“Pudo haber pasado a la historia como el Presidente que abrió las compuertas para una gran justicia social. No lo hizo por estar pendiente de Uribe”.
Por Rafael Sarmiento Coley
“Santos pierde la posibilidad de ser un gran reformador, por vivir pensando en todos estos tiempos en tener a Uribe a su lado. Y por eso hizo una paz ‘chiquita’, como dice el propio Santos, una paz barata”.
El exalcalde de Bogotá, exsenador de la República y exprecandidato presidencial, Gustavo Petro Urrego, estuvo este viernes en Barranquilla promoviendo las propuestas del Movimiento Progresista que él preside, e impulsando el voto por el Sí en el Plebiscito del 2 de octubre y por el Sí a una nueva Constituyente para la paz.
Según Petro, quien en una ocasión, antes de ser Alcalde de Bogotá se le metió al rancho a la Gala Enilse López en Magangué, Juan Manuel Santos pudo proponerle al país, sin dificultad alguna, que los acuerdos de paz incluían la posibilidad cierta y concreta de abrir las compuertas para que haya una verdadera reforma social, con equidad, con justicia.
Lo primero, retomar los servicios de salud y educación de manera total en manos del Estado, porque es la única manera “de acabar con la descarada y cínica corrupción que hay en esos dos frentes de servicios a la comunidad. Sobre todo a la comunidad de menos recursos”.
Petro lamenta que Santos no se la hubiese jugado a fondo para esa gran reforma. Que incluyera, además, al ‘intocable’ sector bancario que abusa de los usuarios cobrando tasas usureras por préstamos de todo tipo, mientras que los intereses que pagan por cuentas de ahorro son irrisorios, cínicos.
De ahí que cada semestre salgan los principales ejecutivos de los grupos dominantes (Davivienda, Sarmiento Angulo), a anunciar con prepotencia que se ganaron $7.8 billones en 6 meses de ejercicio, mientras que 26 millones de colombianos se mueren de hambre porque no tienen posibilidades de empleo, ya que Colombia tiene una economía cerrada en manos de unos pocos grupos monopólicos.
Definitivamente, según Gustavo Petro, el presidente Juan Manuel Santos deja un gran vacío, el del tema de las grandes reformas sociales, no por concesión a las Farc. Es que tenía todo a su favor para que hubiera aprovechado para una gran reforma. No lo hizo. Y eso abre una brecha para que la violencia persista.
Hay un tema no dirimido
“Es lamentable caso de Santos, que desaprovecha una oportunidad histórica, por esa bendita y recóndita situación íntima entre el actual mandatario y el expresidente y hoy Senador de la República, Álvaro Uribe Vélez. Yo no sé que tanto miedo le tiene Santos a Uribe, ni que tanto odio le tenga Uribe a Santos. Eso lo sabrán ellos. Yo no lo sé”, dijo Petro, quien en la mesa principal estuvo acompañado por su esposa la sinciana Verónica Genoveva Alcocer; el dirigente del Movimiento Progresista, Mares Trespalacios, y por el exalcalde de Ciudad Bolívar y el Bronx de Bogotá, Cristóbal Padilla. La moderadora fue la serena y muy profesional Mabel Rada.
El encuentro con los periodistas se llevó a cabo en el hotel Howard Johnson de Barranquilla.
Petro dijo que las condiciones en que Gobierno y Farc llevan a cabo un largo proceso de dos años en clandestinidad y cuatro en forma pública, son muy distintas a todas las circunstancias anteriores. Incluso las que hubo cuando se hizo con el M-19 al cual pertenecía Petro con armas y pertrechos y, por supuesto, como ideólogo, que es para lo que él sirve, porque como combatiente, pocón, pocón.
Y eran distintas por la correlación de fuerzas. Las Farc crecieron exponencialmente gracias al narcotráfico. Nadie lo puede negar, y aunque Pedro no lo diga, llegó un momento en que la ´línea dura’ de las Farc eran los ‘comandantes’ que estaban en el negocio de las drogas, que eran los del billetes y los de las compras de las armas y los del pago de buenos sueldos a la soldadesca.
Aun así, el Estado, en esa correlación de fuerzas, en un momento en que el enemigo tiene que medir al oponente, lo primero que se preguntan “es cuántos hombres-armas tienes tú, y cuántos tengo yo”. Aun así, repito, el Estado tiene una neta superioridad”, según Petro.
Siguiendo esa correlación de fuerzas, este hecho evidente “conduce a lo que está escrito ahí (los Acuerdos de La Habana). Es lo máximo que pudieron alcanzar las Farc. Con base en la correlación de fuerzas”.
Lo que cuestiona Petro es que del lado del otro aparato armado, el Gobierno, teniendo esa superioridad, «lo que consigue es la paz barata”.
“Llegamos a una paz chiquita. En palabras de Santos, ‘barata’, más que todo como consecuencia de esa guerra de egos entre él (Santos) y Uribe. Él fue ministro de Defensa de Uribe. Santos fue Presidente por Uribe. Y Uribe lo llamó traidor. Hay un tema no dirimido entre ellos. Entonces ambos – antes y después de los diálogos de La Habana–, se dedicaron a jugar a la adivinanza: ¿Qué pensará Santos?, ¿qué pensará Uribe?”.
