Este domingo los seguidores del inmolado cantante asistieron a la misa en su honor, en la iglesia Torcoroma de Barranquilla.
Por Rafael Sarmiento Coley
Era la noche semilluviosa del jueves 11 de junio de 1992. La vida de Barranquilla transcurría a esas horas en medio del goce Caribe de sus gentes, disfrutando en casa, en estaderos, verbenas y discotecas la música de sus ídolos, entre ellos Rafael Orozco Maestre, cantante estelar y codirector del Binomio de Oro, al lado de su amigo de siempre, el consagrado acordeonista Israel Romero, el popular ‘Pollo Isra’.

De repente, como en la ranchera de Tony Aguilar, sonaron cuatro balazos (en este caso fueron 10), disparados por un mercenario al servicio de uno de los tantos capos y capitos del narcotráfico de la época en Colombia. Y Barranquilla estaba inundada de esa lacra. Uno de sus lacayos y sicarios era José Reynaldo Fiallo Jácome, alias ‘El Nano Fiallo’.
Rafael Orozco, con su esposa Clara Elena y sus hijas Kelly Johana Wendy y Loraine.
Esa fue la persona que le disparó, casi a quemarropa, los 10 balazos a Rafael Orozco con una pistola marca ‘Heckler & Koch’, con salvoconducto de la Segunda Brigada del Ejército colombiano, que en esos años tenía sede en Barranquilla (ahora la tiene en Santa Marta). De los 10, nueve se clavaron en su cuerpo, uno de ellos, el mortal, le pegó en la cabeza.
Esa noche Orozco Maestre estaba en casa celebrando el cumpleaños de una de sus tres hijas (Kelly Johana, Wendy y Loraine). En medio de la música y la alegría, sonó el timbren de la puerta y la ama de llaves salió a atender. Vino a avisarle a Rafael Orozco que lo solicitaban dos músicos del conjunto de Diomedes Díaz, quien esa noche se hospedaba en el hotel Royal. Los músicos eran Francisco Manuel Corena y Alfredo Ariza De la Hoz. El propósito de la visita era para que Rafael Orozco prestara una tumbadora y una caja vallenata para una parranda privada que supuestamente animaría Diomedes Díaz.
Mientras hablaba con los dos músicos, de repente apareció como de las sombras un carro azul, del cual se bajaron dos sujetos, uno de los cuales (‘El Nano Fiallo’) disparó 10 veces contra Rafael Orozco.

Al escuchar los disparos Clara Elena Cabello Sarmiento, esposa de Rafael Orozco, se asustó y pegó un grito desgarrado. Pensó que su marido estaba en la puerta hablando con personas que para ella eran desconocidos. No sabía quiénes habían ido a buscarle. Al salir se encontró el cuerpo de Orozco tendido en el piso, aun con signos vitales. Ella, con la ayuda de los dos músicos que fueron a buscarlo, lo subieron en el carro de Clara y lo llevaron a la Clínica del Caribe. Llegó con un hilito de vida. Los médicos no pudieron hacer nada para prologarle su exitosa y afama existencia.
Clara Elena viuda de Orozco.
Un caso extraño
La muerte del popular cantante causó enorme impacto en Barranquilla y la región. Su sepelio fue acompañado por miles de sus fieles seguidores, que, a pié, fueron a despedirlo hasta su última morada en el camposanto Jardines del Recuerdo. Allí está su tumba, a la cual Clara Elena y alguna de sus hijas religiosamente llevan todos los días un ramo de flores frescas.
El extraño caso del homicidio de Rafael Orozco quedó en manos del Fiscal Luis Alfonso Colmenares, quien vinculó a la investigación al principal sospechoso de haberle disparado a la víctima, José Reynaldo Fiallo Jácome, alias ‘Nano Fiallo’. También fueron vinculadas a la investigación otras personas, entre ellas los dos músicos que lo hicieron salir a la puerta.

Rafael Orozco, homenaje póstumo este domingo en Jardines del Recuerdo.
Corena y Ariza De la Hoz fueron liberados días después. Pero pasados seis meses una camioneta negra fue a la casa de cada uno de ellos, los sacaron a la fuerza, y jamás se supo de ellos.
‘El Nano’ Fiallo fue asesinado de 15 balazos en una calle de Medellín el 18 de noviembre de 1992, junto con su escolta Sergio Adolfo González Torres. En la pretina del pantalón de Fiallo fue encontrada la pistola con la cual se disparó contra Rafael Orozco el 11 de junio de 1992, según prueba pericial.
Clara Elena no lo olvida
“Cómo olvidar a un hombre tan amoroso, tan tierno y sencillo conmigo y con sus hijas. ¡Imposible olvidarlo!, a pesar de que pasen los años. Ahora que se han cumplido los 25 años de su triste partida, sus fieles seguidores lo siguen recordando. En Valledupar este viernes se hizo un acto maravilloso. Y esperamos que este domingo 11 de junio, cuando se cumplen los 25 años de su fallecimiento, sus fieles seguidores nos acompañan en el homenaje póstumo que le haremos alrededor de su tumba en Jardines del Recuerdo”, dice, en medio de sollozos, Clara Elena.
Ella, nacida en Urumita (La Guajira), y él, nacido en Becerril, Cesar, el 24 de marzo de 1954, se casaron en Barranquilla el viernes 5 de marzo de 1976. Establecieron su residencia en la capital atlanticense, en donde nacieron sus tres hijas.
“Siempre he soñado que ‘Rafa’ aparezca para abrazarlo y ponerme feliz. Espero que en la otra vida nos encontremos”, sostiene Clara Elena.
“A ‘Rafa’, nunca lo olvidaré. Lo recuerdo tal como era. Un ser maravilloso, feliz, lleno de vida, con muchos planes, tanto en lo familiar, como en lo musical. Así como su familia no lo ha olvidado, sus miles de seguidores tampoco, y son infinitos los testimonios de cariño y admiración que recibo”, confesó en una entrevista al colega Juan Rincón Vanegas, oriundo de Chimichagua y jefe de prensa perpetuo de la Fundación de la Leyenda Vallenata.
Del mismo modo le contó que Rafael Orozco, en su arte, cantante vallenato, era muy cuidadoso. “El vallenato era su vida y quería que llegara lejos. Esa tarea no la pudo concluir, pero sus colegas, seguidores y amigos no se han cansado de elogiarlo, especialmente Diomedes Díaz Maestre, quien siempre vivió agradecido por haberle grabado la canción ‘Cariñito de mi vida’, además de bautizarlo ‘El Cacique de La Junta’, apelativo que lo identificó por siempre”.












Rafael Orozco está en Jardines del Recuerdo no en Jardines de la Eternidad