Para mejorar su salario pasó de ser un reportero gráfico a redactor deportivo en el Diario del Caribe, un hecho que lo marcó el resto de su vida.(Serie:´Ojos de águila´)
Por Francisco Figueroa Turcios
Alfredo Robles Pérez, 34 años después que decidió renunciar como coordinador de Deportes de Diario del Caribe, decide romper el silencio para hacerse una mea culpa de su gran error de dejar la reportería gráfica para incursionar como cronista deportivo.
En un diálogo franco, sin apuros, que da la experiencia de vivir 71 años, Alfredo Robles se confiesa con Lachachara.co
Nació en Corozal, Sucre, el 22 de enero de 1945, realizó sus estudios de primaria en la Escuela Urbana y el bachillerato en Colegio Liceo Carmelo Percy Vergara en su tierra natal.
Robles se trasladó a Bogotá con la intención de trabajar y estudiar una carrera profesional, debido a que sus padres Carmelo Robles y Flor María Pérez no tenían los recursos para apoyarlo a acceder en una universidad privada. Decide comenzar a estudiar inglés al tiempo que comenzó a laborar como auxiliar en el Departamento Fotográfico del Hotel Tequendama.
Alfredo se ganó la confianza de Guillermo Illera, director del Departamento Fotográfico del Tenquedama, quien le enseñó a tomar fotografías y todos los trucos de esta profesión. Cuando Alfredo se sintió con alas, voló a Barranquilla que era la ciudad que había elegido para vivir desde muy joven, cuando sus familiares lo traían de vacaciones a la capital del Atlántico.
«Cuando llegué en 1964 a Barranquilla me conecté con los fotógrafos de esta ciudad y conocí a Jhonny Castro, director del Departamento de Fotografía del Hotel del Prado y fotógrafo del periódico El Nacional, quien me ofreció trabajo. Yo lo apoyaba en el proceso de revelado de las fotografias y además era fotógrafo de los eventos del hotel».
Como muchas veces los fotógrafos del Diario del Caribe y El Heraldo no podían asistir a los eventos del Hotel del Prado, por sus ocupaciones, ellos les pedían las fotografías de interés periodístico a Jhonny Castro. «Yo llevaba las fotografías a los periodicos y comencé a tener contactos con los fotógrafos y los jefes de redacción».
Hernando Gómez Oñoro, quien era coordinador periodístico del Diario del Caribe, le propuso que trabajara de fotógrafo emergente debido a que Samuel Páez viajaba a Cartagena a cubrir el reinado de belleza y José «Copete» Acuña la vuelta a la Costa. «Yo acepté y gracias a mis excelentes fotografías, Julio Roca Baena, que era el jefe de redacción del Diario del Caribe decidió contratarme como reportero gráfico para trabajar al lado de Páez y «Copete» Acuña. Firmé contrato con Editorial del Caribe en junio de 1971″, recuerda Alfredo Robles.
Debut Internacional
Alfredo Robles Pérez comenzó a brillar con luz propia en la reportería gráfica ante una legión de grandes reporteros como Gustavo Vásquez, Álvaro Ojeda, Samuel Páez, José «Copete» Acuña, Manuel Guerrero, Tito Vega, Saúl Gómez, y Carlos Manjarrés.
Julio Roca, Jefe de Redacción del Diario del Caribe, el 23 de diciembre de 1972 le da la misión de debutar como reportero gráfico a nivel internacional, en el cubrimiento del terremoto que sacudió a Managua, fue un sismo de magnitud 6.2 grados en la escala Richter que destruyó la capital de Nicaragua. Causó cerca de 19.320 muertos y 20.000 heridos.
«Todavía en mi mente están esas imágenes del desastre: destrucción, miles de muertos y heridos. Cuando regresé a Barranquilla recibí muchos elogios por mi trabajo fotográfico. Sin duda fue una experiencia inolvidable porque fue mi debut como reportero gráfico a nivel internacional», relata. Más tarde vendrían más viajes a nivel nacional, cubriendo con su lente eventos como reinados de bellezas, la Vuelta a Colombia, partidos del Junior y eliminatorias de los mundiales de fútbol.
