Por: Fausto Pérez Villarreal
Hace casi un cuarto de siglo te coronaste campeón mundial de los gallos… ¿Qué recuerdas con mayor nostalgia de aquel mágico acontecimiento?
Al escuchar la pregunta, Miguel ‘Happy’ Lora inclina un poco la cabeza y se lleva la mano derecha a la barbilla y se acaricia el bigote negro que aún conserva con orgullo, cual una reliquia de sus días gloriosos.
Sus ojos, habitualmente serenos, adquirieren un súbito brillo íntimo, como si en su interior volviera a encenderse la luz de aquella noche mágica.
“Esa fue la noche”, murmura con una sonrisa que mezcla gratitud y nostalgia. El silencio se hace espeso a su alrededor, mientras los recuerdos lo envuelven: el olor a sudor y linimento en el camerino; el murmullo expectante del público, y luego el ritmo exacto, casi coreografiado, con el que neutralizó, con una exhibición de técnica pura y elegante al mexicano Daniel Zaragoza.
‘Happy’ Lora vuelve a sentir el calor de los focos sobre el ring, el crujido de la lona bajo sus pies, y esa explosión ensordecedora cuando lo declararon campeón mundial:“No solo gané un título”, dice por fin, con voz baja, casi reverente: “esa noche confirmé que todo el sacrificio había valido la pena”. Y mientras su mano sigue acariciando el bigote, queda unos segundos más en ese lugar del pasado que, para él, sigue tan vivo como el presente.

Foto: Happy Lora y Fausto Pérez Villareal
8 de agosto de 2025. Nos encontramos en el espacioso Cubo de Cristal, una construcción de 600 metros cuadrados en metal y vidrio, ubicada en la Plaza de la Paz, en la localidad Norte-Centro Histórico de Barranquilla.
En este imponente lugar, donde la luz natural cae como una caricia sobre el piso pulido y el ambiente se carga de una expectación casi reverencial, la empresa pugilística Probox del Caribe, liderada por el empresario Juan Carlos Devia, le rendirá en pocos minutos a ‘Happy’ Lora un homenaje con motivo de los 40 años de su ascensión al trono del peso gallo del Consejo Mundial de Boxeo (CMB). La celebración se anticipó un día. Afuera, las nubes se arremolinan como si el cielo también quisiera recordar aquella pelea épica, mientras la amenaza de lluvia tamborilea suavemente en las cubiertas de vidrio y besa el piso pulido del resplandeciente escenario.
‘Happy’ Lora luce sereno, vestido de negro, de pies a cabeza, con una elegancia sobria que contrasta con la intensidad de su historia. Se le ve firme, erguido, con la misma silueta que lo consagró, hace cuatro décadas, dueño absoluto de las 118 libras —apenas dos kilos de más, que la vida le ha adicionado como insignias de batalla, no como concesiones. Cerca de nosotros está su incondicional y amorosa esposa Piedad Malluk, ataviada de blanco.
En ese momento, antes de que empiece el acto, antes de que suban los aplausos, ‘Happy’ no está en un homenaje. Está otra vez en el cuadrilátero, bajo los gritos de gloria, con el cinturón ceñido al alma, pero ya no dispuesto a pelear, sino a sostener conmigo una larga conversación como viejos amigos.
—El tiempo pasó como también tus años de esplendor en el boxeo y la fama. ¿Sientes que la gente dejó de quererte?
—Para nada. Siento que el cariño de la gente es el mismo de hace cuatro décadas. Aunque ya pasé de moda, la gente me recuerda. Todavía es la hora que muchos se acercan a mí para pedirme el autógrafo o para tomarse una fotografía conmigo.
—¿Cuál fue el momento más emocionante que viviste durante tu carrera?
—Fueron varios: cuando gané el título mundial; el multitudinario recibimiento que me hicieron los cordobeses, en Montería, a mi regreso de Miami, luego de vencer a Zaragoza; las siete veces que salí vencedor en defensa del título.
—¿Y el más amargo?
—Definitivamente, cuando perdí el título con ‘Jíbaro’ Pérez. No tanto por la derrota en sí, sino por la forma como sucedió. Me tocó hacer un esfuerzo casi inhumano para bajar de peso. Me pasé por más de cinco kilos. La noche de la pelea subí al ring sin fuerza, prácticamente ‘muerto’. Las consecuencias fueron notorias a lo largo de los 12 asaltos. Fui un boxeador desconocido.
—¿El mayor error que cometiste?
—He cometido tantos errores que no sabría escoger cuál ha sido el más grave de todos
—¿Y la mejor decisión que tomaste a lo largo de tu etapa boxística?
—Haberme retirado a tiempo del boxeo. Fue después de la derrota ante Rafael del Valle, en Puerto Rico. Después me hicieron varias ofertas para que regresara, pero no me dejé llevar por la tentación. Felizmente vivo de negocios particulares. Aparte de eso siempre he estado vinculado al municipio de Montería y el departamento de Córdoba, en calidad de instructor deportivo.

