Este cuento de Carlos Polo recuerda el miedo de los falsos positivos, ahora que el General Mora pide que los militares condenados por estos crímenes sean liberados.
Por Carlos Polo
Jenny << No tiene por qué ser así, yo… necesito un tiempo… por qué haces todo tan difícil, no es nada de eso… >>
Gabriel << No sé, dime de una vez que estás saliendo con otro y ya, ¿Entonces qué, pobrecito, con mentiritas no le hago daño? Mira Jenny se me acaban los minutos y no creo que tenga dónde conseguir ahora para terminar de hablar bien… Pero listo si no quieres que llegue hasta tu casa pues no lo hago…pero… no sé…>>
Jenny << Cálmate… son muchas cosas, yo estoy aburrida, aburrida, nosotros no vamos para ningún lado, siento que todo este tiempo perdido para qué >>.
Gabriel << Ah, ahora es tiempo perdido, ahora estás aburrida, no me parece que me hagas semejante mierda y peor por teléfono y menos ahora, con todos mis problemas…>>
Jenny << Claro, es eso, problemas, problemas, uno se cansa, ya te dije que necesito espacio, que estoy cansada de lo mismo, no sale nada bien ¡No vamos para ningún lado Gabriel! Yo siento que soy yo la que te tiene estancado, simplemente me cansé, me duele que esto te haga daño, pero ¿Qué hago? (sollozos)… >>
Gabriel << Tranquila yo sabía que tarde que temprano esto me iba a explotar en la cara, sin trabajo, sin plata, sin una puta mierda que ofrecer, igual pensé que, qué carajos sé yo ya, lo único que sé es que te llevo atravesada en el alma… >>
Un poco de estática y ruido blanco se le queda clavado en la oreja, respira profundo, le traquean los dientes y se limpia un par de lágrimas imprudentes que se asoman a sus ojos. Se da vuelta medio furioso y como si cargara con el peso de un tractor en la espalda inicia el camino por la calle destapada, patea un par de piedras con el poco aliento que aún conserva y llora sin pudor mientras camina.
Ninguno de los pensamientos que lo asaltan le ofrece un rostro amable, deben en la tienda un montón, el vale ya no estira más y mucho menos la paciencia de don José. En su interior una voz le grita que Jenny ya no es suya, que otro, en breve, en menos de lo que sus peores temores le gritan, estará gozando del privilegio sagrado de sus besos y su cuerpo, se le enciman los dos meses atrasados de arriendo y la cara de mula de doña Venancia la dueña de la casa, los acosa a toda hora. Bien podría sobrellevar su pobreza, la falta de empleo, las calles peligrosas del barrio, las recriminaciones de su viejita, la ropa vieja, las medias descosidas, las humillaciones de los que tienen y sus privilegios, el barrio y su algarabía de galladas, guerra, pandillas y toda la basura que le rodea, pero ahora esto… reprime un impulso rabioso de su cuerpo que le impone el camino y lo lleva sin remedio donde no debe.
<< ¡Gabo! ¡Viejo Gabo! ¡Hey, pana! >>
Gabriel se apresura a borrar toda evidencia de llanto de su rostro y se detiene observando el pretil. El sobresaliente copete pintado de rojo de Pocho sube y baja en un movimiento repetitivo que indica que lleva en sus oídos uno de esos aparatos reproductores de música. Atraviesa la calle sorteando un par de charcos con pequeños saltos y abraza a Pocho como si en ello se le fuera el mundo.
<< Ajá Gaboman, oye, déjame respirar. Socio, ¿qué más de bueno? ¿Qué se dice? ¿Qué se hace? Ve y la monita tuya, que sol de nena, man, ¿Cómo anda todo? Ponte esto y escucha uf… volador. >>
—- Nombre Pocho no estoy para esas pendejadas, más bien cuéntame vos cómo andas, yo la verdad nada bueno, ni nuevo, ni nada de nada, pura pérdida viejito, eso es lo que es esta vida ¡Pura y física pérdida!—–
<< No, no, no Gaboman, ¿Otra vez bajoniao, socio? Ve, se sabe que no hay camellito, que el barrio está trinca y todo eso, pero vos con esa tremenda nena que te gastas y con esa cara de entierro socio, yo no entiendo. Ve, vamos un rato a la tienda del viejo Tato y te cuento un secretito ¿Vale? Anímate huevón >>.
