No hay cosa más engorrosa para el pobre empleado de oficina o la maestra de escuela que es cabeza de familia y emplea el domingo de descanso para lavar y sacar los trapitos al sol (los de la casa, no los de los políticos), que lo escojan como jurado de votación.
Por Rafael Sarmiento Coley – Director / Crónica publicada en el diario El Heraldo
“¡Carajo, qué suerte la mía! De 520 educadoras que hay disponibles para designar los jurados que hagan falta, no juegue, caí fui yo, por más pendeja”, se lamentaba ayer la educadora Mónica Alba Pardo.
Ella sufre, para remate, de una fractura en la columna vertebral. Por lo cual debe permanecer en una silla ‘ergonómica’, que se ajuste al cuerpo y ella permanezca cómoda y alegremente sentada.
Y Mónica tiene el presentimiento de que “me van a clavar todo el día y toda la noche en una silla de palo, con los clavos afuera y toda tembleque. Y si me da un patatus ahí, ¿quién responde por mí?”, comenta Mónica.
El médico de la EPS que la examinó, Iván Manjarrez, le dijo a Mónica que ella estaba en perfectas condiciones para prestarle ese valioso servicio a la Patria. “¿Es la primera vez que le toca servir de jurado?”. “Sí, doctor”, respondió ella con una inocencia que sus pronunciados cachetes morenos se le pusieron rosados. “Ahí está la respuesta a sus males. Usted lo que está es nerviosa. Tiene prevenciones. Dudas. Y eso hace que se despierte un poco la inquietud por su columna. Le recetaré unas pastillitas para que las tome cuando le dé el dolor”. Y Mónica fue despachada sin la añorada incapacidad que ella buscaba para llevarla a la empresa y de ahí a la Registraduría.
Al igual que Mónica, los otros 660 mil jurados de todo el país han tenido que asistir a diversas jornadas de capacitación.
Y, según la Organización Nacional Electoral, la asistencia a las jornadas de capacitación en cada ciudad, como es obligatoria, han sido muy concurridas. Los jurados pueden complementar su aprendizaje o recordar sus funciones con la cartilla y el video de capacitación de jurados que se encuentran publicados en la página web de la Registraduría.
Agüita de panela
En Barranquilla ya es célebre el maltrato a los jurados y demás personal que ese día presta su valioso concurso a la democracia. Casi siempre esa situación se presenta porque las administraciones en Distritos y Municipios contratan el suministro de refrigerios y almuerzos a particulares. Que terminan siendo amigos de la administración o, en el peor de los casos, calanchines.
Así se dio el penoso caso de una jornada electoral en la cual le dieron a los jurados de votación y demás personal unos jugos envasados en bolsitas plásticas y se comprobó que tenían materias fecales, y los sanduches estaban podridos.
En el siguiente debate, como castigo, a los sufridos jurados no les dieron sino una jarra de agüita de panela por mesa.
La Registraduría cree que esos casos no volverán a repetirse. Quedarán como historia del pasado. ¿Será? Por lo menos el cronista, abogado e investigador cultural Adlai Stevenson llevará su propia lonchera. A él también le toca ser jurado «por culpa de una universidad clase high a la que una vez hace dos años como contratista le presté servicios y por eso se tomó el derecho de enviar mi nombre a la Registraduría, en vez de mandar a sus empleados».
Por lo pronto los 660.000 ciudadanos que el próximo 9 de marzo prestarán su servicio como jurados de votación están desconfiados. Ellos saben que se convierten en protagonistas de la jornada electoral, ya que de ellos depende en buena parte la transparencia de los comicios y la velocidad en la información de los resultados.
Por eso es muy importante que resuelvan todas sus preguntas y lleguen preparados a la elección. Los jurados de votación son los ciudadanos que en representación de la sociedad civil atienden a los sufragantes el día de las elecciones.
Para la escogencia del jurado, la Registraduría Nacional del Estado Civil cuenta con un software que permite realizar un sorteo electrónico de los jurados. Esta herramienta se nutre con las listas de ciudadanos que remiten las empresas públicas y privadas, las instituciones educativas y los partidos y movimientos políticos. El sorteo se realiza en forma aleatoria para garantizar la heterogeneidad de la filiación política y así brindarle transparencia al proceso electoral.
Y para que no se crea que los partidos y movimientos y dueños de grandes empresas que a la vez son candidatos, pueden hacer lo que quieran con jurados de su confianza, hay un sistema externo de supervisión con organismos internacionales como la Misión de Observación Electoral (MOE), delegados de la Organización de Estados Americanos (OEA), y delegados de cada partido, movimiento o grupos de la sociedad civil.
Sin embargo, es conocido el dicho de que quien escruta, elige. Y hay los llamados ‘candidatos canguros’, que en los primeros conteos mesa a mesa, voto a voto, salen con una votación irrisoria. Pero, como por arte de magia, de las comisiones escrutadoras dan el salto y se ubican en los primeros puestos de votación.











