Desde hace 65 años a finales de junio, a este pueblo de 3,224 habitantes llega una romería que supera la población ‘pitalera’. Este fin de semana fue uno de los 4 eventos exitosos de la Ruta de Festivales del Atlántico.
Por Rafael Sarmiento Coley
En medio del sol abrasante de la última tarde de junio desde la cabecera municipal, Baranoa, centenares de hombres, mujeres, niños y ancianos preferían recorrer los tres kilómetros hasta Pital de Megua, antes de quedarse en sus vehículos en un insuperable atasco de casi 4 kilómetros.
No había nada más qué hacer. Los bebés al hombro de papá, las madres con la bolsa de pañales y ropa de repuesto y los hermanitos mayores turnándose con el maletín térmico con los teteros, compotas y agua tibia.
Desde el inicio de la romería, en medio del calor sofocante que acobardaba a quienes aceleraban el paso por llegar, no tanto por el bullicio de fiesta que se sentía en varios kilómetros la redonda, sino por la angustia de quedarse sin el pastel deseado.

Juliana y Ana Sofía Roncallo Patiño son las que manejan el billete en el negocio de la abuela Zully.
Porque, eso sí, en materia de variedad para el paladar, los pitaleros le ponen el pie a todos los demás festivales gastronómicos, a los cuales el gobernador Eduardo Verano De la Rosa y su dinámica e incansable Secretaria de Cultura, María Teresa Fernández, le han dado un realce inusitado, hasta convertir, lo que antes era una informal temporada de ventas de pasteles, y otras viandas en los 22 municipios del Atlántico, fuera del Distrito Especial, en todo un evento cultural, económico y de enorme atractivo turístico.
Economía dinámica
Para medir la importancia de la efectividad del proyecto de la actual administración departamental, es necesario focalizar lo que es Pital de Megua, un corregimiento de apenas 3.224 habitantes, con 28 casas fabricantes de pasteles (de cerdo, de gallina criolla, conejo, guartinaja, iguana, armadillo, ñeque, saíno, pato, pavo y pava congona). Las sopas tienen una variedad exquisita al gusto del comensal. Bollos (de mazorca, plátanos, batata, maíz blanco, empanadas y fritos).
Sully Martínez viuda de Patiño es la matrona que goza de la fama de ponerle el mejor sabor a sus pasteles. Su esposo, Gustavo Patiño, trabajó muchos años con el desaparecido Banco Cafetero, y, al morir, la dejó con seis hijos menores, entre ellos una niña, Carla, y el consagrado periodista Rainiero Patiño, uno de los menores.
Una familia unida

Carlos, hermano de Gustavo, el segundo de la dinastía de los Patiño, una familia muy respetada en Pital de Megua.
Una hermana de doña Zully es le encargada de dirigir el departamento más delicado de esta industria casera. Ella es la encargada, nada menos, de preparar los condimentos bien seleccionados, la cantidad de achiote exacto para que el pastel no quede como el ‘arroz de payazo’ que venden en Barranquilla los carretilleros a los mecánicos del Boliche. La lechuga fresca y del tamaño justo. Las presas en trozos del tamaño preciso que le dan ese sabor exquisito a los pasteles de los Patiño Martínez.
El arroz se cocina a fuego lento para que asuma el color amarillo claro del achiote, y el sabor inconfundible del pastel pitalero.

Como buenos colegas, Reiniero Patiño le pidió el favor al director de este portal, Rafael Sarmiento Coley, que le ayudara a bajar la olla de la sopa. Todavía camina rengo por el peso de semejante cubo lleno de líquido espeso y ardiente.
La encargada de manejar el dinero es una diminuta jovencita de cara blanca y linda, estudiante de economía de la Javeriana. Ella es Ana Sofía Roncallo Patiño, quien junto con su hermana Juliana, son quienes ‘manejan el billete’.
Al frente de las carpas y las mesas están sus tíos Teófilo, Carlos y los hermanos de su abuelo Gustavo, Álvaro y Carlos. La única que falta es Carla Patiño, la madre de las dos ‘pelusitas’ que manejan la plata con un celo sorprendente.
De las 24 industria de esta pastelería casera y familiar, la que menos vende en un día, no baja de 600 pasteles, lo cual varía durante los cuatro días. En promedio son dos mil pasteles de varios precios, desde siete mil (los de pollo), hasta los de $16 mil y $18 mil de conejo, guartinaja y armadillo. En total cada casa pastelera tiene ventas superiores cinco millones de pesos en solo pasteles, y, en promedio a otros siete millones en sopas, empanadas, bollas, gaseosas, chichas y cervezas.
