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Algo breve sobre “Diomedes Díaz, vivir más no pude”

De todas maneras, como dice Fiorillo, a pesar de los excesos (tal vez involuntarios, producto de la pobreza de su infancia), fue, y es, un ídolo popular.

Por Rafael Sarmiento Coley, Director

En La Cueva, Oscar Montes presentó 'Vivir más no pude'

En La Cueva, Oscar Montes presentó ‘Vivir más no pude’

No se le perdona a Óscar Montes ni a Heriberto Fiorillo que la presentación del libro “Diomedes Díaz, vivir más no pude”, la “historia íntima de sus excesos”, se hubiera extendido más de la cuenta, sin permitir regresar a casa para avanzar más en algunos de sus seis capítulos.

Meterse en las profundidades de la vida de un ídolo popular son palabras mayores. Llegar a sus entrañas, a sus vísceras, peor. Porque el escritor se encuentra allí toda suerte de sorpresas desagradables, como con toda seguridad le sucedió a Óscar Montes, el mismo de La Ley del Montes, que ahora sale del closet como amante profundo de la música vallenata, ni siquiera de la música sabanera, de allá de su Sincelejo natal. Porque debió haber escrito de ese monumental compositor que murió ciego, amputado de ambas piernas como consecuencia de la diabetes: Adriano Salas. Murió pobre y abandonado. Fue el primer juglar que le cantó al medio ambiente y defendió la destrucción de la selva y de los ríos.

Un libro bien escrito que invita a devorárselo

Las primeras hojas de lectura anuncian la calidad literaria de este estupendo escritor. Uno de los mejores cronistas costeños, al lado de Fiori, del sanjacintero de abarca trespuntá Juan Carlos Díaz Martínez, (compadre de Numas Armando Gil Olivero), y del difunto Ernesto McCausland Sojo (Ana Milena Londoño, su viuda, nos acompañó esa agradable noche).

Oscar Montes

Oscar Montes

Montes ha desfilado por los mejores medios escritos del país y la región, en donde ha ocupado los más altos cargos. En El Heraldo barranquillero fue su editor general, al lado de Rosarito Borrero como Jefa de Redacción (una magnifica dupleta que no pelea con nadie ni se estresa de buenas a primeras). Por su pinta de bacán de barrio se llega a pensar que es salsero y pocón pocón con el vallenato. Es al revés. Salió yuquero total. Tiene lógica. Habiendo nacido en la tierra de este sabroso tubérculo que, con suero, al decir de Poncho Zuleta, “nunca aburren, ni si se comen tres veces al día, todos los días”.

Fiori, que se leyó el libro de pe a pa, tiene toda la autoridad para hacer los comentarios que hizo en su columna en El Heraldo. Que la duplicó el jueves en La Cueva durante la presentación del libro, con preguntas, comentarios del presentador y respuestas y aclaraciones de parte del autor de la obra.

Luego, como era de esperarse, el auditorio participó con preguntas y comentarios. Óscar Montes, a riesgo de que lo masacren, asegura que Diomedes es el único juglar del vallenato. Que es el más grande cantante de esta música. Que los saludos en el vallenato en estos últimos años han arruinado la calidad y seriedad de los discos. Confiesa que Diomedes mismo, en un solo tema, en su último trabajo musical, mete apretujados 20 saludos, que cobraba a 20 millones, o lo que quisiera dar el marrano.

Todo es cuestión de gustos

Lo de ser el mejor cantante es discutible. Es cuestión de gustos. Rafael Orozco, Beto Zabaleta, Poncho Zuleta, Jorge Oñate, Adaníes Díaz, Daniel Celedón, no están muy lejos de Diomedes. Por el contrario, unos lo superar en afinación, dicción, matices de la voz, finura, nitidez y tono profesional sin caídas con algo de sobradez y fuera de lo común.

