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Alfredo Arias y la soberbia que terminó quemándolo en Junior

Por : Francisco Figueroa Turcios

Alfredo Arias se fue de Junior dejando una paradoja difícil de explicar: se marcha como bicampeón, pero también como un técnico que terminó devorado por sus propias palabras.

Arias ganó dos títulos consecutivos en un mismo año y escribió una página importante en la historia reciente del Junior. Eso nadie se lo puede quitar. Pero en el fútbol, especialmente en Barranquilla, los títulos no siempre alcanzan para construir una relación duradera con la gente. Y menos cuando el entrenador comienza a mirar desde arriba a una afición que, por tradición y memoria, no suele perdonar la soberbia..

Alfredo Arias llegó a decir que Junior, en 101 años de historia, apenas había conseguido diez títulos y que él, en un solo año, había conseguido dos.

La frase sonó entonces como una reivindicación de su obra. Con el tiempo terminó pareciendo otra cosa. Porque había un error histórico en aquella afirmación: el fútbol profesional colombiano comenzó en 1948. No existe, por tanto, una historia profesional de Junior de 101 años. Además, el club estuvo 13 años por fuera de la competencia profesional. Es decir, su recorrido efectivo dentro del fútbol profesional colombiano es de aproximadamente 65 años.

Pero más allá de la matemática, el problema estaba en el tono. Junior no es solamente una suma de títulos. Junior es una memoria colectiva. Es el equipo que heredaron los padres y los abuelos. Es el domingo de estadio, la radio pegada al oído, la camiseta colgada en una ventana, el grito que atraviesa los barrios cuando llega un gol. Es una institución que pertenece sentimentalmente a una ciudad que ha aprendido a quererla incluso cuando pierde.

Y en Barranquilla hay algo que los entrenadores que llegan de afuera suelen descubrir demasiado tarde: aquí se puede perder un partido, pero difícilmente se perdona mirar por encima del hombro a la gente.

Alfredo Arias ganó. Eso es indiscutible. Ganó dos ligas en dos semestres y consiguió algo que muy pocos entrenadores pueden contar: conquistar dos campeonatos consecutivos en un mismo año. Pero detrás de ese bicampeonato comenzó a aparecer otra historia.

Cuentas pendientes...

La participación en la Copa Libertadores terminó siendo miserable para las expectativas de un club que aspiraba a mucho más. Junior no alcanzó siquiera el premio de consolación de continuar en la Copa Sudamericana.

La Superliga dejó una imagen bochornosa. Y después llegó la Copa Colombia. La eliminación frente a Barranquilla FC, un equipo de segunda división, terminó convirtiéndose en una de esas derrotas que trascienden la cancha. Junior quedó eliminado después de dos partidos que terminaron 2-2 y 3-3, y la clasificación se decidió desde el punto penal. La noticia dio la vuelta al mundo.

Y mientras el equipo comenzaba a perder crédito, el discurso del entrenador también se fue quedando sin argumentos. Primero dijo que lo importante no era cómo se comenzaba sino cómo se terminaba. Después sostuvo que Junior estaba acostumbrado a comenzar de menos a más, como había ocurrido en los procesos que terminaron con títulos.

Cuando desde las tribunas comenzaron los insultos, Arias respondió recordando que era bicampeón. Pero los títulos, que antes parecían un escudo, comenzaron a convertirse en una especie de muro entre el entrenador y la afición. Porque cada derrota volvía a sacar aquella frase. “Soy bicampeón”.

Y el fútbol, que tiene una memoria cruel, comenzó a preguntarle cuánto podía durar un campeonato como argumento para justificar todo lo demás. Hasta que llegó el momento en que el discurso se agotó. En su último partido, Arias cerró su ciclo con un sabor profundamente agridulce.

En cinco jornadas del segundo semestre de la Liga BetPlay no consiguió una sola victoria. Apenas dos empates, dos puntos de cinco partidos, dejaron a Junior en una posición incómoda en la tabla. Y entonces aquella frase de comienzo de temporada —la de que lo importante era cómo se terminaba— adquirió un significado inesperado. Porque precisamente en el final fue donde comenzó a derrumbarse todo.

Alfredo Arias dirigió 73 partidos con Junior. Ganó 31. Empató 19. Perdió 23. Y conquistó dos títulos de Liga en dos semestres. Los números cuentan una parte de la historia.

La otra está en las sensaciones. En la relación rota con la tribuna. En las respuestas que fueron endureciéndose. En una soberbia que terminó siendo más grande que los resultados. Porque Barranquilla ha tenido entrenadores extraordinarios. Algunos llegaron, ganaron y se fueron convertidos en ídolos. Otros perdieron y terminaron siendo recordados con respeto. Y también están aquellos que, teniendo méritos, no entendieron que aquí el Junior no es solamente del técnico, ni siquiera de los dirigentes.

Es de la gente. Por eso en esta ciudad se han quemado todos los soberbios. No importa cuántos títulos traigan en la maleta. No importa cuántas veces hayan ganado. No importa cuántas estadísticas puedan mostrar. El fútbol termina poniendo a todos en su sitio.

Alfredo Arias se marcha con dos estrellas que nadie podrá borrar de su hoja de vida. Pero también se va con la certeza de que los títulos pueden construir una estatua y, al mismo tiempo, las palabras pueden comenzar a derribarla.

Ahora viene otro entrenador. Y tendrá una tarea mucho más difícil que ganar partidos. Tendrá que recuperar la confianza. Tendrá que devolverle ilusión a una hinchada que siente que el equipo cedió demasiado terreno. Y, sobre todo, tendrá que entender algo que Alfredo Arias pareció olvidar:

En Barranquilla el entrenador dirige al Junior, pero el Junior le pertenece al corazón de su gente. Los títulos pasan. Los técnicos pasan.Pero la camiseta permanece.Y la afición también.

Por eso, cuando el último balón se detiene y el ruido del estadio comienza a apagarse, queda una vieja enseñanza del fútbol barranquillero: Aquí nadie es más grande que el Junior.

Sobre el autor

Comunicador y Periodista. Editor deportivo de Lachachara.co, tiene experiencia en radio, prensa y televisión. Se ha desempeñado en medios como Diario del Caribe, Satel TV (Telecaribe), RCN, Caracol radio, Emisora Atlántico, Revista Junior. Fue Director deportivo de la Escuela de fútbol Pibe Valderrama y dirigió la estrategia de mercadeo y deportes de Coolechera. Para contactarlo: Email: figueroaturcios@yahoo.es
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