Su sueño era morir en Cartagena, pero el destino no lo quiso así: su último respiro fue en Barranquilla.
Por Francisco Figueroa Turcios

Pepe Molina, en el centro, junto a dos grandes exponentes del periodismo costeño: Fabio Poveda Márquez (qepd) y Rafael Sarmiento Coley (director de Lachachara.co).
Fue un polifacético hombre de radio, empresario de boxeo, dueño del mejor restaurante de Cartagena (‘Donde Pepe’), compositor y cantante: Pepe Molina. Falleció en Barranquilla en el Hogar de Paso del Distrito. Tenía 83 años.
Nació en Juan de Acosta, pero desde muy pequeño su familia se radicó en Barranquilla, por lo cual defendía a capa y espada los intereses de la Capital del Atlántico. Sólo logró estudiar bachillerato en el Gimnasio Moderno, pero su talento lo llevó a ser un hombre brillante en todo lo que emprendió.
En cada Carnaval de Barranquilla se escucha una de las canciones de su autoría, convertida en icono de las fiestas del rey Momo: ‘Joselito Carnaval’, grabada con su propia voz con la Orquesta de Pacho Galán en su momento cumbre. También sería cantante estelar en la época de oro de los Corraleros de Majagual.
Y cuando Barranquilla vive la juniormanía, la canción que retumba en todas las estaciones de radio y en los estaderos es otra obra mágica de Pepe Molina: ‘El cumbión del Junior’. De las cien composiciones de la autoría de Pepe Molina, la mayoría las hizo y grabó en tiempo récord. Fue, precisamente, ‘El cumbión del Junior’ el más rápido en su producción: en tres horas y media.
http://youtu.be/8J0X_mkCyb8
Pepe también hizo parte del mundo del boxeo y fue mentor de muchos pugilistas. Los que recordaba con más cariño eran a Rubén ‘La Cobra’ Valdez y Daniel Blanco. En la radio impuso su estilo propio y creó su programa ‘Las vainas de Pepe’, donde todas las noches contaba las anécdotas de su vida musical, boxistica, interlocutando con los oyentes.
Quería morir en Cartagena
Lo vi por última vez el lunes 25 de agosto a las 11 de la mañana. Presentaba un estado deteriorado, su camisa guayabera estaba arrugada, al igual que el pantalón. Daba la sensación que llevaba varios días con esas misma ropa, porque emanaba un mal olor. Había tirado la toalla, ante las dos enfermedades que lo afectaban: parkinson y alzheimer.
Con una voz suave, Pepe Molina me dijo: «quiero ir a morir a Cartagena. Estoy reuniendo el pasaje para irme. Aquí en Barranquilla ya no hago nada, no encuentro el apoyo de nadie”. Bajó la cabeza para que no le viera las lágrimas que salían de sus ojos.”Perdóname, Francisco, pero no tengo ganas de seguir hablando”.
Comenzó a caminar despacio por la calle 41 entre las carreras 45 y 46, deambulando por el centro de Barranquilla. Logró reunir dinero para el pasaje y se trasladó a Cartagena. En la Capital de Bolívar un grupo de personas que lo encontraron durmiendo en cartones en la calle del Centro Histórico consiguieron trasladarlo en una ambulancia al CAP de Canapote para que recibiera atención médica.
Pepe Molina vivió los dos últimos años en la indigencia, en Cartagena se evidenció, pero contó con la solidaridad de su pupilo, el ex-boxeador Rubén “La Cobra” Valdés y su esposa Romelia Pineda. “Me partió el alma ver en las condiciones en que encontré a mi amigo Pepe, su rostro parecía uno de esos boxeadores que han recibido una paliza y todos los golpes los había recibido en el rostro. Es impresionante y deplorable el estado de salud, no es ni sombra del Pepe que siempre conocí, porque él siempre que llegaba a Cartagena se hospedaba en mi casa. Él fue fundamental en mi carrera boxística, llegó la hora de recompensarle todo lo que hizo por mí. Hemos estado a su lado, para brindarle afecto y el apoyo económico que requiera para recuperarlo”, con voz entrecortada narró en su momento “La Cobra” Valdés.
Volvió a Barranquilla
Su paso por Cartagena fue fugaz, Pepe Molina, pese a sus limitaciones por sus enfermedades, no cambió su fuerte temperamento. Estuvo viviendo en el Hogar San Pedro Claver de Cartagena, y luego en la casa de «la Cobra» Valdés.
En octubre cuando se descuidó «La Cobra» Valdés y Romelia Pineda, se les escapó de su casa, afortunadamente un taxista que lo reconoció fue dar aviso para que lo rescataran.
Dos días después le pidió a la «Cobra» Valdés que le llamara a su hermano Alfonso Molina, para que lo viniera a recoger, que quería estar en Juan de Acosta, y le hicieron realidad esa petición. «Mi hermano estuvo tranquilo tres días, pero luego le entró un desespero por irse para Barranquilla, pero por sus condiciones de salud lo convencí que permaneciera con nosotros. Cual sorpresa para mi cuando un amigo me llamó a decirme que había visto a Pepe caminando por la carretera rumbo para Barranquilla. Me tocó ir a rescatarlo. Me dijo que no quería ir a mi casa, que lo llevara a donde mi hija, y así lo hice, pero era una jugada para volverse a escapar en el menor descuido», cuenta Alfonso Molina.
Antes de ingresar al hogar de Paso del Distrito de Barranquilla por una gestión del Sindicato de Trabajadores de la Música, Sintramucol, fue un habitante de la calle, dormía en las bancas del antiguo edificio de la Alcaldía de Barranquilla.
Y así, dando pasos solitarios, falleció Pepe Molina. Lo recordaremos cada vez que escuchemos el cumbión del Junior y Joselito Carnaval. Paz en su rumba.












