Chichí Vasallo, quien nos enseñó a perderle el miedo a un micrófono; Farid Char un amigazo; y doña Sarita Sarabia de Cepeda, toda una matrona de una familia ejemplar y un esposo modelo.
Por El Propio Búho
Era doña Sarita Sarabia de Cepeda una mujer delgada, con una piel blanca y suave y una cabellera que parecía una mota de algodón gigante. Más lo trascendente de ella no era el aspecto físico, que en sí era atrayente por su porte y esbeltez, sino su modo de ser afable, siempre con esa sonrisa amplia y sincera pendiente del mínimo detalle para que el visitante se sintiera bien en su casa. Era una excelsa anfitriona. Una mujer de exquisito gusto.
Con don Efraín Cepeda Rodado –ya también fallecido- formaron una pareja envidiable, por la forma en que se entendían casi que como los managers beisboleros, con miradas y señas. Esa pareja amorosa, sencilla y cariñosa formó un hogar lleno de amor, de solidaridad y de mucho compromiso con la comunidad.
Levantaron a pulso una familia de profesionales con alto sentido de amor por el prójimo. Alfonso, un médico alergólogo brillante y con una consagración a sus pacientes, ricos o pobres. Y en su mayoría eran niños cuyos padres se presentaban con las manos vacías confiados en el buen corazón de Alfonso, quien los atendía por igual con o sin dinero. Y hasta los ayudaba con medicinas de muestra médica para evitarles el gasto de farmacia.
Sin embargo Alfonso nunca utilizó la bondad de su corazón para fines políticos. Estoy seguro que nunca le endosó un voto de su consultorio a su hermano el senador Efraín Cepeda Sarabia.
Del Senador Cepeda hay que reconocer con orgullo costeño que no se ha visto metido en los líos de la parapolítica, ni en los sobornos de las multinacionales tipo Odeberech o Canal de Isabell I y la Triple A. Nada de esas corruptelas. Un Congresista consagrado a su trabajo legislativo, con brillantes debates en los temas álgidos del presupuesto nacional.
Fernando, un amigo de oro, un profesional consagrado a los compromisos que ha debido asumir tanto en el sector público como en el privado. Y de Alberto y Álvaro sobra decir que son los relacionistas de la familia. Dos tipazos buena gente. Siempre atentos con una sonrisa. Decentes, elegantes, buena gente y amigos de sus amigos.
A todos ellos, la más sentida condolencia del Búho, por esa pérdida irreparable de doña Sarita. Paz en su tumba.
Adiós a todo un maestro
La vaina con Eduardo ‘Chichí’ Vasallo, hijo de don Clemente Vasallo, propietario-fundador de la historial Voz de la Patria, era que no se le escuchaba la voz. No hablaba casi nunca. Y cuando lo hacía era un susurro lo que se oía. A pesar de eso, sus consejos eran sabios, y sus oídos eran su mejor arma. Tenía el talento para lograr siempre la sonoridad envidiable de la Voz de la Patria. Por algo le decían, y tuvo que asumirlo como lema, ‘la emisora de la tonalidad perfecta’.
Tomasito Barraza, que en paz descanse, nos llevó a hacer parte de su programa deportivo después del noticiero de don Marcos Pérez. No sé de dónde diablos sacó tres jóvenes con pensamientos deportivos y políticos totalmente contrapuestos, lo que convirtió el programa, obvio, en la primera pelotera radial en un espacio deportivo en la radio barranquillera. Ciertos viejos narradores y comentaristas deportivos enseguida nos clavaron la etiqueta de los ‘gamines de Tomás’ o ‘Tomás y sus gamines’.
Le teníamos un temor reverencial al micrófono y eso nos hacía perder ventaja ante Lucho Madrid Cómas (que en paz descanse), y la maricuyita de Wenceslao Herrera Iranzo, mejor conocido como Lao Herrera.
‘Chichí’ Vasalo, que escuchaba la emisora día y noche, descubrió nuestra falla. Una tarde, después del programa, nos llamó a su oficina y nos metió a un estudio-taller lleno de cables, consolas viejas y micrófonos. “Tu problema es que no le has perdido el miedo al micrófono. Vamos a darte unos consejos para que se te quite esa maricá”. Pasamos una hora entre risas y ensayos, trucos de manejo de voz y manoseo a distintos micrófonos. Hoy, al saberlo fallecido, no podemos menos que sentir un hondo pesar por la partido del amigo y del maestro de quien aprendimos a medias toda esa sabiduría de aquel ser humano sencillo y cariñoso. Paz en su tumba.
Cuando Farid era ‘Mauricio’
Hay quienes aseguran de manera errónea que Mike Char es el padre-fundador de Organización Radial Olímpica. Falso. Al primero de los Char que se le prendió el bombillo para el negocio de la radio fue a Farid Char. Entre otras cosas porque fue el primer cantante que hubo en la familia (porque ahora lo reemplazó su sobrino el senador Arturo Char Chaljub, y en el piano su otro sobrino Simón Char Navas, hijo de Habib).
Con el seudónimo de ‘Mauricio’ (nombre con el cual después bautizaría a uno de sus hijos), grabó una cumbia con la orquesta del difunto Lucho Better, quien para la época, además, mantenía un programa radial con música en vivo. Y allí cantaba ‘Mauricio’ con la Sonora de Lucho Better.
Después convencería a sus hermanos para comprar la primera emisora. Fue cuando hizo su aparición Mike, quien se fue por la onda de la locución, en especial, para promociones de la emisora y para grabar casi todas las cuñas que llegaban a la incipiente empresa, hoy convertida en la principal cadena radial musical del país. Pronto su voz se convirtió en la atracción de los picoteros para que les grabara su lema de combate “¡Aquiiii suena El Gran Pijuán!”.
Farid era el hombre de la farándula, del contacto con los deportistas de todas las disciplinas, no solamente el Junior. Era el amigo de todos los músicos. Después fue cuando Mike Char se hizo llave del Joe Arroyo, Juancho Piña, Fruko.
Farid, que en paz descanse, era un visionario de los espectáculos deportivos y los shows musicales. Esa doble vida en tan exigentes actividades lo condujo a un desgaste vital tremendo, más su poco disciplinada vida amorosa, con todo el respeto que nos merece doña Gladys Yidi de Char, su esposa y compañera de toda la vida, lo derrumbó.
De verdad que merecía haber estado en su plenitud para colaborarle a su sobrino el alcalde Alejandro Char, en la organización de los próximos Juegos Bolivarianos. Porque de eso él sí sabía! O de no que lo diga su ‘llave’ de siempre Efraín Antonio Peñate Rodríguez. Para doña Gladyz y sus hijos y nietos; para Juan José Jaramillo, y su esposa; para Fuad, Habib, Simón y Mike, el sincero pésame del Búho, un amigo de siempre de todos ustedes.











