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Uribe-Petro

Abundan las diferencias entre Uribe y Petro, polos opuestos, irreconciliables.

Por Jorge Guebely

Uribe no es un hombre, es un sistema. Su voz armoniza entre latifundistas, banqueros, grandes empresarios, narcotraficantes de las élites, clanes regionales, ejércitos oficiales y privados. Resuena bien en nuestro sistema plutocrático de estirpe conservadora, el auténtico poder político y económico que finge democracia.

Ningún otro político con tanta credibilidad entre plutócratas. Ni Germán Vargas Lleras despierta suficiente confianza, ni Sergio Fajardo convence con su equilibrio de circo. Cualquier candidato con aspiraciones reales a la presidencia debe contar con Uribe, ser ungido por él, por ser la voz patentada del sistema plutocrático. Nada de extraño que le compren la candidatura de Tomás Uribe.

Petro, por el contrario, no es un sistema sino un hombre, un solitario, un héroe de novela romántica. Ningún sistema político, económico, cultural, lo sostiene. Sólo cuenta con un discurso brillante, con diagnósticos adecuados de la Colombia actual, con propuestas dignas para el siglo XXI, propuestas que no interesan a la plutocracia conservadora. Cuenta también con algunos intelectuales y el apoyo de muchos excluidos. Actúa como un Robin Hood, el insurrecto medieval que robaba a la aristocracia para compartir con los campesinos, vieja publicidad arquetípica de los primeros atisbos del liberalismo original. Quiere regular a los ricos para mejorar a los pobres, pero los pobres están amordazados ideológica y económicamente por los ricos. Lo han convertido en publicidad demoniaca, en castrochavista; sistema tan malsano como la plutocracia conservadora.

Como Petro, se multiplican los héroes románticos en la oposición, redentores aislados. Jorge Robledo, otro cargado de buenas intenciones, otro solitario con sus honestas banderas bajo el brazo. Robin Hood fue Humberto de la Calle en las elecciones pasadas; abandonado, sus copartidarios adhirieron al sistema, a la plutocracia nacional que era más rentable, pagaba mejor la sumisión.

Poco importa la proliferación de robinhoods en la oposición, todos marcharán al desbarrancadero y, con ellos, la esperanza de un pueblo. Pagarán muy caro sus excesos de individualidad, su pasión por el autoelogio, su patológica importancia personal. Sufrirán la incapacidad de crear un sistema político, económico y cultural. Un sistema capaz de superar la manía de ganar elecciones y se dedique mejor a ganar corazones de colombianos. Uno que sea anti-plutocrático, auténticamente democrático, con rostro humano, para que tengan posibilidad de incidir en un destino amable para los colombianos.

Adenda: Celebro la renuncia del senador Rodrigo Lara Restrepo a Cambio Radical. La descendencia de un hombre tan brillante como Rodrigo Lara Bonilla no persistiría por siempre en el equívoco.

jguebelyo@gmail.com

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