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Cheíto Velásquez, siempre al lado de su hermano Aníbal

La dinastía de hermanos liderada por Aníbal Sensación Velásquez ha marcado la cultura musical de Colombia. Esta es la historia contada en primera persona por Cheíto Velásquez, el hombre de la percusión, la composición y la voz que siempre ha estado al lado de Aníbal.

Entrevista realizada por Ricardo Bustamante

Mi primer hogar

Mi nombre es José del Rosario Velásquez Hurtado. Desde pequeño me llamaron Cheo; por ser el último de la estirpe, terminaron bautizándome Cheíto. Nací el 31 de diciembre de 1943; soy barranquillero de cepa y crianza.

Mis padres fueron José Antonio Velásquez Jiménez y Belén Aurora Hurtado Torrenegra. Mi padre fue agricultor y músico; mi madre, una mujer consagrada al hogar que cantaba por afición. Muchas de las piezas que ella interpretaba terminaron por tatuarse en mi memoria.

Teníamos una parcela en la margen derecha del río Magdalena, un terreno que mi progenitor dedicó a los cultivos de pancoger; de esa tierra brotaba nuestro sustento.

Cuna musical

El músico nace igual que el hombre versado en cualquier arte u oficio, con el destino marcado desde la infancia. Si en un hogar como el mío la música es el pan diario, no hay manera de esquivar el llamado.

De niño, tomaba las ollas y los calderos de la cocina para convertirlos en tambores o timbales. Mi camino fue la percusión. Tenía apenas diez años cuando compuse «Mi señora», mi primera canción, que tiempo después grabaría con mi hermano Aníbal para el sello Discos Eva.

Creando canciones

Me considero percusionista, compositor y cantante. La percusión es el pulso que le da ritmo a la pieza; la creación de una obra, en cambio, exige un doble esfuerzo: una letra que seduzca y una melodía que se amolde a la armonía.

Aquí hago un alto para precisar algo fundamental: si se tiene el don, la tarea fluye, pero no sin rigor. Por sencillo que parezca, hay que esforzarse para que cada elemento guarde consonancia. En palabras coloquiales: es lograr que las piezas encajen con la exactitud de un rompecabezas.

Fue Aníbal quien me descubrió como cantante; a estas alturas, hago méritos diarios para no desafinar. El miedo escénico, ese peso de la responsabilidad, nunca desaparece del todo.

Éxitos

He compuesto muchas canciones. Entre ellas destacan «Sal y agua», «Lucerito», «Remolino», «Quiero amarte menos», «La ronchita», «Si es por casada» y «Alicia la flaca».

Todas han brotado de motivos especiales y las he creado con profundo cariño. Poca gente sabe que el acordeón magistral que se oye en «La ronchita» no es el de mi hermano, sino el de Aniceto Molina, a quien conocí en Valledupar y quien, tiempo después, partiría hacia México para alcanzar la fama.

Grabé con Aniceto porque Aníbal se había marchado a vivir a Maracaibo. En su momento, no atendí el llamado de Molina para irme con él y, tras poco más de dos años a su lado, terminé reagrupándome con Aníbal.

Un saludo peculiar

En las décadas de los 50 y 60, los saludos en la música de acordeón no estaban arraigados. Se componían piezas dedicadas a amigos, ganaderos o personajes específicos, pero el saludo espontáneo era escaso. Fue a partir de los 70 cuando empezaron a asomarse, aupados en gran medida por la llamada bonanza marimbera.

En los segundos finales de «La ronchita» aparece una frase dicha por el fallecido locutor y animador Pepe Molina:

«Compadre Martínez, lo llaman por teléfono».

La historia de esa expresión es curiosa: grabábamos en los estudios de Sonolux en Barranquilla, en el callejón de La María, y en plena ejecución sonó el teléfono de una oficina anexa. Alguien preguntaba por el bajista, Nicolás Martínez, y a Pepe, en un arranque de ingenio —natural en él—, se le ocurrió soltar la frase al aire.

Acordamos entre todos dejarla así y ahí quedó, hasta el sol de hoy.

Aníbal Velásquez: mi hermano

Aníbal Velásquez Hurtado no es solo mi hermano del alma, para mí ha sido un padre y una madre. Es una persona inmensa por su humildad, nobleza y cariño.

Actualmente me encuentro convaleciente de una operación en un pie y no puedo salir de casa. Aníbal, en cada presentación que realiza, me envía un «cariñito» que nos sirve de mucho.

Mis hermanos músicos fueron Juan y Manuel, ambos ya fallecidos. Aníbal es el polifacético: acordeonero, pianista, cantante, arreglista, director y compositor. Juan era corista y acordeonero, mientras que Manuel se encargaba del güiro y el canto.

Mi hogar

Al lado de mi esposa, Gloria Ángel Mahecha, tuvimos siete hijos: Jacquelin, José Antonio, Liliana María, Alexander, Elmis Belén, Mirley Alejandra (fallecida) y María José.

Las Américas: mi barrio

Resido hace más de cuarenta años en el barrio Las Américas de Barranquilla. Aquí me conoce todo el mundo; basta con preguntar por Cheíto Velásquez para que señalen mi casa de inmediato.

Soy feliz en este lugar. Vivo de manera sencilla, sin mayores pretensiones, con la compañía de mi hija Jacquelin y mis nietos. Tengo incluso un bisnieto que canta bien: Kevin Alexander Ruiz Paredes.

He vivido la vida, con sus altos y bajos, pero lleno de amor y cumpliendo las normas y, lo principal, respetando y acatando las leyes del Creador.

Sobre el autor

Autor periodístico y literario nacido en Barranquilla. Bachiller del Colegio San José S.J., abogado con especialización en Derecho Laboral y Penal. Ejerció como catedrático Universitario y Operador Judicial. Desde 2020 disfruta su pensión.
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