mejor periódico de la Costa” por su enfoque editorial y su pequeño equipo de planta, en la que estaban Ramón Vinyes, Gregorio Castañeda Aragón, Luis Enrique Osorio, Julio Gómez de Castro y Jaime Barrera Parra. Al comentar la significación de Zabala en la Barranquilla de los años veinte, el investigador García Usta rescata una nota de Adolfo Martá en la que recuerda que Zabala integró el grupo de la revista Mundial en Barranquilla, de la que hacían parte José Félix Fuenmayor, Porfirio Barba Jacob, Julio Gómez de Castro y Leopoldo De la Rosa. En esos años Zabala era lector apasionado de Dickens, Dante, Dostoievski, Balzac, Verlaine.
Luego de esta experiencia espléndida de Zabala en Barranquilla, colaboró con la revista Sábado, de Plinio Mendoza Neira. Era políglota y traductor del inglés, francés y griego. Amigo personal de Jorge Eliécer Gaitán, recorrió con él la zona bananera para investigar la masacre de 1928. Se vinculó a este diario naciente como Jefe de Redacción desde el 8 de marzo de 1948. Era amigo de Eduardo Zalamea Borda, el novelista que publicó los primeros cuentos de Gabo. Y amigo de Ramón Vinyes en Barranquilla. Zabala iba y venía de Cartagena a Barranquilla, como más tarde lo haría el mismo Gabo, sin ninguna noción de frontera ni grupo.











