El siguiente es el interesante y divertido discurso inaugural por David Lara Ramos, titulado Automatización de la palabra y la voluntad, durante la Octava Semana de las Comunicaciones en la Universidad de Cartagena.
Por David Lara Ramos
Director del Programa de Comunicación Social – Universidad de Cartagena
La noche del sábado 11 de noviembre, se me reveló una duda sobre otras posibles formas de la palabra.
La poeta Mayra Díaz, quien nos acompañará en este evento, me escribió porque necesitaba contactar/ buscar, dijo ella, un ilustrador en la ciudad de Buenaventura.
Contacté al amigo Eugenio en aquella ciudad del Pacífico colombiano, me dijo que le escribiera a su WhatsApp. Así lo hice: “Mi amiga me dijo que te llama…” y cuando iba por la segunda sílaba, apareció arriba del teclado la imagen de una candela, una flama, y a su lado, la imagen de un cuadrúpedo que no distinguía muy bien, por asociación intuí que se trataba de una llama.
Pensé entonces si con el tiempo desarrollaremos un diccionario silabográfico que combine la imagen llama (fuego) llama (cuadrúpedo) con – rá… Sé que esas combinaciones de imágenes con letras o números, se usan en la actualidad y que asemejan los jeroglíficos del pasado.
La palabra ha encontrado una transformación comunicativa. Es aquí el instante en que me aparece la duda, qué pasa si uso llama-rá con la imagen del fuego, acaso querrá decir que la chica arde en deseos por dialogar con ese amigo de Buenaventura, o si al usar la forma llama-rá con la imagen del cuadrúpedo, querrá decir lo contrario, dado que la llama habita en zonas frías. Será un gran avance, la decisión, la intención, la búsqueda de la palabra habita en la voluntad de su creador para comunicar de forma más sincera o precisa.
La tecnología revela posibilidades imprevisibles ante el uso de una sola palabra.
Vivimos tiempos de automatización, en realidad se trata de una dictadura, una imposición, una forma lenta de anulación de la voluntad de quien tiene la intención de usar una palabra y aparece la forma dictatorial, incluso sesgada, que habita hoy en el corazón de la tecnología.
Voy con un ejemplo. Hace cuatro meses en una conferencia sobre literatura, una de las asistentes explicaba que la idea de un cuento le había surgido al encontrar unos peones de ajedrez que pertenecieron a su abuelo. La descripción de aquella escritora estaba llena de detalles sobre el color, la forma, la textura, y el placer erotizador que ejercían aquellos peones sobre una de las mujeres en la trama. Ante tanto derroche de sensaciones, le escribí a la autora: Esos peones hay que verlos… y cuando estaba a punto de enviar, decía: Esos pezones hay que verlos.
La tecnología insulta nuestra voluntad. Con una sola letra que se agregue o suprima la dictadura del corrector se revelaba. Les ha pasado a muchos: Te veo mañana, y aparece Te veo manzana, como una personificación de la fruta. Escribo Entre semana me queda pesado, y aparece Entre semana me queda pescado. La tecnología me convierte en un vendedor que oferta un producto que no tiene. Cada uno tendrá sus propias historias.
Esas similitudes fonéticas, musicales entre manzana, mañana, pescado, pesado, peones, pezones, ratones, calzones, canciones, velones, matones, sermones, melones, micciones han servido para crear canciones que configuran emociones y seguir rimando como si fueran revelaciones para todas las generaciones.
La palabra es generacional, la estética de su uso obedece a un tiempo. Mientras el compositor Emilianito Zuleta se revela poético, encriptado en su canción Mañanitas de invierno, al decir a su enamorada: Mira que el cielo se vuelve a arrugar/ y unas goticas empiezan a caer/ vamos pa’ adentro/ que nos vamos a mojar/ para que estemos bien solitos/ y así yo entregarte mi cariño/ pa’ que tú te sientas más mujer.