Sobre la primera primicia que tuvo la oportunidad de captar el lente de Alfredo Robles Pérez, él aún tiene intacto ese hecho. «En los Juegos Nacionales en Pereira,en el año 1974, cuando estaba en el estadio de fútbol Hernán Ramirez Villegas jugaban los seleccionados de Atlántico y Antioquia. A la distancia vi que venía un avión justo sobre el estadio, me llamó la atención porque no era normal. Aproveché y le hice dos fotografías. Diez minutos después hubo bullicio en el estadio. Caracol Radio dió un extra informando que precisamente ese avión que pasó por el ‘Hernán Ramírez’ fue secuestrado rumbo a Cuba. Llamé a Hernando Gómez Oñoro para informarle que yo tenía las fotos del avión secuestrado donde se le podía apreciar perfectamente el número de la matrícula. «Al día siguiente el Diario del Caribe salió con esa foto a seis columnas como primicia internacional,» recuerda.
De reportero gráfico a cronista deportivo
En el año 1979, Benedicto Molinares decide renunciar de su cargo de redactor deportivo del Diario del Caribe para disfrutar de su pensión. Alfredo Robles se enteró de la intención de Benedicto y no dudó en pedirle a Hernado Gómez Oñoro que le brindara la oportunidad de ocupar la vacante que se producía.
Alfredo tenía en ese entonces las cuentas claras: como reportero gráfico se ganaba 25 mil pesos y al pasar a redactor deportivo devengaría 40 mil pesos. Hoy, 34 años después de haberse retirado del cargo de Coordinador de Deportes de Diario del Caribe, considera que fue una equivocada decisión.
«Mi pasión sin duda fue la fotografía, dejé de ser un reportero gráfico por la ambición del dinero, pero hoy reconozco que fue un fatal error porque en mi rol de cronista deportivo estaba más por una obligación que por amor a mi profesión. Y lo peor es que al año de estar laborando como redactor deportivo, tuve que asumir la coordinación de Deportes, debido a que Rafael Sarmiento Coley renunció para irse a Bogotá al Diario El Tiempo. Las funciones de mi nuevo cargo me dejaban poco tiempo para escribir crónicas o reportajes. Tenía un excelente equipo de trabajo: Otto Garzón Patiño, Carlos Lajud Catalán, Raúl Correa y Francisco Figueroa Turcios», enfatiza.
Con el paso del tiempo el Diario del Caribe entró en un letargo administrativo que llevó a Alfredo Robles a sentir impotencia y hasta deprimirse porque la lucha periodística que tenía con el El Heraldo la perdía.
«Yo le proponía a la gerencia acompañar al Junior en los partidos importantes de visitante y no era aprobado el viaje. En las peleas de Antonio Cervantes u otro evento internacional menos, mientras que Fabio Poveda Márquez nos daba sopa y seco con crónicas y reportajes paseándose por todo el mundo. Nosotros lo que hacíamos era publicar la información que nos suminitraba la UPI e ilustrábamos con fotografías viejas. Estos hechos me fueron rebasando la copa y tomé la decisión en el año 1982 de renunciar desmoralizado ante la apatía de los directivos del periódico para apoyarnos en nuestros proyectos. Confieso que jamás debí dejar mi rol de reportero gráfico, porque la fotografía fue mi pasión», reconoce Alfredo Robles.
Hoy Alfredo Robles comparte su tiempo libre con su esposa Yolanda Pimienta, sus hijos Alfredo Jr.,Pequi y Larry. Pratica dos deportes: el softbol (es pitcher) y la pesca. Su cabeza está cargada de imágenes maravillosas, fotografías de la memoria y la historia de una época dorada de la profesión, enmarcadas en la nostalgia de los recuerdos.















