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Sicario confiesa participación en muerte de Juan Pablo I

Por Chachareros/semana.com/elpaís.es/NYT [caption id="attachment_110335" align="aligncenter" width="900"] Albino Luciani, quien al ser ungido como Sumo Pontífice asumió el nombre de Juan Pablo I, apenas pudo disfrutar de su papado 33 días. Fue víctima de un complot orquestado por Paul Marcinkus.[/caption] En su libro, próximo a salir, ‘Cuando la bala golpea el hueso’, el mafioso neoyorquino, Anthony Raimondi, primo del Cardenal Paul Marcinkus y sobrino del ‘Padrino’ de la mafia de Chicago Charles ‘Lucky’ Luciano, contará toda la verdad sobre las causas y motivaciones de la extraña muerte del Papa Juan Pablo I a solo 33 días de haber sido ungido como el Sumo Pontífice de la Iglesia Católica. Anthony Raimondi, un antiguo miembro de la mafia neoyorquina, afirmó haber ayudado en el asesinato y confesó el motivo por el que atentaron contra el pontífice luego de solo 33 días de ser proclamado. El homicidio por envenenamiento con cianuro ocurrió en la noche del 28 de septiembre de 1978. Tras la autopsia los galenos dictaminaron como causa del fallecimiento: “Infarto agudo del miocardio”.

Era el reemplazo de Pablo VI

Tras la muerte del papa Pablo VI, la Iglesia Católica necesitaba un nuevo aire y el elegido para cumplir este cometido fue Albino Luciani, que decidió que su nombre papal fuera Juan Pablo I. Pero solo 33 días después de ser proclamado, el nuevo pontífice falleció en extrañas circunstancias que aún siguen siendo un misterio después de más de 40 años. Anthony Raimondi, un miembro de la mafia italiana en Nueva York, confesó haber participado en el supuesto asesinato y presenciar la muerte del pontífice en el Vaticano en 1978. En una entrevista con el New York Post, Raimondi hace adelantos de su libro ‘When the Bullet Hits the Bone‘ (Cuando la bala golpea el hueso), en el que hace un relato de la muerte de Juan Pablo I.

¿Fue asesinado Juan Pablo I?

Según Raimondi, su participación en el crimen empezó cuando fue contactado por su primo, el cardenal Paul Marcinkus, quien dirigía el Banco Vaticano. Según Raimondi, su papel era memorizar los hábitos del papa para saber cuál era el mejor momento para darle una fuerte dosis de Valium para luego envenenarlo con cianuro. «Estaba parado en el pasillo afuera de las habitaciones del Papa cuando se sirvió el té (en el que estaba el Valium)», dijo Raimondi.

“Ni un terremoto lo despertaba”

No se hubiera despertado «incluso si hubiera habido un terremoto», agregó el hombre que explicó que Marcinkus «colocó el gotero en la boca del papa y lo apretó». Luego, un asistente del papa se percató de la situación y pidió ayuda. Los primeros en llegar fueron Marcinkus y dos de sus cómplices que actuaron como si estuvieran sorprendidos de encontrar al pontífice al borde de la muerte. «Hice muchas cosas en mi vida, pero no quería estar allí en la habitación cuando mataron al Papa. Sabía que me compraría un viaje de ida al infierno”, explicó el mafioso. Marcinkus y otros involucrados le pidieron a Raimondi que ante Dios manifestara que el Papa no había sufrido.

“Mi hermano presentía su muerte”

