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Danny Martin, otro talento que se fuga a México

La consagrada joven presentadora y comentarista de la televisión regional viaja a Monterrey a atender dos tentadoras ofertas.

Nació para el micrófono y la pantalla, pues, que ella recuerde, en diciembre el Niño Dios no le traía muñequitas barbi sino grabadoras para escuchar música, grabar su voz balbuciente y escucharse día y noche.

[caption id="attachment_4270" align="alignleft" width="300"]la foto 5 Foto Familiar en compañía de sus padres Ley Martin y Lidis Amalia Rodríguez[/caption]

la fotoAños más tarde el aguinaldo que pidió dejó a sus padres viendo un chispero: “este año quiero que Papá Noel me traiga de regalo la matrícula para estudiar comunicación social en la Universidad del Norte”.

Lidis Amalia Rodríguez Hernández, su madre, muy ecuánime, le dijo: “¡ay mija ¿y si Papá Noel nos falla?”. Con la mayor tranquilidad ella le respondió: “No, él no nos falla”, y señaló con el dedo índice a su padre Martín Orozco.

Él, que de por sí tiene los ojos grandes, los despepitó tanto, que doña Lidis corrió a prepararle una agüita de toronjil, “porque pensaba que Martincito había sufrido un soponcio”.

Danny había adelantado algunos estudios iniciales de locución para radio y televisión. Por lo cual sus padres sabían que su vocación era esa. Además, qué otra carrera podía escoger Danny si día y noche su padre era monotemático: “la radio es el futuro, después vendrá la televisión con todos los hierros y, de inmediato, el Internet, que será la mayor revolución de las telecomunicaciones mundiales, como dice mi compadre Abeliño González Chávez, que de eso sí ‘chave’ porque se ha leído todos los libros del futurólogo Albin Toffler”.

[caption id="attachment_4273" align="alignleft" width="300"]nuevo-1 Dany Martin con el equipo de Lachachara.co Rafael Sarmiento Coley, Jorge Mario Sarmiento Figueroa y el cantautor Alejo Manjarrés.[/caption]

A Danny no le quedaba otro camino. Así, mientras recibía las primeras clases de comunicación social y periodismo, se enfrentaba a la realidad del micrófono en mano en un escenario ante luces, cámara, al aire. El Show de Ley Martín, Zapping, El Despertador, Premios Luna y todas las locuras que se le ocurrían a su padre la tenían a ella como coequipero.

Telecaribe fue, en síntesis, su segunda escuela. Hasta cuando se le metió la ventolera de irse a México a hacer las prácticas en Multimedios Tv, de Monterrey.

Le fue bien. Por su voz neutra. Por su registro perfecto en cámaras y su dominio sorprendente del escenario. y le tocó  perfeccionarse en deportes ya  que ni su papá sabe de deportes. Y lo confiesa porque en Piedras de Moler, su pueblo natal, en donde lo conocen con su nombre de pila Martincito Orozco, jamás ha habido una cancha de nada, porque lo que hay es barro y agua de la Ciénaga de Zapayán.

 Concluidas sus prácticas, ya cuando empacaba maletas para regresar a su Barranquilla querida, saltó Cupido de una de las maletas. Ella le dijo: “espera un poco más”. Se vino a terminar su carrera. Este viernes se graduó con las mejores notas, y el próximo viernes se va a atender dos tentadoras ofertas de una multimedia independiente, el canal Milenio y con  las puertas abiertas en TVazteca, en donde hizo las prácticas y dejó un amor en retoño.

Ella no tiene afanes. A los 22 años tiene todo un mundo por delante. Quiere hacer maestrías en negocios internacionales, política internacional o nuevas tecnologías de información y comunicaciones. Buen viaje y feliz regreso, Danny, la hija de nuestro colega y amigo, Ley Martin.

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