Las ideas del petrismo
Como este es un país de caudillos, Petro sin duda lo es. Y él se siente cómo jugando a ser caudillo, con una esposa que lo acolita de manera perfecta. Verónica Genoveva Alcocer ya no es aquella joven recién salida de Sincé, mona, bonita, esbelta, fina amable, sonriente. No. Ahora es una dama distinta y distante, de rostro adusto. Nos imaginamos que así debió de ser doña Bertha Hernández de Ospina antes de que su esposo, Mariano Ospina Pérez, llegara al poder, y apenas tenía la aureola de presidenciable por el conservatismo. Era un caudillo. Para ser más precisos, un caudillito.
Petro sostiene que el movimiento Progresista que él lidera “en estos momentos es una intención política. Nuestra intención es forjar un movimiento del siglo XXI para el siglo XXI, con acciones políticas innovadoras. Una forma distinta de hacer política. La demostración práctica de esa propuesta es la Bogotá humana. Con estadística. Un territorio complejo llevado a mejores condiciones sociales, financieros y económicos. La pobreza multidimensional casi la llevamos a cero. Pero eso la prensa (bogotana) no lo divulga”.
Dice que la opción que propone el Progresismo “es la de llevar a la sociedad colombiana a un estadio de equidad social”.
La violencia urbana
Otro tema que preocupa a Petro es la paz urbana. “El episodio del paramilitarismo en el Caribe colombiano es un gran irradiador de la violencia. Muchos de los que aprendieron las torturas, el descuartizamiento, lo siguen haciendo”.
En cuanto al tema de la violencia silenciosa que se vive en Barranquilla, Petro dijo que es necesario verlo “en un mapa. En el caso de Bogotá, nosotros nos dijimos ‘hay que buscar por dónde pasan las rutas’. Hicimos una geografía de rutas. Un mapeo (pero no un mapeo musical con bailoteo y marimondas), y uno va viendo que por donde pasan esas rutas, va la violencia. Si uno hiciera un mapa sobre la tasa de homicidios del narcotráfico, le queda más fácil a la administración cortar los lazos de esa violencia urbana”.
Agrega Petro: “Porque por aquí tienen que pasar rutas del narcotráfico para exportación. Y lo que se genera es guerra urbana por las rutas. El elemento que buscan es la juventud. Cristóbal (Padilla) fue Alcalde de Ciudad Bolívar y conoció a fondo esa situación. ¿Qué es lo que hace un Estado? Buscar la forma de quitarle la juventud a la mafia. Ningún Alcalde había metido la Policía al Bronx. Dijimos: se dejan los habitantes en el Bronx pero se deja la Policía, lo malo fue que, en vez de ser la presencia del Estado allí, los uniformados se volvieron amigos de los bandidos”.
Sostuvo que la única forma de que el Estado entre a competir con la mafia para quitarle la juventud, es con inclusión social, dándoles a los jóvenes posibilidades para estudiar, opciones en las universidades, pagarles los alimentos, auxilios de transporte, y luego posibilidades de ingresos. “Así la tasa de homicidio empieza a disminuir. Pero es que el Estado no está incluyendo socialmente a la juventud. La agenda de la paz urbana pasa por la inclusión de la juventud en capacitación para que entre a golpe contra la mafia”.
La Justicia Transicional
Le pareció magnífico el ejemplo del hijo de Jorge 40, abrazándose con Jaime Palmera, hermano de ‘Simón Trinidad’. Los dos extremos. El exjefe paramilitar. Y el exmiembro del Secretariado de las Farc.
Y recordó que estuvo en Magangué (Bolívar), ciudad simbolíca, lo mismo que San Onofre (Sucre), por el predominio del paramilitarismo. En Magangué ‘La Gata’ (Enilse López) y en San Onofre alias ‘Cadena’ (Rodrigo Mercado Pelufo).

Verónica Alcocer, durante casi todas las largas horas que su esposo atendió la rueda de prensa, permaneció pegada a su iPhone. Sin embargo, se quejó de no «tener celular porque me lo robaron en Bogotá». Menos mal que fue allá, y no acá.
“El ideal no es que ‘La Gata’ se muera de vieja en una cárcel, sino que los nietos de ‘La Gata’ puedan jugar en la plaza de Mangangué sin que los maten, pero que se diga la verdad. Y que los nietos de Jorge 40 y de Palmera puedan jugar en la plaza Alfonso López, pero que se sepa la verdad”, señaló.
En el caso de los exjefe paramilitares que se sometieron a un proceso de paz y fueron extraditados y juzgados en Estados Unidos, fue “como narcotráfico, que lo eran. Más no han pagado los genocidios, el desplazamiento masivo, el despojo de tierras a los campesinos, las violaciones colectivas a niñas”.
Sin embargo, Petro advierte que los exjefes ‘paras’ “podrían acogerse a la Justicia Transicional, porque no hay una justicia ordinaria poderosa. La existiera, no se necesitaría la Justicia Transicional, incluida en los acuerdos de La Habana, si Colombia contara con una justicia sólida e incorruptible.
Petro pide que la verdad completa aparezca, lo cual es fundamental para apaciguar los territorios de Colombia. Construir una política pública de desnarcotización de Colombia en términos pacíficos. “Es un tema que de vez en vez se habla, pero no se aplica. No digamos que se llegue a un narcotráfico cero, porque eso es difícil, pero sí de dominar esa actividad como una posibilidad integral del país”.
Y volvió al caso de Rodrigo Tovar Jr. “Creo que el hijo de Jorge 40 puede estar avizorando una opción de desnarcotización con la Justicia Transicional”.















