Un grupo de habitantes de la calle retomó su aliento de vida para desbordar alegría y dignidad como artistas del Carnaval de Barranquilla.
Por: Estela Monterrosa
El colorido que existe en la ciudad por las decoraciones que la engalanan y el ambiente que se siente de fiesta y de folclor es indescriptible, como barranquilleros nos sentimos orgullosos de esta fiesta, sobre todo porque este año muchos espectáculos han sido gratis y para el pueblo.
El domingo salieron dos ‘gran paradas’, una por la vía 40 y otra que salió del parque Olaya y recorrió hasta llegar a la carrera 21 con la calle 47. Una, la Gran Parada de Tradición; y la segunda, La Gran Parada Carlos Franco; una, cumpliendo 50 años de existencia; y la otra, 18 años ininterrumpidos de desfile.
En ambas el común denominador es la emoción por bailar en el evento, por el amor al folclor, al Carnaval y a la ciudad de Barranquilla. En la gran Parada de Tradición la mayoría de grupos son conocidos porque siempre desfila en este escenario y son la mayoría muchos grupos que llevan una tradición y llevan muchos años pernoctando en este espectáculo.
En la Gran Parada Carlos Franco bailaron 142 grupos folclóricos y más de 400 disfraces entre cumbiamberos, monocucos y marimondas que bailaron a través de lo largo de la carrera veintiuna de la ciudad, en un desfile que se propone recuperar las tradicionales representaciones hechas en la calle. Aquí en este evento todo nos recuerda la esencia del carnaval barranquillero, sentados en el bordillo, con orden, sin problemas, niños y adultos se divierten entre espuma y alguna que otra maicena, que se la echan entre ellos, porque respetan a los grupos que van bailando.
De pronto la gente ante la aparición de un grupo integrado por congos, marimondas y negritas puloy comienza a aplaudir, miramos bien la bandera que los identifica y la comparsa se llama Pa’La Calle, en la parte delantera los capitanes, un hombre alto, no muy delgado, enfundado en un disfraz de Congo; y la capitana igual, más atrás una estructura multicolor tiene la forma de entrada de un salón burrero, que es lo que personifica esta comparsa, y es cuando nos damos de frente con ‘La bazuquita’,( y que hoy ya es llamada por su nombre Maribel),como es conocida popularmente en las calles de Barranquilla debido a su adicción a las drogas, el impacto es grande, pues no esperábamos encontrarnos con ella y recuperada de su adicción a las drogas.
«Mide no más de un metro treinta centímetros y tiene una pequeña joroba en la espalda producto de su accidente. Sin embargo, Maribel danza libre y campante por las calles. Salsas, champetas y música de carnaval, no hay distinción entre sus ritmos preferidos». Así la describe Edwin Caicedo Ucros en su crónica ‘Pa’la calle: la comparsa que baila en el carnaval’, publicada en el Espectador).
Es entonces cuando decidimos seguir la comparsa y llegar hasta el final del recorrido, donde allí los integrantes del grupo reposan y podemos observar que son alrededor de treinta personas entre jóvenes, mayores y ya de la tercera edad, ellos ríen y bailan frente al público que los observa emocionado, así antes cuando pasaban alrededor de ellos los vieran sin importarles. Unos están en proceso de resocialización, otros viven allí, porque por no tener recursos de manutención terminaron viviendo en la calle.
Carlos Alberto Martínez Martínez es otro ex habitante de la calle. pPreparó paso a paso su papel protagónico en la que en el teatro de la calle, fue la mejor puesta en escena de su vida. La calle fue el escenario perfecto y él y sus compañeros sus protagonistas. Carlos nunca se imaginó que sería miembro activo de las fiestas del Carnaval de Barranquilla, ciudad a la que llegó hace 20 años y que ha recorrido calle por calle. Ese ser humano que dormía en los alrededores del Cementerio Universal hoy espera con ansias que sus familiares lo vean en la Gran Parada, y se den cuenta de lo que hoy día es: una persona diferente, recuperada, que anhela ver sus sueños hechos realidad, tener un hogar y un empleo, sueños que sabe serán posibles. También encontramos a María Isabel Ripoll, es nerviosa ante las miradas de todo aquel que pasa y la mira. Hace dos años ingresó al hogar de paso, pero antes vivía en el sector de Bellas Artes o el colegio Lourdes. Hoy sus ojos azules se les ven brillar cuando en los equipos de sonido suena una cumbia o la voz del recordado Joe Arroyo, o una salsa que le recuerde cualquier momento especial.
Seguimos dialogando con estos seres que nos han hecho estallar el alma de emoción, de verlos recuperados, luchando por su vida y muchos de ellos ya sirviendo a la ciudad. La comparsa Pa’ la Calle, a cargo de la coordinadora del programa Habitante de Calle, Luisa Mora, y que trabaja en estrecha unión con la primera dama Katia Nule. “El habitante de la calle genera un ambiente de inseguridad”, dice Mora.
“Pero es eso lo que estamos intentando cambiar”. La líder del programa asegura que estos hombres y mujeres han pasado por diferentes situaciones que los llevaron a la indigencia y que hoy merecen respeto de todos los ciudadanos. Cuando los escuchamos decir a ellos: «Yo dormía en la calle, tirado en una carretilla y ahora estoy aquí, bailando el carnaval», se nos encoge el corazón pensando en todos los seres que aún viven en la inclemente soledad de una calle, a la deriva de su suerte, pero afortunadamente la ciudad viene trabajando con ahínco en políticas públicas para combatir la indigencia, nos sostiene la funcionaria. Se está construyendo un centro de atención que atenderá a más de 300 personas. Tiene un albergue temporal con servicios en salud, alimentación y apoyo psicológico. Así mismo, programas como el de Habitante de Calle, ayudan a que la población vulnerada reciba atención primaria en salud, habitación y, en algunos casos educación.
Vinimos a ver una Gran Parada y encontramos una gran realidad de historias de vida, de seres que logrando renacer de sus cenizas hoy quieren salir adelante y servirle a la ciudad y ser recibidos por sus familias.
En diálogo con Luisa Mora, nos dijo:” “La comparsa no es lo primero que hacemos con habitantes de la calle; el año pasado organizamos un campeonato de fútbol. Se trata de resocializar a muchos que antes dormían en parques y que hoy están con nosotros en el hogar. En Barranquilla vamos por más”.
Y sí, hay que ir por más, porque todas estas personas merecen respeto, tienen dignidad y la obligación de la autoridad gubernamental es poner en práctica una política social para enfrentar estos problemas.
Al final La comparsa Pa’la calle fue una de las que más aplaudieron en el recorrido que va desde el Parque Olaya hasta llegar a la carrera 21 con calle 47, y brillaron en medio de los 142 grupos folclóricos que bailaron en el evento en el evento.














