Robinson Pitalúa Támara nació en Montería el 3 de septiembre de 1964 y murió en Miami el 22 de septiembre 1985. Serie:Historias Secretas.
Por: Francisco Figueroa Turcios

¿Qué pudo haberle sucedido a Robinson Pitalúa Támara al lanzarse en aquel lago artificial donde murió?
A partir de 1985, para la familia Pitalúa Támara, septiembre se volvió un mes negro por la trágica muerte de Robinson, una de las grandes revelaciones del boxeo colombiano en la década de 1980. Son treinta años de «septiembre negro».
Las oscuras circunstancias que rodearon su muerte el 22 de septiembre 1985 fueron objeto de investigaciones. La primera versión fue que el pugilista monteriano murió ahogado en un lago artificial en Miami tras padecer de espasmos musculares que le impidieron nadar, pero más adelante las investigaciones vincularon manos homicidas con el hecho.
Lo que más atormenta a su familia y a sus amigos treinta años después es que no hubo claridad meridiana sobre su trágica muerte de este gran boxeador colombiano. Su carrera profesional fue corta, pero muy fructifera:en diciembre de 1980 se coronó campeón nacional gallo en los XI Juegos Deportivos Nacionales realizados en Neiva. Además, fue declarado el boxeador más técnico del certamen.
Entre los logros más importantes están: plata en los IX Juegos Bolivarianos de 1981; noveno en el III Campeonato Mundial de Munich en 1982; oro en el Torneo Intercontinental realizado en Colorado Springs; plata en el II Campeonato Suramericano de Boxeo de 1983; bronce en los IX Juegos Deportivos Panamericanos de Caracas; campeón nacional en 1981, 1982 y 1984; oro en el Festival Olímpico de México en 1984 y quinto en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, luego de haber perdido una pelea muy polémica y criticada ante el italiano Maurizio Stecca. La verdad es que, según los comentaristas más expertos, incluidos los propios italianos, Robinson dio una excelente muestra de buen boxeo y se mostró como el envidiable estilista que era.
Después de su participación en Los Ángeles 84, decidió saltar al profesionalismo.
Debutó el 23 de noviembre de 1984 en el Estadio 18 de Junio de Montería ante el cartagenero Manuel Mendoza y ganó por nocaut en el segundo asalto. Posteriormente derrotó a Ricardo José Salazar, Manuel Zalguedo y Luís Berrío. Esta serie de triunfos llamaron la atención de los empresarios Tuto Zabala, Jairo Espinosa y Chiche Godoy, quienes se lo llevaron para Miami en julio de 1985, donde se puso a disposición del entrenador argentino Amilcar Brusa. Iba a hacer su debut norteamericano en la pelea mundialista entre Daniel Zaragoza y Miguel Lora, pero se enfermó y no apareció sino hasta el 23 de agosto frente al nicaragüense Mauricio “Cocoa” Guadamuz, a quien derrotó al 1:23 del segundo asalto. Un mes después, el 20 de septiembre de 1985, realizó su sexto combate profesional frente al puertorriqueño Julio César “Tarzán” González, a quien le ganó por decisión en seis asaltos.
Dos días después de su triunfo ante “Tarzán” González decidió irse a pescar con un amigo a un lago artificial ubicado en la parte trasera del apartamento donde vivía. Se embarcaron en un bote de hule y, a unos 25 metros de la orilla, Robinson se lanzó a nadar. Fue la última vez que lo vieron con vida. Entonces empezaron a buscarlo, primero en los alrededores del lago, después en la casa y más tarde en el vecindario, pero no apareció sino hasta el día siguiente, cuando los buzos de la policía de Miami lo rescataron del fondo del lago.
No falló el palpito de los padres

Rafael Pitalúa, a pesar de su rostro adusto, predica que a su hijo Robinson hay que recordarlo con alegría.
El palpito de sus padres Rafael Pitalúa y María Elena Támara, no falló cuando ellos se oponían a que Robinson practicara el boxeo. Treinta año después todavía retumban en la mente de Rafael el diálogo que él inicialmente sostuvo con Robinson para persuadirlo que no practicara este deporte y más tarde con el entrenador Pedro Vanegas para impedir que no fuera a Pereira.
«Usted no va para ningún Pereira porque no me gusta!», le respondió Rafael a Robinson cuando le anunció la noticia que había sido seleccionado para ir por Córdoba al Torneo Zonal Juvenil de Boxeo.
-Pero papá ¿por qué no?
-Ombe Robinson ,¿cuántas veces más quieres que te lo digamos, ah? Tu mamá y yo estamos cansados de decirte que no queremos que seas boxador. Mírate, carajo, tú eres un tipo blanco, simpático, buena presencia, te pueden dañar la ñata como a José María (hermano de Robinson), ese es un deporte muy peligroso, para negros».
-¡Papá, es que yo voy a ser campeón mundial!.
-«¡Qué campeón mundial ni qué nada! Usted tiene que estudiar, mijo, prepararse para que no le toque duro en la vida».
-¡Pero, papá!…
-Bueno,ya le dije que no.¡No va! ¡Se acabó,jéee!
Robinson no argumentó más, pues siempre profesó un respeto inquebrantable hacia sus padres.
Pero el jóven pugilista reservó su último y mejor cartucho para el día siguiente, cuando le comentó a Pedro Vanegas (su entrenador), que su padre no le había dado permiso para viajar a Pereira.

