Crónicas

Rafael Sarmiento Coley, la vida y obra por un pelo

La Universidad Autónoma del Caribe acaba de homenajear a mi padre, Rafael Sarmiento Coley, con el Premio Mario Ceballos Araujo a la Vida y Obra, por su trayectoria en el periodismo.

Las razones para dicho reconocimiento fueron sintetizadas en un pergamino en el que se destaca que cuando mi padre comenzó el camino en este oficio los periódicos se hacían en linotipo, y que hoy, medio siglo después, es co-fundador y director de este portal, La Cháchara, que junto con un pequeño puñado de proyectos periodísticos es pionero en la entrada de los medios del Caribe colombiano al mundo digital.

Su labor periodística no solo es amplia sino llena de logros y rica en experiencias. El solo hecho de haber empezado su carrera en el Diario del Caribe, a principios de los 70’s, de la mano del cabellón más genial, creativo, atinado y loco que nos ha dado el periodismo, el gran Álvaro Cepeda Samudio, y que este le haya indicado que dejara de estudiar para dedicarse a aprender el oficio con él, es entrar por la puerta grande llevando en la mano la lámpara de los deseos, con la que desde entonces mi padre ilumina la senda con la que narra la realidad.

En esa senda entra casi toda nuestra familia, incluidos hermanos suyos y varios de sus cuñados. Capítulo especial aquí para mi madre, Nira, quien ha forjado con él palmo a palmo todo lo que somos, al punto de que cuando mi padre pasó del Diario del Caribe al diario El Tiempo, era ella y no un fotógrafo de dicha casa quien viajaba por todos los confines de la Región acompañándolo a cubrir las historias más recónditas. Juntos fueron a entrevistar a Robert De Niro a la Sierra Nevada de Santa Marta durante el rodaje de La Misión; juntos fueron a cubrir un accidente histórico en Fundación, Magdalena; juntos crearon varios de los proyectos propios en los cuales seguimos haciendo la senda.

Todo lo que Rafael Sarmiento Coley es irradia pura gratitud y pujanza, testigos de lo mucho que significa para varias generaciones de periodistas que nos manifiestan detalles cotidianos de la vida periodística en los que mi padre les orientó para que trascendieran. En el periodismo impreso, desde Diario del Caribe, diario El Tiempo y El Heraldo, donde se pensionó luego de ejercer durante 25 años como uno de los periodistas de primer nivel; en la radio, viajando por Colombia como coordinador deportivo con RCN; en la televisión, colaborando en la creación del canal regional Telecaribe y luego dirigiendo varios proyectos, el más importante de ellos, el noticiero TV Noticias.

Con La Cháchara ha ganado varios premios y sigue narrando la realidad con su olfato y su talento al mismo tiempo que saca espacio para continuar el apostolado de orientar a las nuevas generaciones de periodistas.

Todavía él no lo sabe, pero en días recientes una crónica suya ganó la convocatoria del Portafolio de Estímulos de la Secretaría de Cultura de Barranquilla. Mandé ese texto sin haberle dicho nada, porque él solía ser reacio a que sus trabajos periodísticos participen por premios. La paradoja es que ahora ha recibido el mayor de los reconocimientos que se puede obtener en este oficio: el Premio Vida y Obra. Y no menos paradójico es que quien le hizo ese homenaje sea la Universidad Autónoma del Caribe, donde él empezó a estudiar la carrera que nunca terminó, porque Álvaro Cepeda se lo llevó jalado de los pelos.

Sobre el autor

Practicante del periodismo desde niño, comunicador de profesión, artista por vocación. Email: jorgemariosarfi@gmail.com Móvil: 3185062634
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