.Foto: Happy Lora y su esposa Piedad Malluk.
Tanto los expertos como los simples entusiastas boxísticos coincidieron en afirmar que agrupaba todas las cualidades para convertirse, con el paso del tiempo, en el mejor de los campeones colombianos de la historia, por encima, incluso, del ya casi mítico Antonio Cervantes ‘Kid Pambelé’.
Y no se exageraba. Su estilo, sus peleas y su récord respaldaban las afirmaciones. Solo había que esperar. Y el tiempo, al fin y al cabo el supremo juez, se encargó de dilucidar las cosas y darles su respectivo orden. El ‘Kid’ palenquero continuó inamovible en el trono, siendo el número uno, y ‘Happy’ Lora ubicado en segundo lugar, un escalón arriba de los demás compatriotas suyos que alguna vez se calzaron un par de guantes de boxeo.
—¿Estás de acuerdo con los que opinan que ‘Kid Pambelé’ es el mejor boxeador que ha dado Colombia en toda la historia?
—Claro que sí: ‘Pambelé’ no solo es el mejor boxeador, sino el mejor deportista que ha dado nuestro país.
—¿Quién fue tu modelo de vida?
—Mi modelo de vida no puedo decirlo, pero en el boxeo influyó mucho en mí Sugar Ray Leonard.
—¿A quién reconoces como tu maestro en el boxeo?
—Reconozco a cuatro: Amílcar Brussa, Samuel Gómez, Cipriano ‘Barbulito’ Zuluaga y Pedro Vanegas.
—¿El pugilista que más admiraste?
—Sugar Ray Leonard.
—¿Qué reflexión haces cuando los expertos aseguran que fuiste un campeón que debió durar más tiempo en el trono?
—La gente es dueña de emitir sus propios conceptos y eso es irrefutable. Yo también creo lo mismo. Por mi calidad debí durar más tiempo en posesión de la corona.
—¿A qué persona te gustaría tener enfrente y darle gracias de corazón?
—Ya murió: el doctor Hugo Iguarán Cotes. Fue un consejero infalible para mí.

Ver pelear a ‘Happy’ Lora era como asistir a un recital poético, a una obra teatral o a un concierto musical. El espectáculo estaba garantizado. Al boxeo le ofreció lo mejor de sí: su juventud, su enjundia, su amor, su arte, su inteligencia.
Su forma de boxear, sobre todo de golpear al rival, de hacerlo fallar gracias a los movimientos de su prodigiosa cintura, motivó a respetables conocedores de la disciplina de los puños a expresarse en torno a él con palabras de elogio.
—¿Alguna vez utilizaste estimulantes para enfrentar a un rival?
—Jamás.
—Desde el punto de vista boxístico, sin tener en cuenta el récord ni la calidad de rivales, ¿te incluirías entre los boxeadores con mejor técnica y vistosidad que ha tenido Colombia?
—Modestia aparte, sí.
—¿Qué opinas de los elogios y de las críticas?
—Son saludables siempre y cuando sean bien intencionadas y no toquen la integridad moral de la persona.
—¿Qué representó Félix ‘Tuto’ Zabala en tu carrera?
—El empresario que creyó en mí y me consiguió la gran oportunidad de pelear por el título mundial. Eso no lo olvidaré nunca.
—¿Y Amílcar Brussa?
—Un maestro, una persona estricta y responsable. Aprendí mucho de él.
—¿Cuál es el personaje colombiano que más admiras?
—Shakira. Es una mujer talentosa y enjundiosa. Es una embajadora de nuestra cultura.

