A salvo (el honor) , pero a mejorar ( en su juego) titulé post derrota de Junior ante Flamengo.
Por: Javier Castell
En Quito, Junior no fue capaz de alcanzar ninguno de los dos objetivos: empeoró futbolísticamente y dejó muy demacrada su imagen ante la mirada continental por su escuálida presentación, quizá una de las más enclenques de los últimos meses. Para jugar en ciudades con la altura de Quito suelo pensar que un equipo debería recurrir a juntar futbolistas de buen manejo del balón y con un alto sentido de la asociación para intentar disminuir la pérdida de la pelota y los recorridos largos y las aventuras personales.
Pero, también comprendo si un equipo, como Junior, decide prescindir de esa clase de jugadores para cotejar con Independiente del Valle. Sin Teofilo Gutiérrez, sin Sherman Cardenas y sin algún otro de ese corte, pero con Cetré, Hinestroza, González y Borja interpreté que la idea estaría sustentada en las salidas rápidas (contraataque) y, además, en el aporte físico de estos (son más aptos y más disciplinados para hacerlo sobre todo en la altura) cuando el rival estuviera en posesión del balón.
De otra parte, el plan de replegarse para reducirle el espacio a la velocidad de los delanteros ecuatorianos, comprobada en el partido ante el Barcelona de Guayaquil, y el insoslayable respeto a la altura, no era un despropósito táctico. El gran pecado fue que, primero, actuó excesivamente pasivo en la recuperación y, sobretodo, y el mal mayor, fue que nunca se desdobló. Los elegidos para hacer esa tarea, justamente porque por características se supuso que iban a hacerlo, no pudieron realizarlo. ¿Por qué no pudieron? Porque los superó la responsabilidad. Porque no lo habían ensayado lo suficiente. Porque el mensaje hizo demasiado énfasis en el aspecto defensivo. Porque colectivamente fue tal el dominio del rival que imposibilitó ese tipo de réplica del Junior. Porque, definitivamente, a una gran mayoría de los equipos y jugadores del medio colombiano se les hace muy complejo cumplir con esa doble función tan exigente en lo físico y lo mental.
Por una de esas razones, o por todas, solo al interior del equipo lo sabrán. Fue explícita la supremacía de Independiente del Valle y en medio de ese dominante tramite el técnico Comesaña no consideró ninguna de estas tres razones para acudir a las 3 sustituciones: una, perdía en su momento por un solo gol; dos, el equipo jugaba muy mal; y tres, se jugaba a más de 2.800 metros del nivel del mar, así que se podía presumir que la reserva física de algunos estuviera disminuida. En definitiva, fue una macilenta presentación del Junior con la que no pudo salvaguardar su honor y tampoco dar pasos hacia adelante en su juego.











