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Análisis. Los capos de ayer son hoy jefes políticos y grandes empresarios

La periodista María Jimena Duzán hace gala de sus dotes de reportera e investigadora, ahora libre de las mordazas de Semana.

Por Rafael Sarmiento Coley/María Jimena Duzán

María Jimena Duzán se despidió de la revista Semana con un video en donde retrata de cuerpo entero la evolución de los capos del narcotráfico y la mutación de éstos a los ‘sagrados’ escenarios de los todopoderosos dirigentes políticos que utilizan la puerta giratoria para pasar de fichas de los carteles internacionales (en especial los de México), a capos autónomos que luego dan el salto a la política, y en un dos por tres ya están, no de inquilinos, sino de dueños de la Casa de Nariño y del Congreso de la República.

Jesús María Galvis, mejor conocido como Lucio Duzán, quien hasta su muerte a mediados de los años 70 mantuvo su columna de opinión en El Espectador de la familia Cano, ‘La hora cero’, quien luego prosiguió su hija, María Jimena Duzán como ‘Mi hora cero’.

La vena periodística de María Jimena no la recoge del suelo. Su padre, Lucio Duzán (cuyo verdadero nombre era Jesús María Galvis, quien durante años mantuvo su columna de opinión (‘La hora cero’), en las páginas editoriales de El Espectador de la ejemplar familia Cano (no del actual dueño el banquero de dudosa ortografía Luis Carlos Sarmiento Angulo).

Al morir repentinamente el insigne autor de ‘La hora cero’, los Canos, generosos y muy nobles como siempre, entusiasmaron a la hija mayor de Jesús María Galvis, mejor conocido como Lucio Duzán, paraque recogiera el legado de un brillante padre. Así nació en el escenario del periodismo de combate María Jimena Duzán, con su columna ‘Mi hora cero’.

Hasta cuando olió lo que se venía para encima, tras la crisis de El Espectador por el magnicidio del entonces director del periódico, don Guillermo Cano, acción brutal y desafiante perpetrada por Pablo Escobar parapetado detrás del sanguinario Cartel de Medellín.

María Jimena salió a buscar refugio en el alar de la revista Semana, entonces propiedad de Felipe López Caballero. Y empezó una nueva vida, firme, dura y pura a pesar de las adversidades familiares con el caso doloroso de su hermana, pero sin dejarse doblegar.

Ahora está en un medio en donde podrá volar más alto, WRadio, propiedad del Grupo Prisa, de España (los dueños de El País de Madrid). Buen viento y buena mar, María Jimena. Te lo mereces.

Un tema neurálgico

En su último video-denuncia de Semana aborda un tema que, por lo general, hay que tratarlo con pinzas, por el peligro que implica tocar los intereses de los grupos detentadores del poder político, económico, el narcotráfico, el lavado de activos, y el ejercito de mercenarios, aboganster, sicarios morales, fiscales de bolsillo, agentes de los servicios secretos (caso del director del desaparecido Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), Jorge Noguera Costes, responsable del magnicidio del catedrático y sociólogo Alfredo Correa De Andre’is, por cuyo crimen apenas pagó una quinta parte de la pena, protegido por su jefe político el tenebroso señor de las tinieblas de quien se dice está protegido con Teflón. Nada se le pega).

La verdad, monda y lironda, es que Colombia hoy está en manos de la narcopolítica. Muertos los principales capos del narcotráfico y encarcelados otros, surgió una nueva versión del capo narco. Ya no son dos clanes. No son dos, tres o cuatro capos de todos los campos. Hoy hay clanes familiares con un supercapo a la cabeza, que unas veces está en el poder legislativo, otras en la Casa de Nariño, no como inquilino, sino como propietario, porque llega para quedarse, dos y tres períodos, a dedo escoge su sucesor (aunque en una de esas maniobras el señalado se les ‘torció), y vuelven a recuperar la propiedad de la Casa de Nariño con un hombre manso y obediente.

El nuevo panorama político-económico colombiano es un mosaico multicolor. En donde gentes que ‘coronaron’ en la primitiva era de la marihuana, hoy son prósperos industriales de sectores de última generación, propietarios de múltiples almacenes de grandes superficies, miles de emisoras radiales de sintonía comprobada hasta en el más pequeño municipio de Colombia, son dueños de equipos de fútbol, tienen partidos políticos de garaje que eligen senadores, representantes a la Cámara, Diputados, Concejales, Gobernadores, Alcaldes y, por supuesto, son parte vital para elegir al Presidente de la República de turno.

