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Fernando Castillejo: una figura importante del arte contemporáneo del Caribe Colombiano

Fernando Castillejo ha sido una figura importante del arte contemporáneo del Caribe Colombiano. Artista, docente y curador, su trabajo ha dejado huella en varias generaciones de artistas formados en las Universidades del Atlántico y el Magdalena, instituciones en las que durante décadas ha contribuido decisivamente a la formación artística.

Como artista, Fernando ha construido una obra singular dentro del arte colombiano. A través de un dibujo extraordinario, ha explorado temas que durante mucho tiempo fueron invisibilizados o relegados: la negritud, la masculinidad, el deseo homoerótico, las sexualidades disidentes, la cultura popular y las tensiones sociales del Caribe. Supo convertir el dibujo en una herramienta crítica y poética para pensar quiénes pueden ser vistos, cómo son representados y qué cuerpos han sido excluidos de las imágenes dominantes.

Series como Ni héroes ni villanos (dibujos de futbolistas del Junior) (2005) y Cuadrilátero (2008) transformaron al futbolista, al boxeador y al hombre popular caribeño en protagonistas de una reflexión aguda sobre la raza, la masculinidad, la identidad y el poder. Figuras aparentemente asociadas a una virilidad triunfante aparecen en la obra de Fernando convertidas en imágenes complejas, ambiguas y profundamente humanas. Al presentarlas en formatos monumentales, Fernando nos obliga a ponernos frente al cuerpo racializado y a preguntarnos por las condiciones bajo las cuales esos cuerpos se vuelven visibles en nuestra sociedad: casi siempre cuando están ligados al éxito, la fuerza o el prestigio deportivo. Pero su obra no se detiene allí. La minuciosidad de su dibujo, su atención extrema al detalle y la sensibilidad con que mira a sus personajes desplazan esas figuras a otro lugar. Sus futbolistas y boxeadores dejan de ser símbolos de triunfo masculino para convertirse en cuerpos atravesados por el deseo, la vulnerabilidad, la fragilidad, el espectáculo y las tensiones sociales del Caribe.

Las escenas homoeróticas son otra de las importantes facetas de la investigación plástica de Castillejo. Allí evidencia cómo ciertos cuerpos han sido doblemente regulados: por ser negros y por desbordar las normas heterosexuales. Los cuerpos aparecen con torsos desnudos, próximos, entregados a gestos de intimidad, placer y afecto. Ya no son los cuerpos hipervisibles del deporte, sino cuerpos atravesados por el deseo, el erotismo y la ternura. En ese sentido, Castillejo desmonta una larga tradición iconográfica que ha fijado al hombre negro como emblema de trabajo, subordinación, potencia física, amenaza o exotismo, para devolverle una complejidad afectiva y subjetiva rara vez permitida. Hay, además, una operación decisiva sobre la mirada. Estas obras confrontan al espectador con su propia incomodidad. La cercanía entre los cuerpos, el roce, el abrazo, el beso, producen una «alta tensión» entre deseo y censura, entre empatía y tabú. El hiperrealismo no tranquiliza: intensifica. Vuelve imposible refugiarse en la distancia estética o en la abstracción. Nos pone frente a frente con aquello que la historia de la visualidad en Colombia apenas había insinuado o había mantenido fuera de campo.

Castillejo fue uno de los artistas invitados por Mercedes Angola y Raúl Cristancho a participar en “Viaje sin mapa: representaciones afro en el arte contemporáneo colombiano”, la importante exposición realizada por el Banco de la República en 2006. Esa muestra abrió, como pocas hasta entonces, una discusión fundamental sobre la manera en que los afrocolombianos habían sido representados en el arte colombiano: sobre sus vacíos, sus borraduras, sus ausencias y las formas limitadas en que históricamente habían sido visibles. La presencia de Fernando en esa exposición fue significativa. Sus obras mostraban que él venía pensando ese problema desde tiempo atrás. Su obra ayudó a pensar, de manera temprana y poderosa, las ausencias de la representación afrocolombiana en el arte y en la cultura visual del país.

Pero Fernando Castillejo no solo ha sido un gran artista. Ha sido también un maestro. Muchas de las y los artistas del Caribe colombiano de hoy pasaron por sus clases, sus talleres, sus conversaciones y su humor incisivo. También, aunque no desarrolló una práctica curatorial sostenida, llevó a cabo la curaduría de la exposición de Gustavo Turizo: “Mi vida en rosa y otras tonalidades maravillosas” en la Galería La Escuela, una muestra dedicada a uno de los artistas fundamentales del Caribe colombiano. Turizo, fallecido prematuramente, dejó una obra inmensa y pionera para la historia del arte de la región, especialmente por la manera en que abrió caminos para pensar el cuerpo, el deseo y las sexualidades disidentes en el Caribe. La exposición curada por Fernando no solo permitió volver sobre la obra de Turizo, sino también reivindicar su lugar dentro de la historia del arte colombiano y reconocer una genealogía artística de la que el propio Fernando ha sido parte fundamental.

Hoy, en este momento difícil para su salud, vale la pena recordar quién es Fernando Castillejo y por qué su trabajo importa tanto. Porque transformó la manera de mirar el Caribe, sus cuerpos, sus deseos y sus silencios. Porque gracias a él, el Caribe pudo verse a sí mismo de otra manera. Y porque Fernando está presente en sus dibujos, en sus ideas, en sus estudiantes, en sus colegas y en todas las personas que han aprendido de su mirada. Hoy lo acompañamos con admiración, gratitud y el deseo profundo de que pueda encontrarse un diagnóstico claro para su padecimiento y que ello abra el camino hacia un tratamiento adecuado.

Autora: Isabel Cristina Ramírez

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