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Banca colombiana, la más insolidaria del mundo frente a Covid-19

A pesar de que el Gobierno del Presidente Duque emitió Decretos para que congelaran cobros de cuotas de préstamos, tarjetas de crédito, ampliaran plazo y concedieran préstamos de libre inversión, hicieron todo lo contrario. Cobran todo y cerraron créditos.

Por Rafael Sarmiento Coley

Por Rafael Sarmiento Coley

Con la mayor buena intención –por lo menos de dientes para afuera–, el gobierno del presidente de la República Iván Duque Márquez, desde comienzos de años emitió varios Decretos en procura de aliviar la situación de los colombianos que tienen cuentas pendientes con la banca nacional, con el fin de amainar el golpe fatal del Coronavirus y la cuarentena que condena, en la práctica, a una realidad de brazos caídos.

Lo grave, más que grave, despreciable, es que la banca colombiana se ha pasado por la faja todas las normas expedidas por el Gobierno para aliviar la grave situación económica que afrontan los colombianos de todos los estratos, en especial, los de la clase media, media baja, los trabajadores independientes, los microempresarios.

Según el senador conservador oriundo de Montería, David Barguil, se trata de una actitud mezquina, diríamos que miserable, por cuanto si con algún sector el Estados ha sido generoso cada vez que, por sus errores y malos manejos, el sector bancario se va al borde del abismo. Entonces el Gobierno de turno le lanza un bondadoso y frugal salvavidas como el del 4X1.000, impuesto con el cual el sector financiero no solo se recuperó, sino que pasó a ganarse, en conjunto en cada trimestre hasta $20 billones.

Luis Carlos Sarmiento Angulo, como no tiene problemas para pasar la cuarentena con tres nevecones llenos de comida y licor, le importa un pito que la clase media no encuentre soluciones en sus poderosos bancos del Grupo Aval.

Así, grupos como el de Luis Carlos Sarmiento Angulo, que tiene, entre otros, Davivienda, Banco de Bogotá, Banco Popular, Banco de Occidente, Aval, alcanzó tanta riqueza, que de banquero pasó a ser el principal constructor del país, concesionario de casi todos los peajes, propietario de una cadena de más de 20 hoteles Estelar en Colombia y otros países, y dueño de más de mil hectáreas de tierras fértiles para diversos cultivos rentables y ganadería extensiva.

En la misma línea usurera y despótica están el chileno Falabella, el Sudameris del israelita Jaime Silinsky, el ahora amo y señor de la ahora revista progobiernista Semana.

Lo mismo podría decirse del moribundo BBVA (español) al momento de comprar el cascarón del Banco Ganadero. A la vuelta de pocos años los españoles colocan al BBVA en los primeros lugares porque no se sabe qué misteriosa fuerza invisible hizo posible que el 80% de las pensiones que otorga Colpensiones (su amanuense), caen a la panzuda barriga del banco español, que tiene unas normas severas, anticuadas y de absoluto desprecio por sus clientes, en especial por la mayoría de ellos, que son personas de la tercera edad, a quienes ponen a dormir todo un día en sus bancas porque solo tienen dos cajeros (por detestable y criminal tacañería), para atender a los pobres ancianos.

Mario Pardo Bedoya, presidente del español BBVA, el más indolente de los bancos colombianos y al que Colpensiones le lanza por la derecha el mayor número de pensiones. ¿Habrá algún motivo especial? ¿Será por amor o simpatía?

Mario Pardo Bedoya, el nuevo presidente del BBVA, al llegar al cargo anunció con bombos y platillos que, primero, se haría una ‘reingeniería’ para que el banco “estuviera más cerca de sus clientes y pudiera, así, ser más útil, al grande, mediano y pequeño usuario”. Pura paja. Un saludo a la bandera franquista.

Fue mucho más sincero y menos engañabobos el presidente de la Asociación Bancaria (Asobancaria), Santiago Castro, al reconocer que, atendiendo las normativas del Gobierno para sobrellevar la crisis económica por el coronavirus, “se han concedido alivios a 1.416.405 obligaciones financieras equivalentes a $32.2 billones”. De los cuales –y esto, más que rabia, produce risa, apenas el mísero 1% se destinó para ayuda al microcrédito, el 2% para microempresarios independientes que pilan para el afrecho, y el humillante 97% se destinó a los estratos altos que, de todas maneras, no son ningunos tontos, y antes de estallar la crisis meten plata bajo el colchón y traen parte de lo que tienen en paraísos fiscales.

La verdad es que conmueve la sinceridad del joven presidente de Asobancaria: el 93% de las normas que decretó Duque para aliviar la crisis financiera del Covid-19 queda en manos de los grandes empresarios. Y el 1% para pequeños emprendedores independientes, y el 2% para microcréditos.

En cambio, los que reciben el raquítico 3% de la ayuda ordenada por el Gobierno, son la clase media y media baja que no tienen de dónde echar manos, y que, para colmo de la economía colombiana, son los compradores del día a día en las tiendas, en las Olímpicas, en los Aras de los Portugueses, en las Falabellas de los chilenos, en las nuevas cadenas de minimercados de los hijos del difunto Julio Mario Santo Domingo. Lo que significa que las ayudas económicas que, tal vez de buena fe, decretó el Gobierno para ayudar a una enorme masa de colombiano que de verdad necesita ese oxígeno económico, quedó en manos de los malandrines de siempre.

Vaya un microempresario a solicitar que le congelen las cuotas de una tarjeta de crédito o de un crédito de libre inversión, y la respuesta es un NO. Solicite un crédito exprés para solventar la vida de su microempresa, y la respuesta es: “todas esas operaciones están suspendidas por el Coronavirus”, como han testimoniado, casi al borde del llanto, varios microempresarios en las puertas de una de esas indolentes entidades bancarias que se burlan de las normas del gobierno, que no se conduelen del dolor de la gente que vive una angustia insoportable. En pocas palabras: lo banqueros jamás han dejado de ser lo que con tanta clarividencia describió William Shakespeare en el ‘Mercader de Venecia”, el banquero o prestamista de hoy y de siempre es un ser que es capaz de sacarle el corazón a su propia progenitora, si no le paga una deuda, más los intereses.

Las travesuras del Ñeñe

Lo que más sorprende en este país del Sagrado Corazón de Jesús es que ante tan audaz y recelosa gracias a su sangre libanesa como los hernanos Fuad, Habid, y Simón Char, con su séquiito de asesores financieros entre ellos el actual presidendente del banco charista Serfinanza, Gian Piero Celia, se dejaron embaucar por el tristemente célebre timador guajiro, el ‘Ñeñe’ Hernández y le prestaron la bicoca de millón y medio de dólares con la garantía de «852 semvientes’ que, cuando los avispados  Char fueron a recuperarlos en 20 camiones para llevarlos al matadero Camagüey para venderlos como carne en las Olimpicas, se llevaron dos desagradables sorpresas: primero, que era unos novillos tan flacuchentos que se les podían contar las costillas, y,, segundo, ya tenían en el trasero el sello de ‘extinción de dominio por ser adquirido mediante el lavado de activos. ¡Pero vaya usted a prestarle 20 milloncitos de pesos.

 

Sobre el autor

Director general de Lachachara.co y del programa radial La Cháchara. Con dos libros publicados, uno en producción, cuatro décadas de periodismo escrito, radial y televisivo, varios reconocimientos y distinciones a nivel nacional, regresa Rafael Sarmiento Coley para contarnos cómo observa nuestra actualidad. Email: rafaelsarmientocoley@gmail.com Móvil: 3156360238 Twitter: @BuhoColey
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