Por: Francisco Figueroa Turcios
Yasmin Lorena López Acosta es la única mujer que pinta en el proyecto social La Ruta del Color (Serie: Los rostros ocultos del éxito de la Ruta del Color (4))
En los andamios de La Ruta del Color no hay privilegios ni concesiones: hay sol inclemente, brochas cargadas de pintura y jornadas que exigen resistencia física y convicción.
Allí, entre veteranos pintores curtidos por años de experiencia, se levanta firme la figura de Yasmin Lorena López Acosta, la única mujer que pinta de tú a tú en el proyecto social que ha transformado el rostro de San Juan de Betulia.
Su presencia no es decorativa ni simbólica. Es activa, constante, decidida. Yasmin no ocupa un lugar por cuota: se lo ha ganado con talento, disciplina y compromiso comunitario. Yasmin encontró en su hijo Rubiel Alexander Camargo Lòpez, el impulso que necesitaba para dar el paso definitivo hacia el muralismo comunitario.
Ùnica mujer pintora en la ruta del color

Al principio el aporte de Yasmin al proyecto era económico; observaba desde la distancia cómo el pueblo comenzaba a transformarse. Pero fue Rubiel- su hijo- quien le insistió: debía ir a pintar. El talento no podía quedarse en casa.
Licenciada en Ciencias Sociales de la Universidad Simón Bolívar de Barranquilla, con formación en Artes Plásticas, docente y madre, Yasmin representa a la mujer betuliana que no se limita a observar los cambios, sino que se sube al andamio para provocarlos.
En un escenario donde tradicionalmente los oficios de obra y pintura han sido dominados por hombres, ella rompe esquemas sin discursos estridentes: su argumento es el trabajo. Yasmin distribuye su tiempo entre dar clases de Ciencias Sociales en la Institución Educativa Rural San Antonio en la zona indígena de Sincelejo. y las jornadas de pintar en el proyecto social La Ruta del Color.
«Te quiero dar las gracias por haberte dado cuenta de mi participación, puesto que aunque han llegado muchos medios a hacer informes, documentales o otros, tu has sido el único que me ha notado, soy la única mujer pintora en la ruta del color y quiero ser ejemplo para todas las mujeres, para que aquellas que tienen sueños los persigan aunque sea difícil, por qué para nadie es un secreto que la mayor parte de los trabajos son etiquetados para hombres.
La pintura no ha sido la excepción y la ruta del color es un ejemplo de cambio, compañerismo y colaboración» revela Yasmin Lòpez sobre su presencia en el proyecto social la Ruta del Color.
La mujer en los procesos colectivos…

Pero su aporte va más allá del color sobre la pared. Su presencia tiene una carga social profunda. En una gestión comunitaria como La Ruta del Color —donde el objetivo no es solo embellecer fachadas sino reconstruir tejido social y fortalecer el sentido de pertenencia— Yasmin encarna el papel transformador de la mujer en los procesos colectivos.
Ella no solo pinta murales; también inspira a niñas y jóvenes que ahora pueden imaginarse ocupando espacios que antes parecían ajenos. Su ejemplo cuestiona silenciosamente los límites impuestos por costumbre y demuestra que el liderazgo femenino también se ejerce con brocha en mano.
En cada jornada se tejen conversaciones, risas, acuerdos, memorias compartidas. Yasmin aporta sensibilidad social, mirada pedagógica y capacidad de diálogo. Su formación como docente le permite comprender que el arte en el espacio público es también una herramienta educativa: cada mural narra identidad, historia y esperanza.
Inclusión real…

