Toby, o Pirry, es un perro callejero adoptado al mismo tiempo por dos familias. Por eso tiene dos nombres y en cada casa solo responde al que allí le pusieron.
Por Francisco Figueroa Turcios
Desde el mismo día de nacido se pudo percibir que ‘Toby’ vino al mundo con una estrella: su madre,’Muñeca’ era una perra callejera a la que le tocó parir en medio del monte que rodeaba la calle 91 con la cra 72A (Barrio Villa Carolina, en Barranquilla).
Ella tuvo siete perritos, pero en la noche, aprovechando que Muñeca había salido a buscar comida, dos zorros se dieron un buen banquete con sus cachorros. Solo se salvó Toby, que intuyó el peligro y se escondió en la oscuridad dentro de una hojas secas. Cuando su madre regresó, encontró la tragedia, solo halló parte de los cuerpos de sus hijos alrededor de la guarida. Con los primeros rayos del sol comenzó a buscar a ver si se había salvado alguno, el palpito no le falló: descubrió a Toby agazapado, temblando de frío y de miedo.
Muñeca lo tomó en su boca y lo sacó de la zona enmontada para evitar que volvieran los depredadores y lo mataran.
Rosalba Miranda, una vecina del sector, fue testigo del drama que vivió Muñeca porque esa perra callejera siempre merodeaba por su casa cuando estaba preñada y ella le daba de comer..
Toby comenzó a crecer al lado de su madre, pero a los pocos meses un carro atropelló a Muñeca, quedando huérfano, por lo que a partir de ese día le tocó afrontar la vida solo, recorriendo de arriba a abajo las calles de Villa Carolina.
Hace cuatro años, en sus recorridos por las calle de Villa Carolina, Toby descubrió el restaurante ‘Mama Mía’, y todos los mediodías se acercaba para buscar algo de comer.
Toby encontró en ese restaurante a su padre adoptivo, Víctor González Solano, el reconocido comunicador social y periodista, hoy director de Radio Uniatónoma Stereo 94.1.
«Llegué a almorzar con mis hijas Natalia y Angela, cuando estábamos esperando que nos atendieran vi el perro que se paseaba como para hacerse notar, intuí que tenía hambre, y sin pensarlo dos veces compartí mi comida con él. Se quedó allí tranquilo, esperando que nosotros termináramos. El perro, muy inteligente, tenía el propósito de identificar dónde vivíamos. Seguro que ya nos había olido porque yo vivo frente al restaurante, y nos siguió hasta la casa. Le brindé confianza y cariño, por lo que él entendió que había encontrado el hogar que estaba buscando».
Una de las hijas de Víctor, Ángela, decidió llamarlo Toby. A los pocos días se ganó el afecto de todos en la casa y se convirtió en un miembro más del hogar, «compartiendo nuestro amor con ‘Tacha’ una perra labradora que ya teníamos», relata Víctor.
«Cuando yo salía para el trabajo, Toby me acompañaba a la estación hasta que tomaba el bus, pero días después descubrí que no regresaba a mi casa, por lo que decidí seguirle la ruta que tomaba y era que tenía otro hogar, donde la señora Rosalba Miranda,que vive a tres cuadra de mi casa».
La sorpresa mayor de Víctor es que en casa de su vecina, Toby no era Toby; se llamaba Pirry. «El colmo es que para seguirle el juego a la vecina lo llamé por el nombre que ella le puso, y no me prestó atención, pero si lo hacia por Toby, inmediatamente reaccionaba. Saque la conclusión de que el perro se había instalado un chip para mi familia y otro para la señora Rosalba».
Al principio, el esposo de Rosalba, William Altamar, no compartía eso de tener un perro en la casa, «por eso no gustaba de Pirry, pero ese cachorro es muy astuto y se ganó el cariño. Hoy es el rey en la casa» señala Rosalba Miranda entre risas.
Toby, o Pirry, comparte su tiempo entre las dos casas. Él mismo calcula cuándo está Víctor para estar con él y aprovecha cuando el reconocido locutor, director del programa dominical «Viaje latinoamericano», sale a trabajar o a un viaje, para ir a la vivienda de Rosalba Miranda.
Así, se dice que un gato tiene siete vidas. Toby, que fue el único de sus siete hermanos que no cayó en garras de los zorros, parece que también. Y además tiene dos chip.











