La felicidad es un acto de valentía y fuerza interior.
Por Mariangela Mercado Salas
A una de mis sobrinas adolescentes en medio de alguna cátedra de esas de tía que se cree filósofa le mencioné hace poco la palabra «felicidad», y a sus 13 años me dijo: «Tía, la felicidad no es permanente, es a veces».
Hace un par de semanas leí una entrevista a Steven Pinker en la cual este psicólogo, entre otros temas, hace referencia a la felicidad diciendo que la misión de la evolución no es convertirnos en hombres y mujeres felices, textualmente: «…unos queremos comernos a otros; otros quieren evitar ser comidos, y los terceros- las enfermedades- quieren matarnos a todos… la gente quiere creer que la riqueza y la felicidad es el estado natural de las cosas. Y cuando no las obtiene busca culpables», puntualiza diciendo que es un impulso infantil y el opuesto es la madurez.
Con todo el respeto a Pinker y su trayectoria, pues es psicólogo con un Doctorado en Harvard y profesor de esta misma Universidad, ha recibido premios y publicado libros, considero que su posición es patética y carente de espiritualidad, no me sorprendió enterarme después que se declaró ateo a los 13 años de edad. Una de las bases de la felicidad, definitivamente, es esforzarnos por lograr una vida espiritual nutrida y tener Fe, ya sea en Dios, Buda o en los Dioses del Olimpo, pero creer y alimentar el espíritu de alguna forma.
La RAE define la felicidad como «Estado de grata satisfacción espiritual y física». Por supuesto no señala cuánto dura, si es viable o no y cómo se consigue, libros que señalen las fórmulas para ser felices, esos sí que encontramos muchos.
Personalmente me atrevo a expresar mi opinión, basada en mi experiencia y en lo mucho que he logrado al respecto, siendo capaz incluso de transmitirla a aquellos que llegan a mí con ganas de reírse y me preguntan cómo es qué hago para estar de buen genio casi siempre y en disponibilidad para tomarle el pelo a todo el mundo el 95% del tiempo.
La felicidad no es el resultado de cuánto tenemos, de las metas que logramos y ni siquiera de lo grande o unida que sea la familia que tenemos, muchas personas con todo lo anterior, tristemente son las más infelices.
La felicidad es un acto de valentía y fuerza interior para sonreír con el corazón y el alma en medio de cualquier vicisitud. Es una decisión y está ligada a la capacidad que desarrollamos para sortear: obstáculos, crisis, carencias, errores, personas complicadas y todo aquello que la amenace. La felicidad es simple y se compone de cosas simples, gratuitas y pequeñas.
Solo cuando interiorizamos esta fórmula la mantenemos siempre de nuestro lado, de lo contrario «se cuela por una puerta que no sabías que estaba abierta», como decía John Barrymore.











