Con nostalgia, Lucy Abuchaibe Annichiarico empieza a recoger sus cosas para marcharse del Hotel Majestic después de 59 años de lucha.
Por Rafael Sarmiento Coley

Discreta, silenciosa, hoy Lucy Abuchaibe Annichiarico no es aquella despampanante jovencita que en 1964 enloqueció a los neivanos en uno de los primeros Festivales Nacionales del Bambuco. “¿Cómo así, una barranquillera Reina Nacional del Bambuco?”, era el comentario general al conocerse el veredicto del jurado.
Lo que no sabían quienes cuestionaban el triunfo de Lucy es que en ella se conjugan las razas que llevan el arte en la sangre: nació en el Caribe colombiano, de madre italiana (Elia Annichiarico, oriunda de Sorrento), y padre árabe, José Demetrio Abuchaibe Auad. Además, por sus atributos y talento para el baile era la niña mimada de la Escuela de Gloria Peña, una respetable academia de danza, baile y comparsas.

Carnavalera 100%, no tuvo que hacer el mínimo esfuerzo para que de inmediato fuera designada Reina del Carnaval de Barranquilla 1965.
Así comenzó su roce con la vida, en un hogar lleno de comodidades. Su padre José Demetrio acababa de comprar la lujosa mansión del multimillonario Alberto Osorio, uno de los primeros accionistas de Cerveza Águila, y la convirtió en el emblemático Hotel Majestic, en donde en sus buenos tiempos se bajaba la crema y nata de la sociedad que visitaba Barranquilla. Hoy el inmueble ha sido declarado Patrimonio Arquitectónico de Barranquilla.
Lo triste es que todo ese fulgor de uno de los mejores sitios para el hospedaje y los bailes de gala está a punto de ser sepultado como consecuencia de la crisis económica que ha acarreado la pandemia del coronavirus.
“No nos dieron la mano”

Y lo que más le duele a Lucy es que en 16 veces el alcalde Jaime Pumarejo les agendó cita junto con la seccional de Cotelco para analizar la grave crisis del sector, “pero nunca nos cumplió una sola cita. Lástima. El alcalde nos dio la espalda. Sabiendo él que es uno de los sectores que más genera empleo calificado y no calificado. Nosotros aquí contamos, en tiempos de alta demanda, con una nómina de 30 empleados directos y 40 indirectos. Con nosotros hay señores que comenzaron a trabajar muchachos con mi papá. Y todavía están aquí”.
Los Abuchaibe llegaron primero a La Guajira. Se establecieron en Riohacha y Maicao. Eduardo Abuchaibe Ochoa, hermano de padre de Lucy, se dedicó a la política. Fue el primer gobernador de La Guajira. Luego fue varias veces Senador de la República y, en forma simultánea, hotelero. Construyó en Barranquilla –en toda la esquina del Paseo Bolívar con Líbano el gigante y moderno Hotel Victoria. Un valioso aporte al sector hotelero barranquillero, con una imponente mole, sorprendente para esos años.
Entre tanto, el hermano mayor, Juan Abuchaibe, construyó uno de los más modernos hoteles de la Costa, en la entonces pujante ciudad fronteriza de Maicao, ‘la capital del contrabando’, en donde se movían toda clase de monedas (dólares, bolívares, pesos, y todas las monedas del oriente, porque Maicao parecía un pedazo de Arabia Saudita en Colombia. Y por las calles se veían mujeres y hombres vestidos como en sus respectivas naciones y hablando sus propios idiomas.
En ese emporio informal de riqueza se levantó un edificio de 8 pisos llamado ‘Maicao Juan’, propiedad de Juan Abuchaibe, con un enorme restaurante popular que tenía como jefe de meseros a Juancho Slebi, quien años más tarde sería un controvertido Senador de la República y mozo de espadas del candidato presidencial Alfonso López Michelsen.
Juancho, con su lengua viperina, le endilgaba todos los epítetos, calumnias y secretos de alcobas a cierto columnista bogotano que no gustaba de López Michelsen.
Hoy, Maicao Juan es otro cadáver insepulto. Al igual que el Victoria y el Hotel Majestic en Barranquilla que se ve obligado al cierre por la insuperable crisis económica. Con dolor, Lucy confiesa que “las deudas, el embargo de las cuentas y la ocupación menor al 20 %, no llevaron a tomar la decisión de suspender labores”.
Todas las tormentas se juntaron sobre la mole del majestuoso hotel de Lucy, desde el año pasado cuando inició la pandemia. “Sin embargo, pudimos manejar durante todos estos meses la nómina de los empleados y gastos con los pocos huéspedes que llegaban, pero la ‘presión’ de las entidades al pago de impuestos nos golpeó de manera contundente este mes”.

«El último mes se ha agravado más la situación, tenemos una ocupación del 10 %. La Dian nos exige que paguemos, la Alcaldía también, ¿pero de dónde vamos a pagar? No nos han dado alivios, por el contrario, me embargaron las cuentas y me piden que hipoteque el bien para pagar los más de $ 100 millones que se deben, por un bien que cuesta más de $ 6 mil millones”. Con el agravante de que no es fácil enajenarlo, por tratarse de un Patrimonio Arquitectónico.
“No quiero culpar a nadie -aclara Lucy—pero en verdad nos hemos sentido abandonados por la administración local, pues en otras ciudades las alcaldías han dado alivios tributarios aplazando hasta el año 2022 del impuesto predial, dándole descuentos por los meses de cierres, entre otros, mientras que en Barranquilla no lo han conseguido. Nosotros no desconocemos las deudas, lo que no tenemos es cómo pagarlas, uno les pide por favor den un tiempo y no lo hacen, entonces uno se siente verdaderamente abocado a cerrar y por ende dejar familias sin el sustento”.
Lucy Abuchaibe no es del todo pesimista. Como buena caribeña de sangre árabe-italiana, no pierde las esperanzas de rescatar del abismo ese preciado tesoro que ha sido su castillo divino durante casi toda su vida. Y se dice así misma que, por lo pronto, todo esto es temporal, porque tiene la férrea esperanza de que todo mejore y pueda volver a abrir las puertas del hotel que fue declarado Patrimonio Arquitectónico de Barranquilla por su infraestructura.