Pero hay pastelerías que hacen el doble de esas ventas en los cuatro días. Y si a ello se le suma el empleo que genera esta feria del pastel, se trata de una de las más audaces formas de combatir el desempleo en el Atlántico.
A propósito de Pital de Megua, su nombre se debe a que esta tierra fértil para las plantas de pita, maguey, henequén o cabuya. Además, por ser una zona de una vegetación siempre verde y fresca, tiene muchas corrientes de agua dulce en donde se reproduce el bijao como la verdolaga. Tienen todo a pedir de boca. Sin mencionar que la fauna silvestre, a pesar de que muchos cazadores y seudozadores de Barranquilla casi la exterminan, todavía abunda.
La historia de los cazadores
Doña Zully Martínez, corre de un lado para otro, como si sus 130 kilos en su 1,50 de estatura no le molestaran para nada. En medio de aquel tropel trepidante, cuenta las historias de los cazadores que tenían como punto de referencia Pital de Megua. Porque allí vivía un cazador insigne, el periodista deportivo de El Heraldo, Luis Brakfor (todavía su familia vive allí).
Entonces su casa era el punto de encuentro de Joaquín Eduardo Pino (Jepino), Guillermo Gieseken, Francisco Zarazúa (Juan Mina), Olímpo Gil y Eugenio Díaz Peris, entre otros.
También era cazador ocasional por esa zona el antioqueño Pedro Nel Hoyos Montoya, hermano del cura Bernardo Hoyos. Pedro Nel venía con medio centenar de perros de caza, con los que convivía en el último piso (la azotea) de un viejo edificio del difunto don Ricardo Char. Todavía los inquilinos de los apartamentos de debajo de esa ruinosa edificación situada en la carrera 38 a dos cuadras del Paseo Bolívar, no se explican como hacia Pedro Nel para mantener 50 perros y perras en lo más alto de la azotea. Los tenía, eso sí, bien amaestrados. Cuando estaban aullando “o jodiendo mucho”, les pegaba un grito y todos se quedaban calladitos.
Por esa época apareció un gigantesco y agresivo tigre de anchas caderas de tanto comer novillos y terneros. De grandes pintas blancas y negras. El dueño de la finca en donde estaba cebada esta fiera ya no sabía qué hacer. Entonces se fue una noche a la ya famosa “Cueva” de Barranquilla, en donde desde entonces se reunía toda la jauría de cazadores a contarse sus aventuras, casi todas imaginarias. Puro embuste. Tanto así, que a veces, para poder regresar a casa después de tres días de rumba con amiguitas, se iban a los mataderos de los supermercados de la época y compraban una docena de conejos, media docena de venados y, si había, un armadillo y una guartinaja. Se ensuciaban la ropa con la sanguaza de esos animales, se hacían arañazos con sus propias manos, y se presentaban “muertos de cansancio” (por no decir, que víctimas de un guayabo cuaternario).
La abnegada esposa se tragaba el cuento enterito, lo metía a la ducha, lo bañaba amorosamente con esponjas y aguas de aromas relajantes deseos para el dulce himeneo.
Mataron el tigre
Tanto rogó a los cazadores el entristecido finquero, que una noche hicieron una reunión que fue como un aquelarre. Planificaron cómo iban a darle muerte al felino. Como Eugenio Díaz Peris era el más joven del grupo, contaba con buena puntería y tenía una perra que olfateaba el tigre a kilómetros de distancia, lo asignaron como el ‘marchante’ de la cacería, cosa que, apenas él y la perra tuvieran el tigre cercano, hiciera sonar un pito para que llegara el resto de la patota.
Pero Eugenio quería ser el héroe esa noche. Azuzó a su perra llamada ‘La Villanuevera’, porque era un regalo de una amiga de aquella población guajira. Y cuando la Villanuevera se acercó al árbol en donde estaba el tigre encuevado, de un zarpazo le destajó el cuello, y la perrita estiró la pata en medio de un temblor horrible. En esos momentos el cazador sentía que piernas abajo le corría un líquido caliente y espeso. Las extremidades inferiores parecían de gelatina. No le respondían. Se olvidó del pito. Se sintió fuera de este mundo. Y de los mismos nervios, cuando él vio que el tigre iba a abalanzarse para caerle encima, soltó el disparo de su escopeta de dos cañones, con tan buena suerte que le dio en todo el centro de los dos ojos y la fiera se desplomó con un extraño movimiento tenue en sus patas.
