«Ella estaba pendiente de mi actividad periodística, se convirtió en mi secretaria, permanecía atenta para recordarme sobre si había escrito la columna para el Diario la Libertad o si tenía listo los discos para el programa radial”, recuerda el maestro Marco T. Barros.
Dios le puso un «ángel» en su camino a él, su nieta Zamira Gómez Barros. Marco T. Barros con la mano derecha hace la señal para que me acerque a él, y con una voz baja me confesó: «Zamira, mi nieta, ha remplazado con lujo de detalles a mi esposa Beatriz. Ella es un ángel que Dios me dio: está atenta a todas las obligaciones de la casa, de mi salud y de mis actividades periodísticas. Me siento orgulloso de ella».
Mi padre me salvó de la droga

Marco T. Barros quiere volver al ruedo.
Marco T. Barros Ariza nació en Barranquilla el 19 de septiembre de 1922, es decir que tiene 92 años de edad. Sus padres ya fallecidos fueron Aniceto Barros y Ceferina Ariza. Nació en una casa de bahareque, techos de eneas, situada en la calle El Sello Nacional (hoy calle 44), entre las carreras Concordia (Cra 33) y Hospital (Cra 35).
El maestro no pierde el sentido del humor y sobre lugar donde él nació resalta que «fue tan importante mi nacimiento en esa casa que hay colocada una placa. Dicha placa no dice «aquí nació Marco T. Barros Ariza», sino «Se forran hebillas y botones».
Bachiller del Colegio Barranquilla, Marco T. Barros reconoce que obedecía a los padres y se respetaban los profesores.
«Cuando salía con mi padre, Aniceto, él me llevaba agarrado de la mano. Cuando mi papá veía un borracho dormido en un corredor, me apretaba la mano para que yo me fijara en las consecuencias de tomar alcohol. Igual sucedía cuando veía alguien fumando. Jamás me prohibió que fumara o tomara ron, pero sus enseñanzas a través de los ejemplos cotidianos fue suficiente para que tomara la decisión de no hacerlo. A mis 92 años de edad jamás he fumado, ni tomado una gota de licor.
Esa enseñanza de mi padre me libró de ser un drogadicto, porque estuve con mucha gente de la farándula que era adicta al consumo de cocaína. Recuerdo que cuando vino a Bogotá Daniel Santos, como yo era su representante en Colombia, estábamos en su habitación con otros amigos, de un momento otro entró un mesero con un azafate, cuando bajó la mano me dí cuenta que estaba repleto de cocaína. Daniel Santos sabía que yo no fumaba, ni tomaba. Él me respetaba mucho y al percatarse de lo que estaba ocurriendo me dijo: «Marcoté, favor retírese que esto no es con usted».
Llave a los 14 años
Marco T. Barros continuó evocando recuerdos de su juventud. Él se ganó la confianza de su padre Aniceto, y a los 14 años decidió darle la llave de la casa, un honor para un joven a esa edad y en esa época. «Cuando cumplí los 14 años me puso la mano en el hombro, llamó a mi mamá y le dijo ‘Cerafina, favor entregarle una copia de la llave a Marco Tulio. Yo le tengo confianza. Hijo, espero no me defraude. A las nueve de la noche debe estar aquí en la casa. Yo era el único de todo mis amigos que tenía llave de mi casa. Cuando faltaban 15 minutos para las nueve de la noche ya yo estaba en casa para no fallar a la confianza de mi padre», resalta Marco T. Barros. Gracias a la disciplina de su padre es un hombre de valores.