Las masacres

Una de las actitudes positivas que los seguidores de Donald Trump divulgaban a los cuatro vientos por todas las redes sociales es que “ha sido el único presidente de Estados Unidos que no promovió una sola guerra”. No lo hizo en público ni en forma directa. En cambio promovió una guerra frontal contra los carteles mexicanos que no pasaban por la alcabala de banqueros cómplices del Consejo Nacional de Seguridad de Estados Unidos y de sus organismos cómplices, la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por su siglas en inglés), y su apéndice Agencia Central Antidrogas (DEA, por sus siglas en inglés), Porque, según periodistas estadounidenses meticulosos que han logrado tener acceso a información fidedigna, a las venas de la economía con la cual funciona el establecimiento de Estados Unidos entran torrentes de dineros blanqueados provenientes del narcotráfico que entra a dicho país ‘por canales legales’, o por lo menos, por un sistema bien protegido al cual solo tienen acceso para entrar al negocio gente de mucha confianza de países dóciles, ambiciosos y disciplinados para los intereses del imperio del norte, como Colombia.

Por cierto que uno de los periodistas más osado y que investigó en profundidad el asunto, fue perseguido de manera brutal. Cuando no pudieron doblegarlo por las vías judiciales, apareció muerto en su apartamento con el veredicto del FBI de que se había suicidado. Un suicida que se propinó cuatro tiros en la cara a tres metros de distancia, según peritazco, por supuesto, top secret.

Eso explica el por qué Trump fue tan complaciente con toda esa violencia brutal que sufre Colombia por diversos caminos, pero siempre con un denominador común: el narcotráfico.

Las denominadas ‘fuerzas oscuras’ (ni tan “oscuras” porque se sabe quienes son), matan a miles de líderes sociales y defensores de los derechos humanos porque denuncian las nuevas rutas del narcotráficos, nuevas zonas de cultivo, los laboratorios o ‘cocinas’. Y lo hacen porque saben de sobre que detrás de esas actividades siniestras viene la violencia sin cuartel y el envilecimiento de las familias que, por desgracia, se enredan al servicio de esa infernal actividad.

Asesinan a miembros de los partidos de oposición que hacen su trabajo rural, porque sospechan que son “unos sapos que se tiran el negocio”.

Las masacres también son producto del narcotráfico. Por lo general son genocidios para despejar al campesino incómodo de sus zonas de cultivo o de rutas para sacar la droga. Las fosas comunes son también producto de esas circunstancias.

Y el infernal propósito de esa matazón también es sembrar el miedo en toda la sociedad civil. Un miedo que no la deje pensar. Reaccionar, ni mucho menos protestar. Y si lo hace, la orden es ponerles el calificativo de vándalos para justificar la presencia de las fuerzas especiales del Esmad, con licencia para matar.

José Guillermo Hernández, conocido como ‘El Ñeñe’, con su esposa María Mónica Urbina. El empresario fue acribillado en Brasil, con el presunto objetivo de arrebatarle un reloj Rolex.

Y cuando de vez en cuando es asesinado un miembro de los clanes de ese poder diabólico, no es como consecuencia de la acción de las fuerzas del Estado, sino producto de venganzas personales, como fue el caso del Ñeñe Hernández, dizque para robarle un reloj Rolex, cuando en realidad  fue un ajuste de cuenta por un crimen perpetrado por error para no pagar una deuda de dos mil millones de pesos. Porque en eso el Ñeñe era un ‘avión que volaba con los motores apagados’, hasta el extremo que logró irse al infierno dejándole un pagaré de casi tres mil millones de pesos a una importante firma financiera barranquillera, con el respaldo de un terreno, en donde, además, se piensa construir el nuevo aeropuerto de Cartagena.

Pros

Cons

Sobre el autor

Director general de Lachachara.co y del programa radial La Cháchara. Con dos libros publicados, uno en producción, cuatro décadas de periodismo escrito, radial y televisivo, varios reconocimientos y distinciones a nivel nacional, regresa Rafael Sarmiento Coley para contarnos cómo observa nuestra actualidad. Email: rafaelsarmientocoley@gmail.com Móvil: 3156360238 Twitter: @BuhoColey
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