[caption id="attachment_110338" align="aligncenter" width="495"] Paul Marcinkus, ‘el malo de la película’, murió de muerte natural , después de haber salido libre de varios juicios en distintos países europeos.[/caption] En ese momento, un médico del Vaticano dictaminó que Juan Pablo I había sufrido un ataque fulminante al corazón. Pero siempre existieron sospechas sobre un posible caso de asesinato. El motivo por el que atentaron contra el pontífice tuvo que ver con un fraude multimillonario en el que Marcinkus estaba implicado como director del Banco Vaticano. De acuerdo con el relato de Raimondi, por medio del Banco Vaticano se habían vendido certificados falsos de acciones de grandes compañías estadounidenses como IMB, Coca Cola e IBM a compradores ingenuos por valor de USD 1.000 millones. Cuando Juan Pablo I asumió su cargo prometió destapar este caso de corrupción expulsando a todos los implicados, que habrían sido «la mitad de los cardenales y obispos en el Vaticano», dijo Raimondi que se retiró de la mafia y en la actualidad lucha contra un cáncer. De acuerdo con el hombre, después de concretar su acto criminal se quedó junto a sus secuaces y se dio cuenta de la vida de lujos que vivían los miembros del clero. «Nos quedamos y festejamos durante una semana con cardenales vestidos de gala y muchas chicas. Si tuviera que vivir el resto de mi vida en la Ciudad del Vaticano, hubiera estado bien conmigo. Fue una instalación. Todos mis primos condujeron Cadillacs. Estaba equivocado, pensé. Debería haberme convertido en cardenal”, dijo al NY Times. Raimondi, que era sobrino del padrino Charles ‘Lucky‘ Luciano, contó que  Juan Pablo II fue persuadido con la muerte de su antecesor y de esa manera lo obligaron a guardar silencio sobre el multimillonario fraude. Este no es el único relato que señala que la muerte de Juan Pablo I no fue un acto de Dios sino que se trató de un asesinato. En el libro ‘El día de la cuenta’, del sacerdote español Jesús López Sáez, se dice que el sumo pontífice fue envenenado con una fuerte dosis de un vasodilatador. Además, en l investigador inglés David Yallop señala que hubo un envenenamiento en el que se aliaron miembros del Vaticano y mafiosos estadounidenses. Mientras tanto el teólogo italiano Gianni Gennari sostiene que Juan Pablo I, Papa Albino Luciani, murió «por haberse equivocado en la dosis de calmante que tomó entre la noche del 28 y 29 de septiembre de 1978».

El ‘suicidio’ del banquero asesinado

[caption id="attachment_110339" align="aligncenter" width="398"] Finalmente quien pagó por toda la corrupción originada en el Banco Ambrosiano, fue Roberto Calvi, conducido con engaños a Londres, ahorgado en un barco y colgado de un puente para encubrir el crimen como un suicidio.[/caption] Nunca se sabrá quién mató a Roberto Calvi, el banquero de Dios. Recicló dinero de la Mafia, financió las operaciones anticomunistas del Vaticano en Polonia y América Latina, se asoció con la logia masónica P2 y promocionó con grandes sumas el irresistible ascenso político del socialista Bettino Craxi. Sabía demasiado. Trece días antes de ser ahorcado, Calvi envió una carta al Papa en la que prometía callar Calvi y el arzobispo Paul Marcinkus, el ‘banquero del Vaticano’, tuvieron una estrecha relación. Un amigo personal de Juan Pablo II (sucesor del asesinado Juan Pablo I), compró los documentos que había tenido Calvi El 5 de junio de 1982, Calvi envió una carta desesperada a Juan Pablo II en la que garantizaba al Papa que no revelaría nada de lo que había hecho «en interés de la Iglesia». También le ofrecía «importantes documentos». La carta no tuvo respuesta. El cadáver de Calvi apareció colgado del puente londinense de Blackfriars sobre el río Támesis dos semanas después, el 18 de junio de 1982.

¿Fue un suicidio obligado?

La policía británica cerró el caso como suicidio, pero lo reabrió años más tarde y dictaminó que fue un asesinato. Un tribunal romano absolvió el pasado miércoles, por falta de pruebas concluyentes, a cuatro acusados de participar en el crimen. El caso no está cerrado, porque los fiscales, probablemente, apelarán. Hay, además, otro proceso en marcha, en el que figura, como presunto autor intelectual del asesinato, el fundador de la Logia P2, Licio Gelli. Pero han pasado ya 25 años, los principales protagonistas de la época han fallecido y todo aparece cada vez más oscuro. La muerte de Calvi está destinada a ser uno de los grandes misterios del siglo XX. Roberto Calvi (Milán, 1920) ingresó a los 27 años en el Banco Ambrosiano, fundado en 1896 por el eclesiástico Giuseppe Tovini y controlado durante décadas por el Arzobispado de Milán. El Ambrosiano ya era una entidad privada, pero seguía siendo conocido como «el banco de los curas». Calvi desempeñó un papel relevante en la internacionalización del Ambrosiano con la constitución de filiales en paraísos fiscales como Bahamas, accedió a la dirección general en 1971 y lo convirtió en el mayor banco privado italiano. Uno de los motivos de la rápida expansión del Ambrosiano fue la relación de Calvi con Michele Sindona (Messina, 1920), el banquero de la Mafia. Sindona tenía abiertas las puertas del Vaticano gracias a su condición de asesor oficioso del papa Pablo VI en cuestiones económicas (aún no eran públicas sus conexiones mafiosas) y trató de crear con Calvi algo parecido a un frente bancario católico, capaz de rivalizar con la banca público-laica. Calvi y Sindona se distanciaron poco después. Para entonces, Calvi contaba ya con un nuevo aliado: el arzobispo Paul Marcinkus (Chicago, 1922), director del Instituto de Obras de la Religión (IOR), el banco del Vaticano. El IOR, fundado como Comisión para las Causas Pías por León XIII, en 1887, se había convertido en un banco importante y muy especial por dos circunstancias históricas. La primera ocurrió en 1929, cuando los Pactos Lateranenses garantizaron la soberanía pontificia sobre unas pocas hectáreas alrededor de la basílica de San Pedro, e indemnizaron a la Santa Sede por la pérdida de los antiguos Estados Papales. El dinero de la indemnización proporcionó una enorme liquidez al IOR, que empezó a invertir sin demasiados escrúpulos (financió, por ejemplo, la mayor parte de la munición empleada por las tropas de Mussolini en sus campañas africanas). La segunda circunstancia fue una ley italiana de 1962 que impuso a la Iglesia católica cargas fiscales sobre los rendimientos accionariales. El IOR reaccionó desplazando al extranjero la mayor parte de sus actividades.