El par de amigos se alejan por las calles empinadas y mal trajeadas de su barrio evitando charcos, troncos, piedras, basura y toda la miseria que compone un paisaje de olvido. Casuchas de tabla y zinc en medio de una pobreza gorda y mórbida, instalada a sus anchas destilando el mal olor de su halitosis en estado natural.
Gloria << Mijita ya yo tengo un susto, no sé, es como un presentimiento. Es que él no se pierde así, no, él llama por lo menos, mira, Alfonsito anda como loco preguntando en todo lado, ese pobre muchachito lleva dos días que no duerme, y dígame a mí ¿Ustedes estaban peleados? Él a mí no me cuenta nada ¡Por Dios que angustia! >>
Jenny << Señora Gloria yo… (Llanto) yo tampoco sé… nada, la última vez que hablamos yo… que le digo, nosotros… yo le había terminado, yo, yo, yo… no sé… él no me volvió a llamar… >>
Gloria << Pero mijita él no te dijo algo, que se quería ir algún lado, que se iba a perder así, dónde puede estar ese niño. Él estaba mal por la situación de la casa, porque nada le estaba saliendo como él quería. Qué más quisiera yo, tener un poder para darle todo, yo sé que estaba desesperado, que quería que la vida le cambiara, por ti, por nosotros, pero irse así sin avisar, sin decir nada. Mijita, se me acaban los minutos… >>
Jenny << Señora Gloria ahora yo también quedo angustiada, de verdad que yo no tengo idea de donde puede estar Gabriel… >>
La llamada se cae. Gloria cancela el valor de los minutos gastados, se acomoda el moño largo de su cabello cano, recibe las monedas de los vueltos y con la angustia forrada en su rostro camina como alma en pena por las calles del barrio preguntando a los pocos amigos y conocidos de Gabriel si saben algo de su muchacho.
A Gloria la vida la ha atropellado sin asco, desde muy joven se sometió a los caprichos de un mal hombre que le dio tres hijos, muchas golpizas, malos tratos de toda índole, pobreza, padecimientos, privaciones, toda una vida de trabajo fuerte limpiando casas ajenas, cocinándole a familias ajenas, su marido no se conformó simplemente con tratarla mal, encima se dejó matar y en ese mismo episodio perdió a su hijo mayor. La riña, los disparos, la muerte de dos de sus seres cercanos, el terrible dolor de un hijo muerto no se compra en pesos, si hay en este mundo una experiencia desgarradora, es la de besar los labios fríos de un ser amado que no tuvo por qué haber partido tan temprano.
Ahora su hijo menor, el bordón, el más carismático e inteligente de los tres, se le ha perdido. Algo le dice que la tragedia está una vez rondando su puerta.
En el bolsillo de su chaqueta vibra el teléfono celular. Foncho da un respingo que la saca de su abstracción, toma torpe el viejo Nokia mil cien destartalado y espera que la voz al otro lado le tenga buenas noticias.
<< Aló, sí, aló, hola mijito cómo estás, Foncho ay Foncho yo tengo un mal presentimiento mijo, nadie me da razón de Gabito papa, ni la monita sabe nada, ellos como que estaban peleados ¿Mira y tú que has averiguado papa? >>
<< Bueno viejita la cosa está como fea, no sé, yo vengo escuchando unos runrunes y unos comentarios algo raros y enredados, como que andan reclutando a los pelaos pa’ llevárselos lejos. Unos dicen que a cuidar fincas cafeteras, que a sembrar tabaco y con Gabito hay como 5 pelaos más del barrio desaparecidos >>.
