La masacre realizada por el comando palestino Septiembre Negro, dejó un saldo de 18 muertos en Múnich, Alemania.
Por: Francisco Figueroa Turcios
Bonifacio Ávila Berrio no fue campeón mundial de boxeo, pero supo administrar la fama y el dinero que le dio este deporte. Tiene 72 años, es el propietario del restaurante «El Bony», ubicado estratégicamente entre la playa de Bocagrande y el hotel del Caribe en Cartagena, con el que ha logrado conjuntamente con su esposa Aurora Castaño darle estudios profesionales a sus hijos y tener las comodidades básicas para vivir. En su palmarés como boxeador se destaca que representó a Colombia en los Juegos Olímpicos de Munich, Alemania, en el año 1972.
El restaurante El Bony, luego de la pandemia del Covid-19, vuelve por sus fueros…todos los días es un hervidero humano: hay que tomar turnos para almorzar. Bonifacio, es el gran anfitrión. Él saca un espacio para compartir con todos sus clientes y realizar la sección de fotografías.
50 años después, cuando ´El Bony´ Ávila, echa a galopar los recuerdos de la toma sangrienta por el comando Septiembre Negro a la villa Olímpica en los Juegos Múnich 1972, todavía se le erizan los pelos de las manos a raíz del drama que vivió.
«Mira mi hermano, como se me erizan los brazos… El Bony, hace una pausa para mostrarme sus brazos. Levanta la mirada y continua el relato. Fue una gran pesadilla que vivimos en Múnich. Fueron las horas más largas he vivido en mi vida. Pensé que no saldríamos vivos. Fueron momentos de gran tensión, pero reconozco que tuve la frialdad para calmar a Clemente Rojas y Alfonso Pérez porqué ellos entraron en pánico. Nadie sabía si ellos tenían pistolas o bombas para volar la Villa Olímpica. Los tres nos metimos en un cajón que estaba en la habitación y nos pusimos a rezar. Viviré con estos difíciles recuerdos hasta el último día mi vida » recuerda Bonifacio Ávila sobre los momentos que vivió hacen 50 años en los Juegos Olímpicos de Múnich, Alemania.
Se cumplen, 50 años de la matanza perpetrada por el grupo palestino Septiembre Negro, después de tomar como rehenes a un grupo de deportistas y entrenadores israelíes tras internarse en la Villa Olímpica. Ocho terroristas disfrazados con ropa deportiva lograron acceder al pabellón de la delegación hebrea, poco antes de las cinco de la madrugada del 5 de septiembre.
Los secuestradores exigieron la liberación de 236 palestinos presos en cárceles israelíes, además la de los terroristas alemanes Andreas Baader y Ulrike Meinhof. Las autoridades alemanas ofrecieron un intercambio por agentes de su policía con la promesa de obtener liberaciones de Israel, a lo que los terroristas se negaron. Lanzaron, asimismo, la fallida ‘operación Sonnenschein’, por la que los terroristas debían ser abatidos por tiradores desde el tejado. Las cámaras alertaron a los secuestradores. No sería la última chapuza. Los negociadores convencieron a los palestinos de que podrían abandonar Alemania en un vuelo con los rehenes y para ello serían trasladados en helicópteros a un aeródromo. Era una trampa: pretendían eliminarlos. El resultado fue una masacre. Se cumple el 50° aniversario de la mayor tragedia de la historia ocurrida en los Juegos Olímpicos con once atletas y entrenadores israelíes literalmente fusilados.