El malo de la película

Paul Marcinkus llegó a Roma en 1950 para estudiar Derecho Canónico. Hizo rápidamente amistades en la curia, muy especialmente la del arzobispo Montini, secretario de Estado, que le acogió en la sección inglesa de su departamento. Pocos años después de convertirse en Papa, Montini encomendó a Marcinkus la organización de sus viajes (en uno de ellos, en Manila, Marcinkus evitó con grandes reflejos que el pontífice fuera apuñalado por un demente), le nombró obispo en 1968 y en 1971 le asignó la dirección del IOR. El obispo Marcinkus y el banquero Calvi establecieron una relación estrechísima. Calvi se acostumbró a asesorar a Marcinkus y a cubrir las pérdidas en que incurría regularmente: al director del IOR no le gustaba invertir, sino jugar en Bolsa. Ninguno de los dos hacía ascos al reciclaje de dinero mafioso a través de su red bancaria internacional. Les protegía Licio Gelli, un personaje singular e influyentísimo. Gelli era gran maestre de la Logia P2, una organización semiclandestina convertida casi en un Estado paralelo, cuyo objetivo final era la implantación de un régimen autoritario en Italia. La P2 gozaba de crédito ilimitado en el Ambrosiano. También recibía del banco millones a fondo perdido un dirigente socialista, Bettino Craxi, que se convirtió en los años ochenta en la figura hegemónica de la política italiana. El brevísimo papado de Albino Luciani, Juan Pablo I, fue un mal momento para la pareja Calvi-Marcinkus. Luciani, como ex patriarca de Venecia, sabía cómo funcionaban las cosas en el banco vaticano. Quizá como Papa descubrió algunos detalles especialmente alarmantes. Su inesperada muerte, y el hecho de que no se le practicara la autopsia al cadáver, suscitó enormes especulaciones. Se habló de asesinato y Marcinkus fue de inmediato el principal de los sospechosos. Libros como En nombre de Dios, de David Yallop, y ficciones como la película El Padrino III abonaron la tesis de la conspiración homicida.

