¿En verdad está cambiando nuestra mentalidad durante la pandemia?
Por Jorge Guebely
No cambiará el cerebro humano después de la pandemia del coronavirus. No se volverá más humano, ni más solidario, ni más incluyente. Los pocos meses de confinamiento no modificarán su estructura tatuada por más de ocho mil años de civilización. No se borrará su egoísmo ni su voracidad para acumular fortunas. Origen de las ignominiosas jerarquías económicas, producto de la vieja revolución agrícola. No rebajará su codicia para alcanzar sus riquezas humanas como lo proponía Epicuro.
Aprovechará esta crisis para aumentar patrimonio como en la primera guerra mundial y en la segunda. Como en todas las guerras y en todas las crisis porque está configurado para lucrarse e, incluso, para inventar crisis. El cerebro de los políticos seguirá espoliando la nación; el de los magistrados, negociando fallos; el de los ejércitos legales e ilegales, asesinando líderes sociales. Los imbéciles seguirán esclavos de la discriminación; los usureros, de sus bienes; los exitosos, de su vanidad. Infinita decadencia cerebral. Todo por el dinero porque el cerebro humano se ha convertido en su más deplorable esclavo.
Deshumanización impresa en la norma cerebral. Lo revela la actual pandemia: la pobreza constituye el peor de los paradigmas; la riqueza, el modelo semi-celestial. Los pobres temen al coronavirus porque malviven bajo los puentes, hacinados en cuartuchos, desalojados de habitaciones, hambrientos por las calles, expulsados del mal trabajo, con banderas rojas pidiendo comida… Por el contrario, los ricos lo usufructúan y no se los ve en las calles desalojados por su arrendador, ni comiendo mal, ni durmiendo mal. No se ve un banquero en malas condiciones, ni un terrateniente, ni un industrial, ni un congresista, ni un narcotraficante…Ser rico constituye el sueño dorado de todo cerebro humano domesticado. Peligrosa pobreza cerebral porque es el crimen, el fraude y la indolencia el origen de casi todas las fortunas, no el ahorro y el trabajo como lo soñaba Benjamín Franklin.
Y si el cerebro humano sigue tan deshumanizado como hoy, en el futuro: ¿para qué servirá un pobre? Tal vez no servirá para nada. No servirá para trabajar y producir dinero al industrial porque lo reemplazará un robot. No servirá para producir riqueza al comerciante porque carecerá de dinero para consumir. No le producirá riqueza al capital financiero porque los bancos no prestan a los pobres. Entonces, ¿para qué servirá un pobre en el futuro? A menos de cambiar la actual estructura cerebral de la especie humana, el futuro de los pobres presagia más un distopía que una utopía.











