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Volvamos al colegio

No les falta razón a quienes les gritan desde los púlpitos del Capitolio a ciertos colegas suyos: “¡Estudien, vagos del carajo!”.

Por María Margarita Porto Henriquez

Creo que deberíamos regresar al colegio de nuestro tiempo cuando los maestros eran dedicados y nos hacían sentir a cada uno de los alumnos que éramos el único estudiante del aula escolar.

En la educación de dos generaciones anteriores se estudiaba a fondo la historia, la geografía, la filosofía, e inclusive, los buenos modales para las relaciones interpersonales en todos los estratos sociales. Hoy todo eso se ha perdido, reemplazado por la chabacanería y el absoluto desgreño en el buen uso del lenguaje.

Lo más increíble de mi época de colegio fue la «temible» exigencia por la investigación. Estar en una biblioteca con libracos enormes y letras de lupa para investigar la Historia, Geografía de Colombia y Universal, biología, religión y todas las materias del pénsum bendito era «jarto y aburrío».

La Internet ni siquiera estaba en el cine de ciencia ficción y nuestros «buscadores» eran nuestros ojos, nuestras ganas de saber y la espada de Damocles era ganar la materia y aprender.

De ahí se desprendía la disciplina y el saber que luego se verían reflejados de manera pulcra en el ejercicio profesional, en la sociedad, en el hogar. Era así como se le daba forma al tejido humano el cual se convertía en un hermoso crochet educado y proclive a los valores. Punto.

Y, fijémonos en lo que está pasado hoy. A más herramientas para el saber, estamos peor y peor desde cualquier escenario, en un penoso descenso moral que deprime las actitudes éticas más elementales que suponen una dedicada manera de evolución constructiva en el conglomerado social.

Tristemente el horizonte de las comunicaciones es el más aterrador con respecto a las noticias del mundo, la moda, la música y, bueno, la lista es larga. Pero mi punto en realidad es la ausencia total de criterio para aglutinar con equilibrio la información y la comunicación.

Ahora estamos en un arrebato mundial que otra vez, armó un «guacaqueo» de guerra de guerrillas ideológicas de grandes dimensiones, odios y desafueros en la expresión escrita y verbal y los medios virtuales andan arrebatados publicando inexactitudes, sembrando ignorancia y división a punta de desinformación.

Y nosotros leyendo y tirando cátedras sobre temas complicados y ocultos.

La educación ha caído en tal mediocridad. que ya quedan muy pocas de aquellos colegio que funcionaban en edificios de magnífica arquitectura- Ahora lo que se imponen son los colegios de garaje, o en sepulcros blanqueados: pura fachada y nada de contenido en la buena formación del alumnado.

Hay que investigar. Perfiles falsos hay por doquier. Hace varios meses leí un artículo en un portal llamado La Iguana y sentí que el autor estaba justificando el terrorismo. ¿Por qué los periodistas o analistas han perdido aquello que se llama equilibrio y escriben con sus propias vísceras o de acuerdo con su color político recalcitrante?

Lo que pasó hace unos buenos soles en Irán fue terrible. Un ángel negro asesinado era un líder amado e idolatrado. Nadie entiende por qué los jefes de Estado toman esas decisiones que llevan una vez más al caos y al odio humano. Pero este tema tiene muchas aristas que desconocemos totalmente y no entendemos ya que nuestra cultura, también milenaria, dista mucho de esa recalcitrante dañina posición religioso-política que nos lleva al infierno.

Recientemente nos hemos visto en una vorágine terrible de desinformación con la oscura aparición del Covid 19. Después de un año de terrorismo que camina raudo en las redes, la división humana planteada por conspiradores nos ha llevado a un punto de confusión tan cruel que parece esculpida por el cincel del mismísimo Satanás el cual nos ha dejado en plazas, campos y ciudades, oscuras esculturas de terror, ambigüedad y muerte.

Por los pocos o muchos Likes de una página, ya sea personal o de cualquier índole, no me dejo llevar. He visto páginas y perfiles de gran contenido y son ignoradas por una mayoría aberrante.

Dios nos proteja porque esto que pasa, va a traer consecuencias pavorosas, como siempre. No les falta razón a quienes les gritan desde los púlpitos del Capitolio a ciertos colegas suyos: “¡Estudien, vagos del carajo!”.

Mientras tanto sugiero respetuosamente volver al colegio, a aquellas aulas del saber, donde el desarrollo libre de la personalidad sólo nos pedía ser buenos seres humanos con nosotros mismos, con nuestros próximos y con la sociedad.

La frase «libre desarrollo de la personalidad» ha sido, a mi modo de ver, la llave que abrió una caja de Pandora tan oscura como la misma luz que oscurece la noche. @MariamargaritaPortohenriquez publicando una burbuja escolar. Zona de los archivos adjuntos.

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