<<Con las ganas que tenía ese muchacho de trabajá, pero qué pasa que no llama… >>
<< Mira vieja, según lo que escuché, a Gabo lo vieron hace tres días donde el señor Tato con Pocho, el pelao que estudió con él el bachillerato. Parece que hablaron un rato con unos tipos que no son del barrio y lo último que se supo es que se bebieron unas cervezas y luego se fueron con los tipos estos en un Land Rover. Esto está muy raro, así que yo lo que te pido es que te llenes de fortaleza. El runrún que anda es que los pelaos que se han desaparecido con esta gente no vuelven. Mira a mí me dieron las señas de una señora que vive justo bajando la loma que tiene un problema parecido o algo así y que la señora nos puede dar luces del asunto. Tú vete para la casa, deja de andar caminando por ahí que yo te llamo nomás sepa algo te marco de una. Un abrazo y si tú sabes algo me avisas, te dejo porque se me están acabando los minutos y no quiero quedarme incomunicado, beso. >>
Qué sabe él del cultivo de café, qué sabe de recolección ni de nada de esto, en fin, su amigo está fresco, por qué tendría que temer, si no le gusta trabaja un mes, recibe su paga y se larga, si la cosa no le cuaja simplemente se larga. A él nadie lo va obligar hacer algo que no le guste ni nada ilegal, menos indebido, para eso tendrían que matarlo y estos sujetos pinta de matones no tienen, aunque eso sea lo de menos, juuuu si fueran los de la gallada de los Halcones, puro mágico matón, con esa gente ni el saludo, sería el colmo, casi quince años evitando todo tipo de tratos con la violencia que en el barrio crece como el monte, tantos años sorteando a los bandidos, a los gatillos locos, a los de esta u otra gallada. Reflexiona Gabriel. Cuando mataron a su hermano y a su viejo en el pueblo juró con el corazón que nunca se dejaría entrampar por la violencia y la gente del barrio siempre la ha tenido clara con él, por eso lo respetan y hasta lo estiman.
Pocho le pasa la botella de trago que vienen bebiendo a pico limpio desde que salieron del barrio y cogieron carretera. El aire huele a quema, a monte y a boñiga. Un frío terrible le pasa por el cuerpo y la cara de su viejita se le presenta nítida ante sus ojos, algo como un mal augurio se le mete en los huesos y unas ganas de bajarse del carro inmediatamente que controla por un pelo. El carro se bambolea de un lado a otro por el camino retrechero, se acuerda de Jenny de nuevo y la determinación se vuelve concreta, dura, inalterable.
<< ¿Entonces qué muchachos, bien por allá atrás? >>, enseña una sonrisa el copiloto.
<< Vea todo tranquilo que en la finca la van a pasar es bueno, el jefe es un tipo vea, a todo dar, en los descansos podemos bajar al pueblo donde hay ¡Unas niñas! >>, junta los dedos de su mano derecha y los besa, como indicando que las niñas del pueblo son de una belleza extraordinaria. Pocho asoma en sus ojos una clara excitación que no disimula. << Vean pelaos la vida allá se la da el mismo trabajador, si hace todo bien y lo que le digan, vea, el resto es un mamey, muchachos, avisen cuando se les acabe el guarito que por acá hay más, vea y no vayan a creer que porque se les trata bueno todo va a estar playa, brisa y mar, no, hay que trabajar, pero por hoy que nos vamos conociendo… relajaditos pues >>.
Jenny <<Yo conocí una persona y estaba tratando de olvidarme de Gabo, estaba tratando de rehacer mi vida, tantos años con Gabriel y yo veía que él no se ubicaba, que no encontraba su norte. El tiempo pasa y él en lo mismo, señora Gloria, qué va a pasar, me siento muy mal, quiero que Gabriel regrese ¿Qué es lo qué está pasando? Mire a mí ese tipo no me importa, yo amo a Gabriel, lo siento, lo siento mucho>>.
Gloria << Hay mija ahora mismo lo único que importa es que Gabito aparezca sano y salvo, ustedes ya verán si arreglan sus cosas o no, ahora simplemente ora niña, ora por mi muchacho y luego será lo que tenga que ser, gracias por tu llamada y te dejo que este tiesto se le acaba ya la batería y está pitando, me voy volando a la casa para cargar este trasto que estoy esperando llamada de Fonchito. Estate tranquila yo te llamo>>
Gabo con la voz quebrada por el miedo y la angustia se mueve en el galpón para todas partes temblándole el cuerpo. << Pocho, loco, dónde estamos marica, ¿Esta vaina qué es? ¿Por qué esta gente quiere que nos pongamos esos uniformes ah? ¿Por qué nos tienen esposados viejo? >> Pocho se suelta en un llanto nervioso incontrolable y se acurruca en un rincón del galpón. << No sé pana, no sé nada, esto manes me los presentó el Virus y Juan Veneno los conoce también, los manes me regalaron el Mp3, y me dieron unos cachos de hierba de la buena, yo no sé, siempre me hablaban de finca, del camello, socio, tengo miedo viejo Gabo, tengo miedo, perdóneme pana >>.