Lo de los saludos, eso no es nuevo. Es congénere con los primeros surcos que se grabaron en los primeros estudios arcaicos que hubo en Barranquilla, y el primer juglar de verdad que grabó música de acordeón fue Abel Antonio Villa. Entre otras cosas, inauguró también la salutación en la música. Les mandaba saludos a sus compadres que lo invitaban a sus parrandas en las haciendas. Y como lo hacía Diomedes y lo hacen todas esas voces famosas, Abelito se iba de esas fincas con dos mulas, cuando no con una mula y dos vacas, regalo del gamonal de turno. Porque Abelito, como cualquier Poncho Zuleta o Diomedes, no era ningún bobo. Sabía pedir.

Lo de ser el primer juglar del vallenato, dudoso. Entonces, como se pregunta Francisco “Geño” Mendoza en su “Festival Vallenato”, ¿en dónde dejamos a Luis Pitre, a Francisco el Hombre, a Luis Enrique Martínez, al propio Alejo Durán, Bienvenido Martínez, Germán Serna, Samuelito Martínez, Andrés Landero?

Alfredo, mi mejor intérprete: Emilianito

En cuanto a lo de la fanaticada más numerosa, apasionada y fiel. Ninguna fanaticada es fiel. En su momento Alfredo Gutiérrez fue el músico de mayor fanaticada en casi todo el país. A los 15 años, cuando comenzó con los Corraleros de Majagual, era la atracción en todos los escenarios y era el músico que más vendía, hasta cuando le llegó el relevo con los Hermanos López, los Zuletas, Binomio de Oro y Diomedes. Todos ellos aprendieron de él. Muchos lo confiesan en público, y otros se lo callan por miedo a Consuelo Araujo cuando estaba viva, y ahora a los amigos de ella.

Emilianito Zuleta Díaz, en una parranda privada en la casa campestre de Eugenio Díaz Peris confesó en público que la mejor interpretación de una canción suya la hizo Alfredo Gutiérrez, quien estaba presente, y le pidió que la tocara. “Mis vacaciones”. Todo el mundo admitió que, sin duda, estaban hablando de maestro a maestro. De talento a talento.

José Vásquez, bajista y compositor de reconocida fama y experiencia, confiesa que él aprendió todo lo que sabe viendo, de muchacho, tocar a Alfredo Gutiérrez y su Conjunto, a hurtadillas, porque sus padres no querían que fuera músico. Y su oído se fijó desde un comienzo, y de manera exclusiva, en el bajista, cuyo nombre artístico era “Calilla” (nadie lo conoció en vida como Cristóbal García Vásquez, nacido en Cartagena). El bajo de casi toda la época de oro de Alfredo Gutiérrez, un músico excelso, conocedor del pentagrama, transcriptor de música, pianista, guitarrista y baterista. “Fue el que le dio el tumbao que hoy tiene la música vallenata”, dice Alfredo.

Mary Luz Alonso, la viuda de Joe Arroyo, quien estaba allí esa noche, fue testigo de primer orden del fanatismo de los seguidores de este artista de grandes kilates. Los seguidores del Binomio de Oro todavía recuerdan el sepelio multitudinario e histérico de su ídolo Rafael Orozco. Lo mismo que del Joe Arroyo. Y el de Kaled Morales en Valledupar.

De modo que esa noche el apreciado colega Montes se enfrentó a una jauría, con preguntas urticantes de todos los costados del auditorio. Por un lado, el abogado Alberto Mario Vargas Llinás, por el otro el filósofo, escritor, musicólogo, experto en los Montes de María la Baja y la Alta, y landerólogo y pachecólogo (es quien más sabe de la vida y obra de Andrés Landero y Adolfo Pacheco) y por el centro Juan Carlos Rueda que es incansable cuando empieza a martillar sobre un tema. Para cerrar, hay que leer a Montes, para entonces sí, ser más justos y acertados con un consagrado periodista, escritor, columnista y cronista. Que no diga Fiori, que también es uno de los grandes.

Sobre el autor

Director general de Lachachara.co y del programa radial La Cháchara. Con dos libros publicados, uno en producción, cuatro décadas de periodismo escrito, radial y televisivo, varios reconocimientos y distinciones a nivel nacional, regresa Rafael Sarmiento Coley para contarnos cómo observa nuestra actualidad. Email: rafaelsarmientocoley@gmail.com Móvil: 3156360238 Twitter: @BuhoColey
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