Aterrizó Juan Pablo II

La llegada al papado de un polaco, Karol Wojtyla, cambió radicalmente la situación. Juan Pablo II estaba muy vinculado al Opus Dei, una organización religiosa en situación precaria (Pablo VI detestaba al Opus y no había querido concederle una posición autónoma en la jerarquía eclesial) pero económicamente potente. El Opus Dei, visto como una fuerza conservadora desde el punto de vista religioso, insistía en que los liberales como Marcinkus abandonaran el IOR; al margen de cuestiones religiosas, el mundillo económico vinculado al Opus sabía que el IOR iba al desastre y, según numerosos testimonios incluidos en el sumario del caso Calvi, se ofrecía a enderezar los balances. Para Juan Pablo II, sin embargo, la máxima prioridad era la lucha contra el comunismo. El Vaticano empezó a enviar sumas ingentes al sindicato polaco Solidaridad y a organizaciones anticomunistas centroamericanas. Cuando el IOR no podía (por falta de recursos o para mantener un mínimo de discreción) ocuparse directamente de las transferencias, Calvi y el Banco Ambrosiano se hacían cargo de la tarea. El IOR llegó a acumular con el Banco Ambrosiano una deuda superior a los 1.200 millones de dólares, nunca reembolsados. [caption id="attachment_110337" align="aligncenter" width="696"] Juan Pablo I, el Papa de más corto tiempo en el Palacio Apostólico de la Ciudad del Vaticano.[/caption] El agujero creado en el Ambrosiano por las necesidades de Marcinkus (y del propio Papa) empezó a descubrirse en 1981. Calvi sufrió una primera condena de cuatro meses en arresto domiciliario por delitos monetarios. El banquero, acosado, se convenció de que sólo un acuerdo con el Opus Dei podía salvarle. Pensaba que el Opus era capaz de movilizar el dinero suficiente para recapitalizar el IOR y devolver el dinero debido al Ambrosiano; a cambio, la Obra podría asumir un control directo sobre el IOR y las finanzas vaticanas. La idea figura en muchas de las cartas escritas por Calvi en esa época. No existen pruebas de que el Opus Dei participara en el proyecto de salvamento. El 11 de junio de 1982, Roberto Calvi abandonó Italia desde Trieste, a bordo de un yate. La nave atracó en Isola (Yugoslavia) y el banquero tomó un avión privado hasta Klagenfurt (Austria). Llevaba un pasaporte falso a nombre de Gian Roberto Calvini que le había proporcionado Ernesto Diotallievi, uno de los jefes de la criminalidad común romana. Con Calvi viajaban Flavio Carboni, empresario de la construcción y ex socio de Silvio Berlusconi en Cerdeña, y Silvano Vittor, contrabandista italiano asentado en Yugoslavia. Calvi quería ir a Zúrich. Carboni y Vittor le convencieron de que tomara otro avión privado y se dirigiera a Londres. Los dos acompañantes le buscaron alojamiento en el Chelsea Cloister, un deteriorado edificio de apartamentos, más propio de estudiantes que de banqueros. Calvi dedicó su última semana de vida a atesorar documentos comprometedores para numerosas personas e instituciones. Esperaba una respuesta a la carta que había enviado a Juan Pablo II, en la que le advertía contra «los enemigos internos» dirigidos, según él, por el secretario de Estado, cardenal Agostino Casaroli. Confiaba aún en salvar el Banco Ambrosiano y su propia vida. El 18 de junio, Carboni y Vittor le dejaron solo en el Chelsea Cloister. La última persona que vio a Roberto Calvi fue el pintor Cecil Gerard Coomber, residente en el edificio. Hacia las diez de la noche del día 17, el pintor se cruzó por el pasillo con el banquero, a quien acompañaban dos hombres que hablaban italiano. A las 7.30 del día 18, un empleado del diario Daily Express descubrió un cuerpo que colgaba del puente de Blackfriars. La policía comprobó que se trataba de Roberto Calvi. Llevaba encima dos relojes Patek Philippe y 15.000 dólares en divisas. Cargaba con cinco kilos de piedras en los bolsillos de la chaqueta y en los pantalones. El primer informe forense dictaminó con rapidez que se trataba de un suicidio por ahorcamiento. En 1988, sin embargo, los tribunales británicos e italianos establecieron que Roberto Calvi había muerto asesinado. Carboni, Vittor, Diotallievi y un dirigente mafioso, Pippo Caló, además de una novia de Carboni, fueron acusados de homicidio. Según la Fiscalía de Roma, los cuatro acusados tramaron un plan y crearon las condiciones para que dos ejecutores desconocidos, de acuerdo con la banda, cometieran el crimen. Siempre según la hipótesis de los fiscales, los dos desconocidos convencieron a Calvi de que les acompañara hasta un barco que, a través del Támesis, llevaría al banquero a alta mar y a América del Sur, donde estaría seguro. Todos los indicios apuntan a que Calvi fue, en efecto, embarcado en una nave. Debió de morir en ella, estrangulado. Luego fue colgado del puente. Como la marea estaba alta, el cuerpo se hundió en el agua hasta las axilas.

Los cinco acusados han sido absueltos

El Opus Dei fue convertido en Prelatura personal meses después de la muerte de Calvi. Casi al mismo tiempo, un amigo personal de Juan Pablo II, el eclesiástico Pavel Hnilica, compró a Carboni los «documentos comprometedores» que guardaba Calvi antes de morir. No se supo más de ellos. Hnilica murió el año pasado. En 1987, la policía italiana emitió un mandato de captura contra Paul Marcinkus, acusado de fraude y estafa: Marcinkus exhibió su pasaporte vaticano, que le hacía inmune a la justicia, y siguió al frente del IOR hasta 1989. Desde 1991 fue presidente de la Comisión Pontificia para el Estado de la Ciudad del Vaticano. Se jubiló en 1997 y murió en Arizona dos años después. Bettino Craxi murió exiliado en Túnez en 2000. Licio Gelli, de 88 años, varias veces condenado por numerosos delitos, permanece en arresto domiciliario a la espera de juicio por el caso Calvi.]]>

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