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Una tarde maravillosa con el maestro Alfredo Gutiérrez

Por Ricardo Bustamante

El único “culpable” de lo que se avecinaba fue el escritor, profesor, periodista, facilitador cultural y mejor amigo Fausto Pérez Villarreal, dos veces ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar. Yo estaba tranquilo en mi aposento hogareño y el amigo me escribió para decirme que iba a pasar por mi apartamento. Le respondí que era una excelente idea.

Al mediodía, al filo de las 12, me envió un texto en el que me informaba que estaba en el Centro Comercial Viva. Llovía de manera ininterrumpida en Barranquilla. Por supuesto, no iba a dejar que a mi amigo le cayera una gota de agua lluvia en su testa que le produjera un resfriado no buscado. Encendí mi carro y lo recogí. Almorzamos, vimos videos musicales en YouTube y escuchamos su canción predilecta: “El verano”, de Leandro Díaz, interpretada en la mejor versión por Alejo Durán.

De pronto le hablé a Fausto de Juan Sajona, novicio y extraordinario acordeonero, que desde hace unos meses vengo siguiendo por su maestría en la ejecución. El amigo me dice que conoce tanto al papá de Sajona como al propio artista. Los llamamos por celular y acordamos vernos pronto. En mi caso, para hacerle a Juan una crónica para La Cháchara.

En un momento de la conversación con Fausto, le pregunté para dónde se dirigía, y él me dijo que para la casa del maestro Alfredo Gutiérrez; siendo yo amigo de Alfredo y su familia, le pedí a Pérez Villarreal: “Hombre, yo te acompaño, que hace rato no veo a mi amigo Trirrey vallenato”. Allá, a la hermosa casa de Alfredo y Chila, tipo 3 de la tarde del 2 de febrero de 2026, fuimos a parar.

Diva, de Caracol, en la casa de Alfredo

La ocasión era maravillosa. La gran presentadora y periodista de Caracol Televisión, Diva Jesurum, iba a entrevistar tanto a Alfredo como al excelente músico, arreglista y productor Ismael Rudas, también al extraordinario cantante y empresario José Luis Morrón, y al mismo Fausto Pérez, con motivo de homenajear a Aníbal Velásquez y a Aniceto Molina.

Lo que comenzó como formales entrevistas, incluidos cambios de escenografía y vestuarios por parte de los entrevistados —ya que la amplia y bella casa de Chila y Alfredo es ideal para esos menesteres—, se fue convirtiendo en una hermosa e inolvidable tarde donde floreció la alegría y primó un entusiasmo genuino. Afuera, y desde el día anterior, llovía a cántaros y había en el ambiente un frescor primaveral.

Como uno de los homenajeados por Diva era Aníbal Velásquez, mi mente lo unió con Juan Sajona, ya que el joven acordeonero viene con notable destreza interpretando los más rutilantes éxitos de El Mago del Acordeón, como se le conoce a Aníbal. Le escribí a Juan para que llegara, y a la media hora se presentó con su padre, Balmer Sajona.

Ante mi insistencia, el profesor Fausto Pérez Villarreal le habló a Diva para que incluyera a Juan Sajona en las entrevistas relacionadas con el homenaje a Aníbal. La presentadora aceptó de muy buena gana y Juan, prontamente, aparecerá en el programa de televisión Se dice de mí.

La alegría de Alfredo en familia

Alfredo Gutiérrez estaba muy alegre e interpretó varios de sus aclamados temas. No se quitó el acordeón del pecho. Muy emocionado estaba. José Luis Morrón, con su garganta prodigiosa, nos interpretó el bello tema musical “Una aventura más”, de Luis Egurrola, y llevado al acetato por Jorge Oñate; Ismael Rudas, muy animoso y feliz por su reencuentro con el maestro Alfredo, se desparramó en anécdotas y cuentos. Ismael es muy bueno para una parranda, así no toque el acordeón. Su gracia es natural y su tono de voz se presta para ser escuchado.

Juan Sajona, nervioso y maravillado al principio por tener a uno de sus ídolos a su lado, viéndolo y analizando su toque, ejecutó dos temas musicales del Trirrey. Al maestro Fausto, observándolo desplazarse como pez en el agua, de aquí para allá, preocupado por todo, facilitándole la tarea a Diva y al camarógrafo, le sugerí un nuevo cargo laboral: Coordinador Regional y Reportero de Caracol Televisión. Fausto es el preciso. Ni mandado a hacer.

Chila Moscote de Gutiérrez es un sueño de mujer y de anfitriona; pendiente de todo, del mínimo detalle, complaciendo a los invitados y preocupada porque todos estén bien. Café, gaseosa, carimañolas, deditos y más calmaron el estómago de nosotros, los asistentes. Einer, todero y colaborador del hogar, pendiente en todo momento del cambio de acordeones del maestro Alfredo Gutiérrez.

Para cerrar con broche de oro la hermosa vespertina, llegó la bella y siempre joven Noris Cecilia Gutiérrez, hija y mánager de Alfredo.
Gracias, Chila. Gracias, Alfredo. Gracias, Noris Cecilia… Gracias a la distancia, Alfredo Rolando, y gracias, maestro Fausto Pérez Villarreal. De recuerdo están las fotos y los videos.

Sobre el autor

Autor periodístico y literario nacido en Barranquilla. Bachiller del Colegio San José S.J., abogado con especialización en Derecho Laboral y Penal. Ejerció como catedrático Universitario y Operador Judicial. Desde 2020 pensionado.
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