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¡Qué vergüenza! Estado colombiano dejó sola a Jineth

Camilo Gómez Alzate, quien era Consejero de Paz en la época en que la periodista fue secuestrada, vejada, golpeada y violada, impugnó las decisiones de la Corte IDH.

Por Chachareros/Las2Orillas.CO

elegados de varios país que acudieron a las audiencias de la Corte Internacional de los Derechos Humanos (Corte IDH), no podían salir de su asombro El Estado colombiano le da la espalda a la valiente periodista Jineth Bedoya ante la Corte IDH y pena ajena al ver que el propio Estado colombiano le daba la espalda a una periodista de este país, que lleva 21 años clamando justicia con pruebas contundente a la mano.

Lo más grave de todo es que la Corte IDH ya se había declarado en primera instancia favorable a las pruebas irrefutable de la demandante, Jineth Bedoya, de haber sido secuestrada, maltratada y violada en varias ocasiones, por grupos armados al margen de ley, en los cual, según han podido demostrar sus abogado, están involucrados principales en calidad de miembros de las autodenominadas Autofensas Unidas de Colombia (UNC) y miembros activos de las Fuerzas Militares colombianas.

Jineth Bedoya sigue su lucha valerosa y digna de todo apoyo.

Lo más repudiable del caso de la reportera, en ese momento al servicio del diario El Espectador, es que los sucesos repúgnales de los cuales fue víctima ocurrieron en el 2020, en los meses finales de la administración de Andrés Pastrana Arango, del Partido Conservador, y quien había sufrido una estruendosa humillación cuando Tiro Fijo, después de compartir con el Presidente de la República de varios sancochos a la sombra de los arboles corpulentos del Caguán, y luego de haberle recibido un reloj Rolex marcado con su nombre de pila ‘Manuel Marulanda, alias Tirofijo’, no acudió a la cita final. Lo dejó con la silla vacía.

En aquellos momentos, como buen conservador pastranista, Gómez Alzate desempeñaba como Alto Comisionado para la Paz, del gobierno de Andrés Pastrana.

En sus propias narices, en sucesos ventilados en la prensa nacional, acusaciones que van y vinienen, información abundante que pasa por las manos del timorato y taimado Alto Consejo para la Paz. Jineth Bedoya se convierte en una de las primeras mártires del periodista de la jornada negra que habría de vivir a partir de entonces, y hasta hoy, los periodistas, los líderes sociales, los defensores de los derechos humanos, los campesinos que tratan de recuperar sus tierras que les fueron arrebatadas por paramilitares con la anuencia de las Fuerzas Militares del Estado en medio de la transición de los dos Gobierno s: el de Andrés Pastrana que finalizaba con más pena que gloria, y el de Uribe que, según todos los indicios, llegará a su sangriento fin con los más altos niveles de violencia urbana y rural, y cero paz, cero corrupción, cero justicia social, doble cero igualdad social, y más riqueza en manos de los compinches del grupo político en el poder, que patrocina todas sus corruptas campañas políticas.

El mismo siniestro actor

Jesucristo se lo dijo en la cara a Pedro: «me negarás dos veces antes de que cante el gallo». Y así ocurrió. Jineth le dijo a Camilo Gómez Alzate que, con esa carita de misógino avergonzado, no tenía dudas de que la traicionaría de nuevo. Y así ocurrió.

Lo absurdo del mundo que se vive en la política Colombia es que, 20 años después, el mismo funcionario (aquella vez con la camiseta de Alto Comisionado para la Paz), harto conocedor de las atrocidades y violaciones que cometieron contra una joven periodista que simplemente recogía información para un reportaje sobre la forma salvaje en que una alianza diabólica de paramilitares y guerrilleros presos, y miembros de la Fuerza Pública, habían convertido ciertos centros penales en unos burdeles a los cuales llevaban damiselas de la calle y una que otra inocente dama como el caso de Jineth Bedoya que llegó en función de su labor de periodista.

Gómez Alzate conoció al dedillo todo lo que hicieron con Jineth Bedoya. ¡Claro que sí? Sabía que era responsabilidad del Estado investigar aquellos hechos hasta sus últimas consecuencias y sancionar de la manera más drástica a los responsable por cuanto enlodando el nombre de la Fuerza Pública y la seriedad del Estado.

Fue todo lo contrario, el Alto Consejero Presidencial se hizo el ‘orejón sordo’ (algo congénito en él). Nunca investigo nada. Siempre se negó a servir de testigo de unos sucesos que pasaron por sus manos y ocurrieron en la punta de sus narices chatas.

Un poco de historia

El 25 de mayo de 2000, Jineth Bedoya, periodista en ese entonces de El Espectador, fue secuestrada, violada y torturada cuando esperaba adelantar una entrevista a las afueras de la Cárcel La Modelo en Bogotá a manos de tres paramilitares: alias El Panadero, quien sembró el terror en Barrancabermeja, alias JJ y alias Huevo de Pizca, el cuñado de Carlos Castaño. Tras 20 años de lucha, su caso finalmente llegó a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH). Bedoya rindió testimonio en una audiencia privada y exigió al Estado protección a mujeres periodistas.

Sin embargo, la respuesta del Estado colombiano fue levantarse de la audiencia por presuntas falta de garantías e intervenciones de los jueces que demostraron evidentes prejuzgamientos que no fueron previamente debatidos ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

La decisión fue tomada por Camilo Gómez Álzate, Director de La Agencia Nacional de Defensa Jurídica del Estado (Andje), el mismo Gómez Alzate de 20 años atrás, quien representó al país ante la Corte IDH. Asimismo, recusó a seis magistrados: Elizabeth Odio Benito, Patricio Pazmiño Freire, Eugenio Raúl Zaffaroni, Eduardo Ferrer Mac-Gregor Poisot y Ricardo Pérez Manrique con excepción de Eduardo Vio Grossi por falta de objetividad e imparcialidad en el sistema de protección de Derechos Humanos. Gómez consideró que la audiencia no puede continuar en esas condiciones para Colombia y pidió resolver antes la recusación.

Ante esa actuación del mismo persona en dos escenarios para el mismo caso, en dos décadas de periodo intermedio, el ciudadano común de la calle no puede menos que preguntarse: «‘¿Qué haría don Camilo en caso de que haya sido una hija suya la víctima de una tragedia similar? Cabría también la hipótesis de que tal vez no le mueve la aguja de sus sentimientos porque, a lo mejor, es misógino. Y ahí sí la puerca tuerce el rabo!

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