“Lora es el ‘Kid Chocolate’ de nuestros días”, opinó, a mediados de 1985, el veterano periodista y escritor cubano Fausto Miranda en un artículo publicado en la revista The Ring en español.
“Su depurada técnica y la actitud que asume ante el adversario me hacen recordar a Eligio Sardiñas. Ambos son estetas. Con su boxeo le dan una cara más agradable al boxeo”.
Fausto Miranda, autoridad indiscutida del pugilismo internacional, también redactor de The Miami Herald, emitió ese juicio antes de que Lora ascendiera a la cumbre de los gallos en la versión del Consejo Mundial de Boxeo (CMB).
Otro entendido en la materia, el también cubano ‘Minito’ Navarro afirmó en entrevista concedida al periodista Fabio Poveda Márquez, que en Lora, Colombia tenía un deportista de primerísima línea.
“Mi vida ha girado la mayor parte alrededor del boxeo -le dijo Navarro a Poveda-. He visto peleadores de todo tipo: pésimos, mediocres, regulares, buenos y superdotados. Con respecto al chico Lora, me atrevo a decir que se encuentra en este último nivel. Si no se tuerce, puede llegar a constituirse en héroe de los latinoamericanos, así como en tiempos pasados lo fueron Wilfredo Gómez, Alexis Argüello y Roberto ‘Mano de Piedra’ Durán”.
—¿A qué deportista admiras que no sea boxeador?
—Al ‘Pibe’ Valderrama por su calidad y su personalidad dentro y fuera de las canchas.
—¿Cuál es tu mayor virtud?
—La nobleza.
—¿Y tu mayor defecto?
—Tengo muchos defectos, por lo que no sabría identificar, en estos momentos, cuál es el mayor de todos.
—¿La pelea más deslucida de tu carrera?
—La que sostuve con el Ray Minus Jr., en 1987, en defensa del título. Era un boxeador amateur, pero me incomodó y me deslució.
—¿Alguna vez te brindaron droga?
—Jamás.
—¿Qué tipo de lectura prefieres?
—Leo los diarios, especialmente El Tiempo, El Heraldo y El Meridiano de Córdoba. Antes era asiduo lector de El Espectador, cuando circulaba diariamente.

El boxeo es el arte de pegar y no dejarse dar. Esa es su esencia. ‘Happy’ Lora lo comprendió desde el comienzo, cuando llegó al gimnasio de los hermanos Osvaldo e Ivo Catellar, siendo apenas un muchachito inexperto que deambulaba por las calles de Montería con la esperanza depositada en los nudillos.
Como profesional del ring, ‘Happy’ respondió a las expectativas. Arribó, invicto, a la conquista del título mundial luego de 21 combates, 11 de ellos resueltos por la vía del nocaut. En memorable jornada derrotó por decisión unánime, tras doce fragorosos asaltos, al mexicano Daniel Zaragoza para proclamarse campeón de las 118 libras del CMB, el 9 de agosto de 1985, en Miami.
—¿Qué anhelaste y no pudiste cumplir?
—No haberle entregado tres títulos a Colombia en tres categorías diferentes. Fue mi gran frustración en el boxeo porque yo tenía condiciones.
—¿En alguna ocasión te ofrecieron dinero para que perdieras un combate?
—Nunca.
—¿Has recibido algún tipo de extorsión en tu vida?
—A Dios Gracia, nunca.
—¿Cuál es el mejor consejo que te han dado?
—Respetar al prójimo; ser honesto; amar a la familia; no hacerle daño a los demás. Fue el consejo que constantemente me dieron mi padre Miguel y mi madre Mercedes, cuando yo era un niño.
—¿Cuál es el recuerdo más grato que conservas de tu padre?
—Cuando me decía ‘Tipo’ y salíamos a caminar por la ribera del Río Sinú, en Montería. Vivió poco tiempo conmigo, pero su imagen quedó perpetuada en mi mente y en mi corazón.
—¿Volverías a un reality?
—Sí, claro. Me gustó mucho la vivencia en ‘La Granja’. Ya yo tenía experiencia en televisión y, la verdad es que ese mundo me gusta. Participar en un reality le permite a uno conocer mejor la condición humana de las figuras públicas.

