Por : Jorge Sarmiento Figueroa
Chucho casi no habló. Paquito llevó la conexión con el público de Barranquijazz, el viento.

Son, como hace cincuenta años, una de las duplas musicales más juguetonas, creativas, capaces de llevar por décadas, juntos y cada uno por su lado, el paso del virtuosismo inusitado de la isla donde la gente no habla con acento, sino entonada.
Chucho, alma de tortuga oceánica, manos de mar en la playa, se deshace en sonrisa blanca cada vez que Paquito habla, cada vez que Paquito suena. Paquito, su pana, el partner con el que muchos años después se dijeron: I miss you.
Y se unieron de nuevo. Para tocar a Mozart, para jugar a Pacman, para tocarle un Tango a Lorena.
Video :https://youtu.be/fy8jJlmvB_s
Juegan, y mi madre me dice que a Paquito se lo quiere llevar para la casa, y después de dos vinos me dice que no importa que llueva. Y Chucho no dice mucho, Chucho toca. Chucho mira a su llave sonriente y a veces levanta la mano pa que el sexteto sepa en qué mar navegan. Mientras tanto, su otra mano toca a Mozart. Nadie se va a perder, solo que alguien tiene que avisar por dónde es la curva, la tienda, la plaza, la nota alta, el golpe bajo, así van las cosas cuando alguien se quiere juntar a los que suenan infinitos, desde hace más de medio siglo.