Pedro Vanegas, entrenador: «Desde el primer día que lo vi predije que ese muchacho sería grande en el boxeo».
Tratando de resolver el permiso del viaje entre adultos, Pedro Vanegas se fue a la casa para conversar personalmente con Rafael Pitalúa, quien en un principio no se movió ni un milímetro de la raya.
-Ombe Pitalúa, caramba, déjame ir a Robinson, yo tengo muchas esperanzas en él-réplicó el entrenador.-No.¿No va!, ratificó.
-Ombe Pitalúa dejalo ir…insistió
-Pedro ¿y pa qué te vas a llevar a ese pelao para allá? Robinson no sirve para eso...
-Nombe Pitalúa no digas eso ombe. Robinson es el mejor boxeador que hay en la liga de Córdoba actualmente. Dejaló ir, ya verás cómo sale adelante.
Ante la tenacidad de Pedro Vanegas,don Rafael meditó un momento el asunto. Tomó un segundo aire como esos buenos boxeadores. Cambió de semblante.Relajó sus músculos. Miró a Vanegas fijamente a los ojos y le dijó con vehemencia.Yo lo dejó ir, pero cuidame a Robinson.Te lo encargó.
Pedro Vanegas,no estaba equivocado de la capacidad boxística del joven pugilista monteriano y en su debut en el I Zonal Campeonato Zonal Juvenil, que se realizó en octubre de 1980, demostró que surgia en el firmamento boxistico a nivel nacional una nueva estrella: obtuvo tres victoria por la vía del nocaut.
Un día después de clausurado el zonal en Pereira, Rafael Pitalúa que estaba en la puerta de su casa aceitando el camión,cuando escuchó la voz inconfundible de su séptimo Robinson quien traía colgada del pecho la medalla de oro. Don Rafael fue emocionado al encuentro de su hijo lo abrazó y llamó a su esposa.

Don Rafael Pitalúa, debido a un problema en una pierna, no puede caminar largos trechos, por lo cual evangeliza sentado en la terraza enrejada de su casa.
Desde hace treinta años Rafael Pitalua está aferrado a la misericordia de Dios para que le sane la herida en su corazón por la pérdida prematura de sus dos hijos Rubén Darío, quien tenía 17 años ( murió en un accidente de transito el 12 de agosto de 1978) y Robinson Javier de 21 años ( murió el 22 de septiembre 1985). Hace quince años es "Testigo de Jehova". hace dos años al lado de sus hijos Zenón, Rafael Antonio, Amparo, Jorge, José María, Elías, María del Rosario, John Edison, Luisa María y María Elena, luchan por la recuperación de su esposa María Elena Támara que padece desde el 4 de septiembre de 2013 un accidente cerebro vascular. Tiene la parte izquerda del cerebro atrofiada que le afectó los movimientos en la parte derecha del cuerpo y, además, le causó la pérdida del habla, que ha logrado recuperar en un 60 %. Ella no puede caminar por lo que continua en terapias fisicas. Sin duda que septiembre es un mes negro para la familia Pitalúa Támara.
Rafael asiste a la Congregación "Testigos de Jehova" y además todas las tardes evangeliza sentado en la puerta de su casa en el barrio Nariño a todas las personas que pasan por esa calle. " Mi papá no sale a evagelizar puerta a puerta porque tiene un desgaste en la rotula de la pierna derecha que le impide caminar mucho", acota su Hija María del Rosario.
El odoltólogo Jaime Castro Nuñez, es uno de los abanderados para mantener vivo los recuerdos del éxitoso pugilista monteriano:escribió el libro títulado "La canción de Robinson Pitalúa" y en facebook tiene un grupo denonaminado "recordando a Robinson Pitalúa".
Rafael Pitalúa, hoy de la mano de Jehova,resalta que a Robinson hay que recordarlo con alegría por las grandes satisfacciones que le dió al mundo del boxeo y no se arrepiente de haber tomado la decisión de permitir que viajara a Pereira a representar a Córdoba en el Zonal juvenil, que marcó su hoja de ruta como boxeador.