El título lo defendió de manera exitosa en siete oportunidades en el lapso de tres años, dos meses y 20 días. Bajo el poder de sus puños sucumbieron el puertorriqueño Wilfredo Vásquez, el dominicano Enrique Sánchez, el estadounidense Alberto Dávila (dos veces), el mexicano Antonio Avelar, el bahamés Ray Minus Jr. y el argentino Lucio ‘Metralleta’ López. Resignó el fajón en su defensa número ocho, ante el mexicano Raúl ‘Jíbaro’ Pérez. La pelea tuvo lugar en Las Vegas, el 29 de octubre de 1988. Fue la más desteñida de su trayectoria campeonil.
—¿Consideras que has cometido algún acto de ingratitud?
—Claro que los he cometido, pero nunca en forma consciente.
—¿La canción que más te conmueve?
—Muchas, pero en especial ‘La creciente’, de El Binomio de Oro.
—De las peleas que libraste, sin título mundial en juego, ¿cuál te dejó pleno de satisfacción?
—La que sostuve con el dominicano Julio Soto Solano, en Montería, por el título Centroamericano y del Caribe de los moscas. Era mi quinta pelea como profesional. Tuvo lugar el 12 de junio de 1980. Dos meses atrás había celebrado mi cumpleaños número 19. Ofrecí un recital de boxeo depurado y gané por decisión.
—De ese mismo tipo, ¿cuál pelea echarías en el baúl del olvido?
—¡Uff! Una con Carlos Arturo Osorio, en Cereté, el 28 de mayo de 1981. Yo estaba recién casado y libré una pelea fea, para olvidar. Ceo que los jueces me dieron la decisión para ayudarme.
—Una frase que sintetice lo que Piedad Malluk representa para ti.
—Sin ella, mi vida no tendría sentido.
—¿Por qué te gustaría que tus hijos se sientan orgullosos de ti?
—Por el ejemplo de buena conducta, por ser un padre amoroso, responsable y amigo de ellos. Nada más.

A Miguel Enrique Lora Escudero, nacido el 12 de abril de 1961 en Montería, llegaron a catalogarlo, en sus días de campeón, como uno de los mejores del momento, junto a Mike Tyson y Julio César Chávez. Don King lo presentaba como uno de sus ‘Tres Ases de Lujo’.
Felizmente casado con Piedad Malluk, de cuya unión hay tres hijos: Samia Samira; Sarina Orlín y Samir Miguel, la campaña rentada de ‘Happy’ abarcó 14 años. Su récord nos quedó como un legado digno de admiración: sostuvo un total de 38 peleas, de las cuales ganó 35, de ellas 15 por nocaut. Solo saboreó el trago amargo de la derrota en tres oportunidades. Fue puesto nocaut una vez, cuando intentó ganar el título gallo de la OMB que estaba vacante. El texano Jorge ‘Gaby’ Cañizales lo sometió en dos rounds, en Detroit, el 11 de marzo de 1991. Ese fue el momento más triste que sus aficionados jamás quisieran recordar… ‘Happy’ en la lona, abatido por los puños del rival antes del último campanazo. Una escena que simboliza la cruda imagen del ocaso, de lo inevitable.
Todo acaba, hasta la vida misma. Cayó al igual que las hojas secas desgajadas por el viento de la tarde. Cinco minutos fueron suficientes para que sus sueños quedaran rotos en mil pedazos…
—¿Quién empezó a llamarte ‘Happy’?
—Una tía materna, cuando yo tenía tres o cuatro años de nacido. Me cuentan que yo era un niño alegre, que me reía por todo, y que ella me decía: “Hola, Happy birthday”, “Hola, Happy”. Entonces, todos comenzaron a llamarme ‘Happy’.
—¿Es el boxeo el deporte más peligroso que existe?
—Es de alto riesgo, es duro, pero no es el más peligroso que existe.
—¿Qué comes con más deleite?
—La gallina guisada con arroz, yuca y un vaso de agua de panela, pero bien fría.
—¿La peor ofensa que te han hecho?
—No soy persona de rencores. Olvido pronto las ofensas que me hacen.
—¿Le confesarías todos tus pecados a un sacerdote?
—Sí, claro. A mucho honor soy católico y creo en Dios y en su hijo Jesús como Redentor de nuestros pecados.
—Finalmente, un pensamiento que te invite a la reflexión…
—Hay un proverbio chino que me gusta muchísimo. No sé quién lo escribió, pero es muy sabio. Se lo repetía con frecuencia a mis hijos, cuando eran niños. Dice así: “Me lamentaba de no tener zapatos hasta que vi a un hombre que no tenía pies”…

Este es Miguel ‘Happy’ Lora Escudero, el inolvidable exmonarca universal en cuyo honor construyeron un coliseo y una estatua, en su amada Montería. A 40 años haber ganado el título gallo del CMB y con unos kilos de más, continúa siendo el mismo ser alegre y jovial que subía a los cuadriláteros con el sombrero vueltiao y el inmenso orgullo de saberse y sentirse idolatrado por millones de colombianos. Nuestro país no se ha olvidado de él. Lo tiene bien referenciado como esos ejemplos dignos de ser imitados.
¡Honores al ‘Happy’ Lora, el gallo que picaba y volaba…