Como puede Gabriel se acerca a Pocho para brindarle apoyo y de paso darse un poco él mismo, algo de moral. << Socio, menos mal que no permitiste que te convencieran con el cuento de ese uniforme, no sé por qué pero presiento que sí aceptamos perdemos el año aquí compadre. >> Pocho se desespera y se levanta y corre por el galpón como loco, esposado como está pierde el equilibrio y cae de frente contra el piso.
<< A ver, palomas ¿Entonces qué, insubordinados o qué? Se toman el guaro, se juman la hierba, se comen la comidita y todo es viva Colombia, y ahora que no, que no les da la ganita de ponerse los cueros ¡Ni mierda! Acá se vino a obedecer y ya me deben viáticos, la gasolina no es gratis, nada de lo que consumieron las palomas es gratis, así que ¡Ni mierda! ¡Venga Torres, Matamoros, Padilla y Pedroso! Me uniforman bien a estas palomas y me las preparan de una vez que tenemos que movernos ¡Leal, qué hubo con los changones! Me los dispara allá en el monte ¡Parra! Me tiene la gente lista que salimos de esto ya. >> Gabriel y Pocho paralizados por el miedo no alcanzan a mover un solo músculo, ni un sola palabra se escapa de sus labios y cada uno lo único que alcanza a pensar es en sus familias.
Alfonso << Vieja >>
Gloria << Mijo ¿Qué pasa, por qué estás llorando? Papa, me estoy asustando. >>
Alfonso << Esto se está complicando vieja, hay más de diez desparecidos en toda la localidad y se habla de unos veinticinco aproximadamente, ayer hablé con un funcionario de la Personería y esto está muy feo, tengo una pista, pero es lejos de acá… >>
Gloria << Papa, no llores, cálmate que todavía no sabemos nada, mira, bótate por allá que yo me voy para la Personería ya, pero necesito que tú te calmes y que me ayudes a orar para que tu hermano esté bien. >>
Alfonso <<Tengo miedo vieja.. mira por el barrio se habla de unos sujetos sospechosos que se la pasan en un jeep verde patrullando la localidad disque reclutando pelaos. Esto hace rato ya, en la Personería hay denuncias y todo de los desaparecidos, pero nadie está moviendo nada por puro miedo, nadie está haciendo el… >>
El tono del teléfono indica que la llamada se cortó y Alfonso se da por enterado que se quedó sin minutos, sale con su caminar enérgico en busca de una tarjeta de recarga, pensando en que su pobre viejita debió quedar aún más angustiada.
A Gabriel lo asalta una náusea, un ejército implacable de zancudos le come la piel descubierta. El frío le cala las entrañas, el ulular persistente y desgarrador del viento le eriza los vellos. La tiniebla es un espeso miedo que los rodea, mientras los desconocidos los empellan, los amenazan con las trompetillas de sus fusiles —- ¡Muévanse huevones! — Un nutrido grupo de sujetos armados hasta los dientes, con ropa de combate los llevan casi a rastras. Pocho sangra por la boca y nariz, le duelen la cabeza y el estómago, y tiene una contusión en su pómulo derecho. La brisa aúlla como un lobo salvaje entre los árboles, la luna apenas aparece tras el tupido follaje, ellos tropiezan con todo de manera torpe. Las botas los muerden sin misericordia cada que retrasan la marcha…
Foncho <<Las cartas de la Personería han ayudado un poco… Mami necesito que seas fuerte, hay una cosa que me tiene muy nervioso… se me están acabando los minutos, vieja, me oyes. ¡Ahhh! Se volvió quedar esta mierda sin minutos…>>














Carlitos eres lo máximo q mas puedo decirte q sigas cosechando éxitos un fuerte abrazo!!espero verte pronto en la próxima integración de la esperanza !!