Ruta de Festivales del Atlántico

Para no quedarse a la zaga del festival gastronómico de la Ruta del Sabor, los luruaqueros inventaron la arepa con dos huevos y ptra con huevo de pato cucharo.
En realidad, este periplo por los municipios atlanticenses que realizan sus festivales culinarios y artísticos, reviven de manera notoria de unos pueblos que antes eran unos dormideros, porque dependían en todo de Barranquilla. Ya no. El Festival de la Arepa e’ Huevo en Luruaco, el Festival del Pastel de Pital de Megua (Baranoa), el Festival Son de Negro de Santa Lucía y el Festival Nacional e Internacional de Artes de Suan de la Trinidad, recibieron a miles de visitantes y participantes del todo el país y el exterior.
Pital de Megua (Baranoa, Atlántico), 1 de julio de 2019. Con una notable afluencia de público se realizaron los festivales del último puente festivo del mes de junio en el Atlántico, con los cuales inició la Ruta de Festivales Atlántico Festeja que va hasta diciembre.

«Las hacedoras de la arepa e’ huevo de Luruaco estamos muy agradecidas con el gobernador Verano porque él sí dio en el clavo para activar nuestra economía», dicen las integrantes de la Asoarepahuevo.
El gobernador del Atlántico, Eduardo Verano de la Rosa, visitó cada una de estas fiestas folclóricas y vivió junto a la gente ratos de esparcimiento y sana convivencia, además de constatar la presencia de la Policía en los municipios, con el apoyo de autoridades departamentales del Instituto de Tránsito y el Ejército para garantizar la seguridad en las carreteras.
“Apoyamos la logística del Festival de la Arepa e’ Huevo en Luruaco, el Festival del Pastel de Pital de Megua (Baranoa), el Festival Son de Negro (Santa Lucía) y el Festival Nacional e Internacional de Artes (Suan), un trabajo cultural para mantener viva la cultura más representativa de nuestros municipios”, comentó Verano.
Agregó que se capacitó a la gente en manipulación de alimentos por parte del Sena, y se adecuó con dotación tecnificada las cocinas de las matronas con mesas, estufas y aditamentos industriales.
Arepa e’huevo
La Secretaría de Desarrollo Económico, conjuntamente con la alcaldía de Luruaco, distribuyó insumos básicos para la elaboración de las famosas arepas con huevo hechas por 60 mujeres portadoras de la tradición, que compitieron por exaltaciones a la mejor arepa en las categorías Tradicional, Multiforma e Innovación. En esta edición se comentó mucho la novedad de la arepa e’ huevo con pulpo.
Una de las portadoras que sobresalía por su juventud y el colorido de su indumentaria era Kendry Montero, miembro de una reconocida familia de “fritadoras”, como se hacen llamar orgullosamente, y quien estaba ayudando a su mamá a atender el puesto que les asignó la organización del festival.
Una industria rentable
En el Festival del Pastel de Pital de Megua, además del llamativo olor característico de la hoja de bijao que invadía la plaza central, se vieron los resultados de la formación que recibió el comité organizador para impulsar esta marca que cada año gana más adeptos, y así perpetuar los saberes culinarios del Atlántico.
El subsecretario de Turismo adscrito a la Secretaría de Desarrollo Económico, Carlos Martín-Leyes, resaltó la gestión de la Gobernación para que los 50 hacedores que participaron en el Festival del Pastel este año recibieran capacitación de representantes de la Asociación Colombiana de la Industria Gastronómica (Acodres), la Asociación Hotelera Colombiana (Asotelca) e investigadores culinarios mexicanos que basan su trabajo en la tradición de los alimentos envueltos del país azteca.
“Este festival, al igual que todos los que apoyamos en nuestro departamento, tiene un alto potencial turístico a nivel internacional, por lo mucho que gustan los pasteles, por la autenticidad de los ingredientes utilizados, completamente orgánicos y cultivados por nuestros campesinos. Queremos que en todo el mundo se conozca nuestra comida, nuestra cultura y que esto se traduzca en ingresos económicos para aportar al proyecto de vida de la gente”, manifestó Martín-Leyes.
La directora ejecutiva de Asotelca capítulo Atlántico, Sally Aduén, expresó que esta asociación se encarga de promocionar el departamento del Atlántico a través de sus diferentes manifestaciones culturales, tradiciones gastronómicas y atractivos naturales, al darlos a conocer en los hoteles y atraer más turistas.

El Son de Negro de Negro de Santa lucía se ha convertido en toda una respetable expresión artística, cultural y gastronómica.
