Char insistió en defender su obra de gobierno y la de su sucesora. Sánchez cuestionó la falta de políticas sociales para recortar la brecha.
Por Rafael Sarmiento Coley
Un primer cara a cara interesante entre los dos candidatos a la Alcaldía de Barranquilla Alex Char y Rafael Sánchez Anillo, en donde los dos moderadores estuvieron de sobra, pues el tañir de la campanilla que indicaba el final de los tiempos de cada contradictor, era suficiente.

«Ahora me toca concluir la tarea que iniciamos y que se ha convertido en un ejemplo nacional, tanto así que hasta el propio Petro ha venido a ver cómo es la vaina», dijo Char en el debate de este martes.
Dio la impresión de que Sánchez siempre esperó que Char expusiera su tesis para caerle encima y controvertirle. Con la desventaja para Char que la réplica era de apenas 30 segundos. De todas maneras Char sacó una enorme ventaja en el manejo de los temas de ampliación de cobertura en servicios públicos, pavimentación de calles, construcción de una moderna red hospitalaria que acabó con el ‘paseo de la muerte’, los llamados ‘Pasos’ para la gente de la calle, la recuperación y reconstrucción de parques.
Todo lo cual condujo a que el ciudadano tuviera más confianza en la administración y pagara con más puntualidad, y a gusto, los impuestos, lo que permitió a Barranquilla, que estaba en Ley 550 por el pésimo manejo financiero anterior a la llegada de Char para su primera administración, salir a flote con sus finanzas. Atrajera más inversión nacional y extranjera y se convirtiera en modelo nacional, tanto así, que, según Alex Char, el propio Gustavo Petro, de la misma línea política de Rafael Sánchez, ha venido a Barranquilla a ver cómo es la cosa para él replicarla en Bogotá en donde está más enredado que en saco de anzuelos.
Hay unas verdades que Sánchez sacó del cubilete en forma contundente y reiterativa. Barranquilla sigue teniendo muchas concesiones que encarecen la vida del ciudadano común y corriente.
Tiene toda la razón Rafael Sánchez Anillo cuando cita el caso del alumbrado público en manos de una familia suertuda que se ha vuelto achimillonaria con esa concesión. Alega el candidato Sánchez que no es justo que los estratos uno, dos y tres paguen más por el impuesto de alumbrado público que por el consumo de luz. No hay derecho. Y lo mismo ocurre con la sobretasa a la gasolina.
Y lo mismo con el impuesto de seguridad que se paga con el recibo de la luz que se reparte en milésimas partes hasta para rendir honores a oficiales de las reservas y a las damas verdes y amarillas.
Alega Sánchez Anillo que los contratos de obras públicas en la administración de Barranquilla son adjudicados a las mismas cuatro o cinco familias amigas de Alex Char. En concepto, esa contratación debería ser pública y abierta, para que haya más oportunidades de trabajo, y empiece, de verdad, a cerrarse a la brecha social. Insistió en que lo suyo es lo social. Que el cemento y el hierro no lo son todo.
Char se defiende y exhibe la bandera del contrato de Métodos y Sistema que estaba en manos de la mafia. Su tarea era recaudar los impuestos distritales, tarea que, por ley, es exclusiva del Estado. Y llámese Estado en todos sus niveles: nacional, departamental, distrital y municipal. La firma que ilegalmente tenía en sus manos dicha concesión se embolsillaba anualmente $40 mil millones fuera de cachucha y perendengue.
Ese punto lo ganó Char. Sin embargo Sánchez ganó en forma reiterada los puntos de los mayores aplausos para las graderías: en miseria absoluta en Barranquilla está en 15% de su población, el 62 por ciento está en el nivel de pobreza, el 72 por ciento clama a gritos que mejore la seguridad, y 73 por ciento piden un empleo así sea de portero de la cárcel de El Bosque, o de la Universidad que Alex Char, si gana, haga ahí, y traslade esa cárcel a la que era la finca-mansión de los Ochoa al lado del embalse del Guájaro. De ahí no vuela un preso jamás. Por los potreros, ni de vainas porque se expone a que un toro de lidia lo descuartice en un santiamén. Y por el embalse, peor. Lo vuelve papillas un hipopótamo o se lo traga entero un caimán.
Por falta de tiempo a Rafa Sánchez se le quedó en el tintero el tema de ciertos concejales que se han vuelto multimillonarios modificando el POT para terrenos que eran humedales intransferibles, fueron convertidos en 14 héctareas para una zona franca de la constucción. La héctarea, en un humedal delesnable que solo costaba cuando mucho $300 mil, fue vendido por $6.500 millones cada una, con la anuencia de la Alcaldía. Lo triste de esta historia, señores Sánchez y Char, es que el producto de ese negocio poco ortodoxo que dejó unos de $ 91 mil millones, no se quedó aquí. Se fue a invertir en un finísimo y costoso restaurante en Madrid y en una cafetería en Atenas. Por más señas «Heladera Amercana», para devolverle el cumplido a los griegos que a mediados del siglo pasado crearon en Barranquilla un negocio con el mismo nombre.
En términos generales fue un debate de altura. Con mucho respeto mutuo. Tuvo sus momentos de crispación, como es apenas natural, y fue entonces cuando aparecieron muy discretos pero con firmeza y buen tino los dos moderadores la bella Claudia Villarreal y el adusto Marco Schwartz Rodaki, que no se sabe por qué siempre tiene cara de guapo siendo tan bien muchacho y excelente moderador.











