La frase que da título a este editorial la soltó al desgaire una joven que manipulaba su celular inteligente.
Sucedió mientras viajaba cómodamente sentada en un bus urbano, a una hora en que, de puro milagro, no hay tanto pasajero en Barranquilla. Suspiró, refunfuñó y maldijo, hasta que, por fin, luego de enviar varios mensajes de texto, recibió una llamada. Era el novio, según se dedujo de los arrumacos y las palabras melosas que ella soltó a continuación.
El episodio vivido por la joven del bus no es aislado. Ni es el único.
En las oficinas. En las agencias de viajes. En los aeropuertos. En los bancos. Y, qué curioso, hasta en una oficina oficial de Estados Unidos en Colombia, ocurrió. aunque suene increíble. Se fue el sistema. “Esperen un momento, por favor, mientras vuelve el sistema”.
En general, las conexiones por internet, telefonía y televisión están desastrosas en estos días. Por doquier se escucha la queja en Colombia.
Algunos analistas lo atribuyen al exceso de usuarios de telefonía móvil que, según cálculos de expertos, supera con creces la población del país, y también al incremento notorio de la accesibilidad a internet. Lo cual sería muy bueno, si hubiese las suficientes condiciones de banda ancha para prestar un eficiente servicio para todos.
En debates recientes en el Congreso de la República se aseguró por parte del Gobierno Nacional que, tan pronto se adjudicara la subasta del G4 (para acceder a bandas de frecuencias especiales en el espectro radioeléctrico del sistema, lo que permitirá una inmensa agilidad en las comunicaciones por telefonía fija, móvil, Internet y la televisión), se solucionaría la crisis pasajera del ‘servicio lentejo’.
Pero lo que se ve es que lo que realmente será muy lentejo es el despliegue de la tecnología que se necesita para que la cuarta generación de banda ancha se desarrolle en Colombia. Y todo porque desde un principio se habló de sacar del partido a uno de los cuatro jugadores, América Móvil, del magnate mejicano Carlos Slim, por su supuesta posición monopolística en el mercado de los móviles con su Comcel-Claro, que cubre el 65% del mercado.
Precisamente fue lo que le ocurrió hace un par de semanas en Perú. Allá lo sacaron de taquito por la misma causa, y la subasta quedó en manos de la española Telefónica Movil (Movistar), en asocio con Americatel, que pagaron 153 millones de dólares al fisco peruano por dicha franquicia.
Algunos expertos aseguran que la cosa es distinta. Tal parece que Movistar, Claro (Carlos Slim) y tres jugadores más se pusieron de acuerdo para licitar en equipo. Sin hacerse daño. Trabajando en llave. Tal como suelen hacerlo ciertos boxeadores bribones que deciden llegar al final de la pelea empatados: ‘hagámonos pasito’.
Y mientras tanto, los mal pensados, que en Colombia los hay por millares, le apostaron a que la estrategia de los cuatro jugadores era crear una crisis artificial con un ‘servicio lentejo’ que llevara a los usuarios al límite del desespero para presionar una decisión rápida de la subasta, a precios ‘justos y razonables, de conformidad con la necesidad de entrar cuanto antes posible en operación de las tecnologías que se requieren para que el servicio mejore’.
Esa es la cuestión. Una de dos. O el servicio quedó rezagado ante una demanda disparada. O se trata de una estrategia que puso la subasta en valores bajos, muy por debajo de lo que los operadores han pagado en otras latitudes, a pesar de que en nuestro país el ministro de las TIC, Diego Molano, las celebrara con «bombos y platillos».
Ojalá sea lo primero. Para que ahora los ganadores se pongan manos a la obra, en serio, para agilizar el servicio e incrementar de manera notoria la accesibilidad a todos los servicios que ofrecen las nuevas tecnologías de la Información, las Comunicaciones y el Entretenimiento.
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