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Víctor Herrera De la Espriella, una vida de enseñanzas ´a punta de proverbios“

En sus 106 años gran parte de su vida se la dedicó a enseñar  a través de refranes y dichos populares.

Por: Roque Herrera Michel

“El amor y la muerte son engendros de la suerte”…

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Víctor Herrera De la Espriella

El “Viti”, como familiarmente lo llamaban en recuerdo de un célebre torero español, se pasó gran parte  sus 106 años enseñando  a través de refranes y dichos populares a sus 8 hijos, a los centenares de alumnos del Codeba y de las clases empresariales en El SENA  y a los miles de oyentes de sus célebres efemérides (“Un día como Hoy”) en el “Radioperiódico Informando” del inolvidable periodista barranquillero  Marcos Pérez Caicedo.

Sus proverbios los construía  a partir de una ingeniosa mezcla  de pensamientos de su cosecha personal, de lo que escuchaba en las calles y de un religioso hábito cotidiano de leer todo lo que cayera en sus manos: libros de  los más variados autores y periódicos de todo el país (El Heraldo, El Colombiano, La Patria, El Occidente, etc), que conseguía  en el Centro de Barranquilla. Esos proverbios y refranes eran unos sabios consejos que ponían a pensar, y se ajustaban como anillo, al dedo a las circunstancias que vivían los que le oían,  ya sea en su casa, en sus equipos de radios o en las calles de la Arenosa de los años 70 ,80 y 90  del siglo pasado.

A las personas que sufrían los motivaba  diciéndoles  que ”el arte de vencer se aprende en las derrotas”; que “triunfar es ir de derrota en derrota sin perder el entusiasmo”; que  “sólo se progresa padeciendo”;  que “el placer siempre se encuentra unido al dolor”; que “las dificultades tienen un poder didáctico inigualable pues todo lo que el hombre sabe se lo debe a las épocas de crisis”; que “ un  año de adversidad enseña más que cinco años de universidad”.

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Don Victor, acompañado de sus hijos: Joao, Roque y Víctor. Además sus nueras, Alba Olaya, Marta Patricia Quintero y Nidia Moreno

Estimulaba a la solidaridad expresando que “muchas veces ayudando a los demás nos ayudamos nosotros mismos”; que “para ser feliz hasta cierto punto, hay que haber luchado hasta el mismo punto”. A los líderes familiares, sociales  o empresariales  los adiestraba exhortándoles que “Donde hay un carácter hay un camino, donde no hay un carácter… todo está perdido”.

A los jóvenes durante sus clases les aconsejaba fortaleciendo su personalidad  insistiendo en el enorme valor de los Valores: que “si la mala fama mata, la buena fama sana”; que “la soberbia precede a la caída”;  que “hay que huir de las almas castigadas”. Que no se auto-engañaran pues “la belleza de nuestros ídolos, muchas veces están en los ojos de sus creyentes” ;  que “al mal hijo Dios no le permite gozar lo que consigue”; “que al  mundo puedes engañarlo pero que a la conciencia nunca”, etc.

Y sus dichos realistas  que con erudición pregonaba:  que “muchas veces somos felices sin siquiera sospecharlo”; que “ más sabe el loco en casa propia que el cuerdo en casa ajena” ;  que “muchas veces el ciego se aparta del abismo  en que cae el clarividente”, “ que “nadie es feliz con el consentimiento ajeno” , que “por buscar las cosas inciertas perdemos las ciertas”, que “que bella apariencia tiene la mentira”, que “ los hombres no vivirían mucho tiempo en sociedad si no se engañaran unos a otros”, que “si quieres engañar al mundo diles la verdad”, etc. Admiraba la

gente culta pues se percataba que en muchas ocasiones “más tiene el rico cuando empobrece, que el pobre cuando enriquece”

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Joao y Víctor conducen el  féretro de don Víctor Herrera De la Espriella a la última morada

Sus sabios refranes no escapaban de nuestros males modernos. De la corrupción, mal endémico de nuestro país,  mencionaba picarescamente que “administrador que administra y enfermo que hace gárgaras….algo tragan”.  De los defectos o vergonzosas embarradas de ciertos miembros de las familias o de la empresa expresaba lo que termina ocurriendo muchas veces …. que “en algunas dolorosas ocasiones lo que no ha de ser bien castigado…ha de ser bien disimulado”.

Acerca de los desplazados de la Violencia siempre citaba frases del libro que más admiraba: “Los Miserables” de Víctor Hugo en donde nos leía profundos aspectos sicológicos de lo que significa ser un desarraigado: “El náufrago no escoge puerto…va donde o llevan las olas”.

Solía expresar refranes cubanos llenos de picardía que invitaban a reflexionar.  Que  … “Un jesuita y una suegra saben más que una culebra”, que “feliz y bien casado… sin suegra ni cuñado”; que el matrimonio ideal es “ una mujer ciega con  un marido sordo”….  que “en nuestra época las canas ya no se respetan si no que se tiñen”, etc.

En fin fueron decenas y decenas de profundas reflexiones que hasta sus últimos años trasmitía y que hicieron que la mujer con quien amorosamente compartió hasta los últimos días de su vida, Ángela ( Lilla),  confesara que  una de las cosas que más  le habían hecho perpetuar su amor por el “Viti”  fue “su propósito permanente por aconsejar a los jóvenes”.

Coincidencial y misteriosamente, quizá por designios de Dios, los corazones del “Viti” y “Lilla” dejaron de latir el mismo día 17 de Febrero de este 2017. Él a los 106 años y ella a los 94. Definitivamente se cumplió lo que él tanto nos repetía, que “ el amor y la muerte son engendros de la suerte”…

 

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