Esas mismas intenciones de la palabra se revelan a otros golpes, beats, que dicen, forma más directas. Sin tanta parla, dirían algunos, lo que fue fue, sin que el goce se desvirtúe: Ñejocanta: Mi mamisonga es senda putonga/ no se ponga panti le digo que se lo ponga/ ella está loca, que se lo ponga// Más adelante el tema cuenta: Así que quítate la ropa/ mientras voy besándote, lento la boca/ donde yo la toco ella me toca// y para cerrar canta Oh girl, lento siento/ que te excita cuando te lo dejo adentro. Sin moralismos, pero sí para un debate, los matices y las formas del lenguaje también harán parte de estos Días de la palabra.
La palabra es intención de quien habla, escribe o domina, porque uno espera que cada uno de nosotros oficie la palabra como si se tratara de un acto litúrgico, como un acto solemne que nos edifica.
Luego de la elección de alcalde de Cartagena, le comenté al amigo Celedonio María Cañate, compositor y dibujante, pero sobre todo campesino, el nombre del nuevo gobernante de la ciudad… y su frase fue una sentencia que debería estar impresa en algún pedazo de la muralla. Me interrogó con una sonrisa: ¿Nuevo gobernante en Cartagena, jajaja? Le dije que así era. Me respondió. Ombe, pero si en Cartagena no se gobierna, aquí el que llega solo administra las angustias que produce vivir en esta ciudad. Entonces edité: “En Cartagena no se gobierna, solo se administran las angustias”.
Cargamos angustias todos los días y me pregunto si desde la palabra, desde la comunicación, desde el periodismo, podemos hacer algo para enfrentar esas angustias. Al comienzo de este semestre pregunté qué pueden hacer 470 estudiantes de comunicación social por Cartagena. O qué pueden hacer todos los estudiantes de comunicación social, periodismo o comunicación audiovisual de esta ciudad. Nosotros, hemos comenzado a actuar. Una de esas acciones son estos Días de la palabra en nuestra Octava semana de la comunicación. Grupos de cubrimientos, voluntariados en medios y eventos de la ciudad como sucederá en enero con el Hay Festival en el que unos 50 estudiantes estarán en labores específicas que harán mejor ese evento.
La palabra es relato, la palabra lleva una historia. Viviendo en un mundo letrado, donde cada día se escribe más, hemos dado sobrada importancia a la palabra escrita, pero la palabra es primero pensamiento, revelación oral. Es en la oralidad, en las dinámicas de interacción entre todos como ocurre la palabra al interior del cuerpo.
En lengua guayuniki, de nuestros hermanos de la nación wayúu, existe la palabra apanajá, de forma ligera podría traducirse como encuentro, Vito Apushaina, entrega sus precisiones: Apanajá es un encuentro efímero en el camino. Tenemos apanajás cuando encontramos a una persona en un bus, en un Transcaribe, en una fila, quizá cruzamos unas cortas palabras y jamás volvemos a saber de ella, sin embargo, es muy probable que esa pequeña y corta relación, diálogo, ese apanajá siga presente, latente en nuestra existencia como una historia inconclusa, una contingencia, una latencia existencial.
Con muchos de los invitados en nuestros Días de la palabra tendremos un apanajá, así también es la existencia, efímera, momentánea, lo importante será continuar ese relato al interior de nuestra existencia como una ficción posible.
Comenzamos este día con @boccatodicardinale, un ejercicio de periodismo en escena, en otras partes lo llaman periodismo performativo, porque el periodismo se narra también con el cuerpo, con los cantos del juglar, construyendo las historias que están en un espacio que se engrandece con la virtualidad y la digitalización de los contenidos, pero que solo existe en la humanidad, al interior, en las pieles de quien lo siente. El latir, el brillar, el cosquilleo de una palabra que se pronuncia con la fuerza del canto o el silencio del asombro.
Muchas gracias, bienvenidos a Días de la palabra, en la octava Semana de la Comunicación.
Vea en El Espectador resumen de la Semana de las Comunicaciones de la Universidad de Cartagena.











