Por: William Castro A.
Entró Diciembre bailando merengue, un ritmo pegajoso como las mismas parejas que en Barranquilla se ven tomadas de los hombros y la cintura, dando vueltas en círculos mientras mueven sus caderas al son de ‘La tanguita roja’. Acto que paulatinamente se convierte en un viejo cuento borgiano, al adentrarse ambos bailarines en un ciclo que solo precisa romperse pasados los tres minutos y medio de la canción.
Sin embargo, la cadena se extiende cuarenta y ocho horas debido a la llegada del 2do.Volumen de la Feria Circular, que el 4 de septiembre de este año ya había sacado su primer ‘LP’ en un complejo cultural alumbrado de postpandemia: La Interface, situada en el barrio Recreo. Tan buena fue la acogida en este sitio, que para esta segunda parte serían dos días de Feria en lugar de uno, promoción válida el 4 y 5 de diciembre en los aposentos de otro complejo: la Casa Feliza, ubicada en Los Nogales, donde se adelantó la Noche de Velitas.
El círculo
Con una programación nutrida -incluso más que en la última ocasión-, fuera de las múltiples marcas de accesorios y ropa vintage había set’s de música en vivo que diferentes deejays tocaron haciendo gala de los tradicionales vinilos: Ejemplo único del encuentro de lo clásico con lo moderno. También se incluyeron proyecciones de cortometrajes, exposiciones, performances, talleres de ilustración y collage, hasta charlas sobre la importancia de los libros, “extensión de la memoria y la imaginación”, volviendo a Borges.

Uno pensaría que los responsables de esta agenda cultural son un largo hilo de nombres, cuando en realidad se trata de un par de jóvenes universitarios: Dina Luz Peña -Dj Dinamita-, arquitecta de profesión, y Rafael Blanco, filósofo, comunicador social y fotógrafo del evento. Ambos coinciden en que la falta de estos espacios en la ciudad se debe al nulo arrojo de parte de gestores que han ido dejando de apostarle a lo local, así como a los escenarios alternativos o emergentes del sector.
Para Dina Luz, la Feria es un sueño que inició antes de la pandemia, y que por los calores de la misma se tuvo que pausar hasta ahora, donde la cata de una añeja “normalidad” refresca nuestros paladares amargos del prolongado encierro en que venimos. Todo de manera autogestionada, que es lo mismo que hablar de una hazaña titánica pocas veces lograda en Barranquilla -y menos con una réplica en tan solo tres meses, tiempo suficiente para desaparecer del mapa-.
En otra esquina, deja Rafa de capturar por un instante cada momento del evento, y nos explica la metódica de costear los elementos necesarios para la realización de la Feria Circular -espacio, mesas, sonido, decoración, etc- por medio de las marcas e invitados varios que llegan o llaman a participar, esperando que de allí pueda surgirles una buena inversión. “La idea es que hasta los propietarios de la casa puedan llevarse algo de todo esto”, entendiendo que lo que perdura finalmente va más allá de cualquier retribución económica o material.
Círculos dentro del círculo
Pese al matiz itinerante de la feria, es gracias al ingenio de sus progenitores que esta ha sabido adaptarse a las condiciones físicas del destinado entorno, dividiendo así lógicamente la sede en tres zonas: Terraza, interior y patio. Cada una determinada para la puesta de las actividades, sacando provecho de las áreas ‘plus’ del terreno, tales como el garaje y la cinemateca.

Desde las tres de la tarde del sábado se veía llegar a la gente emocionada por la cantidad de stands que tenía a su disposición. Al confort de las brisas decembrinas se hallaban las tiendas de Luz de Cristal, Im Salvia, Epokhe, BooksTime, entre otros títulos con productos naturistas u holísticos, artesanías, estampados, libros, stickers y pinturas.
Hacia la zona interior se detalla la exposición “Anatomía de un océano” del artista barranquillero Rubén Terán, serie de piezas en acrílico sobre retablos que ilustran los contornos de diversas especies marinas, figurados por la unión de un leitmotiv de lápices de colores.
Más al fondo, en la cineteca, se imparte la charla de Carlos Machuca acerca de la historia de un importante sello discográfico de nombre homónimo, fundado por su padre hace más medio siglo, el señor Rafael Machuca, productor de los primeros trabajos de artistas populares de la época como Aníbal Velázques, Juancho Polo Valencia y Alejo Durán, así como pionero en registrar las nuevas sonoridades de vanguardia: soukous, champeta, cumbia, funk, entre otros.

Así mismo, se contó con la presencia del colectivo teatral Mandragorart, que cautivó al público con su función S7N Cabaret, un show que mezcla el elemento drag con la danza contemporánea y la música lírica al viejo estilo de Broadway, para rendir un sentido homenaje al rey del pop, Michael Jackson.
Ya en tercera base se apostó por los talleres plásticos de las artistas Eme y Gretta, quienes sustentaron con los asistentes las técnicas y secretos detrás de la ilustración botánica y construcción de personajes, que al igual que el colectivo de Círculo Vacío con sus instrucciones de collage análogo, acabaría perpetuando este ciclo de dibujos y manualidades con apariencia de feria.
Se rumora un tercer volúmen de feria por parte del dúo creativo para eso de principios del año próximo, jugándose en tiempos de pre-carnavales un ciclo que apunte todavía más arriba de las expectativas y comentarios positivos que ha manifestado el público. Mientras podemos esperar pacientes bailando una salsa o champeta que en cualquier momento se convertirá en un clásico de Rikarena.