La Ruta del Color no sería la misma sin la fuerza colectiva de hombres y mujeres, pero la presencia de Yasmin tiene un significado especial: evidencia que el desarrollo comunitario requiere inclusión real, participación equitativa y reconocimiento del talento sin distinción de género.
Cuando ella pinta junto a los veteranos, no compite: construye. Construye confianza, equidad y un mensaje poderoso para San Juan de Betulia: el progreso se logra cuando las mujeres no están al margen del proceso, sino en el centro de la acción.
En cada mural que pinta, Yasmin no solo deja color: deja ejemplo. Su presencia rompe silencios y abre caminos para que otras mujeres entiendan que también pueden ocupar los andamios, mezclar los pigmentos y firmar con orgullo la transformación de su tierra.
En un municipio que apuesta por el turismo y la transformación social, la figura de Yasmin López Acosta simboliza algo más que arte urbano. Simboliza la mujer que decide involucrarse, que convierte la vocación en servicio y que demuestra que el cambio comunitario también se escribe en femenino.
Porque en San Juan de Betulia, mientras los muros se llenan de color, también se derriban barreras invisibles. Y allí, entre pinceles y sueños compartidos, Yasmim pinta no solo paredes: pinta posibilidades.
Un ante y un después…

Y cuando el día termina y el sol se recuesta sobre los techos de las casas de palmas y las fachadas recién pintadas, queda algo más que colores secándose al aire: queda una comunidad que aprendió a mirarse con esperanza.
La Ruta del Color marcó un antes y un después en la vida de Yasmin…. “El cambio fue inesperado, puesto que yo vivía de forma monótona y con la Ruta del Color mis días se volvieron extrovertidos. Aunque estar pintando es todo un día, siempre es divertido y no siento cansancio. Creo que la Ruta del Color cambió mi vida en un antes y un después”, destaca.Yasmin Lòpez sobre el impacto para ella en involucrase en el proyecto la Ruta del Color.
Pero su transformación no fue solo personal; también fue colectiva. El proyecto le permitió reencontrarse y fortalecer lazos con personas de su pueblo: con Apolinar Barreto, compañero de bachillerato; con Anselmo Gil Gil, con quien compartió aulas en Bellas Artes; y con muchos otros que apenas conocía por coincidir en las calles de Betulia.

.»La ruta del color cambio mi vida, personas que fueron compañeros en alguna etapa de mi vida como Apolinar Barreto con quien estudié bachillerato aunque en cursos diferentes y con Anselmo Gil Gil en bellas artes y otras que sólo nos conocíamos por vivir en este municipio, nos convertimos en amigos y con un gran lazo que nos une más allá de compartir una pasión » la pintura» las ganas de que nuestro municipio sea reconocido y reconocido para que la comunidad sea próspera» reseña Yasmin sobre el fortalecimiento de la amistad a travès de la Ruta del Color.
Hoy los une algo más que la pintura: los une el sueño común de ver prosperar su pueblo natal. San Juan de Betulia» , expresa con convicción Yasmin Lòpez la importancia para ella de su vinculación al proyecto La Ruta del Color.
Brocha en mano…

Yasmin, brocha en mano, no solo traza líneas sobre el cemento; traza caminos para otras mujeres que quizás mañana también se atrevan a subir al andamio de sus propios sueños. Su figura allí, entre veteranos pintores, no es un gesto aislado: es una declaración silenciosa de equidad, de capacidad y de pertenencia.
En cada mural que ayuda a levantar, Betulia se reconoce más diversa, más unida, más consciente de que el progreso no tiene género, pero sí necesita manos femeninas que lo sostengan. Porque cuando una mujer participa activamente en la gestión comunitaria, no solo embellece el entorno: fortalece el tejido social, multiplica la solidaridad y humaniza el desarrollo.

Y así, mientras La Ruta del Color sigue extendiéndose por las calles de San Juan de Betulia, Yasmin López Acosta pinta algo más profundo que imágenes: pinta dignidad compartida, pinta unión, pinta futuro. Y en cada pincelada queda latiendo una verdad sencilla y poderosa: cuando las mujeres se suman al cambio, el pueblo entero florece.
Porque en La Ruta del Color, Yasmin López Acosta no es solo la única mujer que pinta; es la pincelada femenina que recuerda que el progreso también tiene rostro de mujer, manos de madre y corazón de maestra. Y mientras el sol cae sobre las letras multicolores de San Juan de Betulia, allí está ella, demostrando que cuando una mujer decide pintar su pueblo, también está dibujando futuro.