“Estamos acompañando a la Subsecretaría de Turismo de la Gobernación en resaltar las tradiciones como el Festival del Pastel, que es patrimonio del departamento, hay que rescatar y cultivar el saber ancestral de las hacedoras para que pase el legado a sus familias y que no se pierda”, apuntó Aduén.
La chef e investigadora culinaria mexicana, Noris Durán, vino invitada por la Secretaría de Desarrollo Económico para aprender sobre los pasteles del Atlántico e intercambiar los saberes de su país, entró en las cocinas del corregimiento, conoció el proceso con las ollas, el carbón y la forma de cocinar el arroz con achiote, algo que le pareció muy enriquecedor, divertido y emocionante.
“Aprendimos a hacer pasteles y trajimos la tradición de las madronas mexicanas, fue súper interesante. En México lo hacemos diferente, aunque se parecen las culturas. El tamal lo hacemos en hoja de plátano y ustedes con bijao, nosotros lo hacemos con masa nixtamalizada (proceso de cocción con cal) y ustedes con arroz, en México los cocinamos al vapor y ustedes lo hacen metiéndolos al agua”, explicó Durán.
Una de las organizadoras del Festival del Pastel, Andrea López, dijo que se ha formado en la facultad de Administración de Empresas Turísticas de la Universidad del Atlántico para sacar adelante la tradición de su terruño, ayudar a sus padres y hacer crecer los negocios que benefician a toda la comunidad de Pital de Megua.
“Siento una gran responsabilidad de cumplirle a mi pueblo, el festival se ha convertido en una oportunidad macro para nuestras hacedoras de pastel para aumentar la venta en sus unidades de negocio, y promocionar más este producto que se ha convertido en portador de la cultura de nuestro corregimiento”, anotó López.
Festival son de negro
La alegría, colorido y picardía se dieron cita en el XVII Festival Nacional Son de Negro, en el municipio de Santa Lucía del 28 al 30 de junio, representando las manifestaciones folclóricas que tienen sus raíces en la cultura africana.
El gobernador Eduardo Verano destacó la cifra récord de grupos participantes. “Por primera vez se presentaron 25 grupos en el festival para competir en diferentes categorías, provenientes no solo de Santa Lucía sino de poblaciones ubicadas a las orillas del Canal del Dique y en las márgenes de las ciénagas aledañas, quienes mostraron sus vistosas expresiones ancestrales con la influencia africana”.
Cientos de personas vivieron la riqueza cultural de este festival en la plaza principal del municipio. Las calles vecinas también fueron centro de atracción con las muestras artesanales y bailes espontáneos de agrupaciones de Son de Negro que bailan y hacen gestos sin parar, haciendo disfrutar a propios y visitantes.
“Este año recibimos a más de 5.000 visitantes, con un comportamiento ejemplar de la gente durante las diferentes actividades. Las personas bailaron y se divirtieron conociendo las raíces de nuestra cultura. Tuvimos también dos días dedicados a la feria artesanal y un día a la muestra gastronómica, todo con rotundo éxito gracias al apoyo de la Gobernación y la Policía”, explicó Rosa González, presidenta de la junta directiva de la Fundación Son de Negro.
Artes en Suán
El XXII Festival Nacional de Artes de Suan de la Trinidad estuvo este año engalanado con la presencia de artistas de México, Venezuela, Ecuador y Chile, quienes mostraron bailes y representaciones artísticas que maravillaron a los cientos de asistentes a la plaza principal del municipio.
Fueron tres días de expresiones artísticas de la Región Caribe, Colombia y el mundo. “Este año tuvimos cifra récord de participantes internacionales y también nacionales, que llegaron desde Manizales, Bogotá, La Guajira, Valle del Cauca, Magdalena, Bolívar, Sucre, Casanare y Antioquia. Fueron 32 grupos de danza, 6 de teatro y 8 compañías de música, además de muestras de artes plásticas de la escuela de formación del municipio”, comentó el secretario d Cultura de Suan, Onasis Olivo.
En la muestra gastronómica del festival participaron 15 mujeres que presentaron las delicias y saberes de la cocina de Suan, y 20 mujeres de los de hogares comunitarios que presentaron sus mejores recetas. “Más de 50 artesanas de Suan, Barranquilla y Puerto Colombia hicieron también presencia en la muestra artesanal, dando a conocer sus hermosas creaciones”, agregó el secretario de Cultura.
Con el apoyo que hace la Administración Verano se cumple con el eje número 1 del plan de desarrollo Atlántico Líder 2016-2019: Transformación del Ser Humano.














