ActualidadMundoOpinión

Patrick Modiano

‘Discreto e inteligente’ fueron los términos utilizados por mi profesor en La Sorbona cuando le pregunté por Patrick Modiano. Apenas con 26 años y ya había escrito la ‘Trilogía de la resistencia’.

Por Jorge Guebely*

Patrick Modiano.

Patrick Modiano.

‘Discreto e inteligente’ fueron los términos utilizados por mi profesor en La Sorbona cuando le pregunté por Patrick Modiano. Apenas con 26 años y ya había escrito la ‘Trilogía de la resistencia’. Era el inicio de una cerrera literaria que dos semanas atrás alcanzó la cima del premio Nobel.

Leí entonces ‘Villa triste’ por ser una de sus obras recientes cuando llegué a París en 1977. Su lenguaje, contrario al de García Márquez, era sintético pero brillante. Frases cortas y acciones bosquejadas invitaban al lector a completar la narración. Nada era totalmente explícito. Se notaba la influencia estilística de Hemingway y las atmósferas citadinas de Scott Fitzgerald.

Su valor personal residía en la percepción particular del decadente mundo burgués. Para él, los presentes, dolorosos o felices, eran ilusiones vivas creadas por la cultura liberal, un enjambre de artificio que el hombre glorificaba y le daba el estatus de verdades inapelables. El simulacro social o personal era la verdad de cada día, el embrollo donde se perdía la identidad humana.

Por eso la memoria, usada como bisturí metafísico, le servía para diseccionar el pasado y rescatar el ser humano perdido entre tantas simulaciones. El personaje central de la novela, con el nombre ficticio de Víctor Chmara, recuerda su refugio, quince años atrás, en una estación termal para evitar la guerra de Argel. Allí mantiene relaciones amorosas con Ivonne; mujer bella, mediocre y artificiosa. Mujer dispuesta a cualquier indignidad con tal de conseguir un papel como actriz en una película secundaria. La asiste un médico homosexual, René Meinthe, a quien le pesa la máscara hasta conminarlo al suicidio. Los dos acceden a cualquier simulación con tal de ganar un casting. Incluso, a la sexualidad como mecanismo de éxito. Un inquietante retrato de la sociedad burguesa con su podredumbre disfrazada de ilusión victoriosa. Novela llevada al cine con el nombre de ‘El perfume de Ivonne’ y de fácil acceso en red.

‘Una ilusión se combate con otra ilusión más poderosa’, afirmaba Baudrillard— ‘De lo contrario, sobreviene la realidad que es hija de la desilusión’. Víctor Chmara debía triturar espejismos para acceder a la desilusión y merodear su verdad. No era fácil descubrirse cuando la impostura ha contaminado hasta los huesos del alma.

Excelente premio Nobel. Uno de los últimos en hacer literatura como mandato divino para revelar el oculto destino humano dentro de una cultura en donde los sueños comerciales se confunden con las realidades esenciales del hombre.

*Escritor y profesor, PhD enLiteratura

Noticias relacionadas
ActualidadCrónicasDeportes

Vozinha, las lágrimas del héroe de Cabo Verde

ActualidadCrónicasDeportes

Carlos Antonio Vélez, el periodista eterno de los Mundiales

ActualidadCrónicasDeportes

Aarón Ramírez, sueña con jugar en los Yankees desde las ruinas del estadio 8 de Diciembre

ActualidadArte y Cultura

Shakira, la voz oficial de los grandes eventos deportivos del planeta

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *