El mundo digital, el ciberespacio, la nube, los celulares de cuarta generación, las tablet, todo eso es maravilloso. Pero, ¿Y lo básico?
Por Daniela García Villegas, Chacharera
Es duro ver cómo las cosas han cambiado. Creo firmemente que la tecnología es una herramienta fundamental en esta sociedad, y que la idea de conectar el mundo es realmente fascinante. No habría una Cháchara si no tuviéramos ordenadores, no tendría yo la posibilidad de comunicarme con las personas que quiero si no tuviera un teléfono celular, no podría conocer hechos tan relevantes que acontecen, por ejemplo, en el mundo oriental, si no fuera por la conectividad que nos ofrece este mundo digital.
Pero, también soy una gran fanática de una frase que suena a cliché, pero que en la mayoría de los casos encierra una gran verdad: ‘Todo en exceso es malo».
Nací en el año 1997, y aún recuerdo ver a aquel viejito que vivía diagonal a mi casa, sacar su periódico y un vaso
grande de café y durar horas leyéndolo, también guardo en mi memoria cuando en el colegio tenía tareas e iba a los estantes de libros de mi casa a buscar lo que me preguntaban y terminaba aprendiendo incluso más de lo que buscaba, cuando mi mamá me dejaba jugar luego de hacer mis tareas en la terraza de mi casa con mis amigos de entonces. Cosas que han significado mucho en algún momento de mi vida.
Ahora, ya se leen los periódicos a través de una pantalla líquida, el famoso ‘copia y pega’ reemplazó la lectura, y lo peor de este es que ni siquiera asumimos la responsabilidad de leer lo que copiamos, porque le creemos todo a Wikipedia, y me duele ver que los padres ya no pasen el tiempo con sus hijos y que ya las muñecas de trapo ni se vean, porque es que hoy en día es más fácil comprarles una ‘Tablet’ que pasar valioso tiempo con la que debería ser su prioridad: la familia.
Necesitamos volver a lo básico. Leer un libro en físico, no un Kindle, regalar juguetes que estimulen las habilidades de los más pequeños, no que los idioticen, acercarnos a la realidad, no alejarnos, porque en un mundo que nos tiene sesgados por lo digital, lo moderno, lo intangible, tenemos el deber de humanizarnos, recordar a nosotros y con los que convivimos que estamos en la Tierra, y no dentro de un mundo que nos hace pensar que vivimos dentro de una consola de videojuegos.











