La vocación sacerdotal del padre Atilano Martínez Vega nació entre el servicio comunitario, la educación, las misiones y una profunda espiritualidad.
Por Ricardo Bustamante
Arenal: mi encuentro con el padre Atilano
Conocí en el año 2010 al sacerdote Atilano Martínez Vega en San Estanislao de Kostka, municipio del departamento de Bolívar, conocido con el nombre de Arenal del Norte, situado en la ribera del Canal del Dique, distante a dos horas por carretera de Barranquilla y a una hora de Cartagena.
No fuimos cercanos en esa época de su permanencia en Arenal. Cruzábamos saludos y pocas palabras. No obstante, con el padre Atilano tuve la sensación de que estaba en presencia de un sacerdote especial, metido en espiritualidad y seguidor de su vocación como clérigo católico auténtico, además centrado en el amor a Dios.
Visita al padre Atilano
Viajé el pasado martes 26 de agosto desde Barranquilla hasta el barrio Los Alpes de Cartagena. Preguntando aquí y allá, llegué a la Parroquia Cristo Sacerdote. Días antes le había pedido el favor al padre Atilano de que me contara su vida, así fuese a grandes zancadas de memoria. Lo tuve sentado al frente, en su refrigerado despacho parroquial, vestido con camisa manga larga de un blanco luminoso, coronada arriba con alzacuello o clériman.
Su trato fue familiar, ameno y cercano. Su voz y sus modales: solemnes, pausados y respetuosos. «Padre, usted tiene voz obispal, ideal para oficiar misa en una catedral», le dije en broma. Sonrió de manera amplia como respuesta.
Vida de hogar
Nació un 11 de julio, día conmemorativo de San Benito Abad, de 1961 en Villanueva, Bolívar. Hijo de Ramón Darío Martínez Ariza, fallecido, y Zoila Rosa Vega Peña Martínez, de 93 años, quien disfruta de su merecido retiro en dicho municipio. Tiene siete hermanos, seis mujeres y un varón de nombre José, también sacerdote de la congregación Eudista, residente en Perú, al servicio de parroquias y seminarios de ese país.

Años escolares
El padre Atilano cursó los años escolares de primaria y hasta cuarto de bachillerato en el Colegio Departamental de Villanueva, institución que en aquella época contaba con licencia para ofrecer estudios hasta ese grado. Corría el año 1979. Luego, con el fin de seguir capacitándose, se trasladó a Cartagena.
Formación académica
En el transcurso de los años 1980, 1981 y 1982, siguió con su formación académica en Cartagena, ciudad adonde viajaba diariamente desde Villanueva para estudiar en el entonces denominado Centro de Capacitación Comercial (CECAC). Allí cursó la carrera técnica de Secretariado Ejecutivo Sistematizado, formación que le permitió adquirir conocimientos y herramientas para desempeñarse, posteriormente, en diferentes labores administrativas y de servicio.
Primeras experiencias de trabajo y servicios
Los años 1983, 1984 y 1985 fueron para el padre Atilano de trabajo y servicio. Es así que en 1983 comenzó a poner en práctica sus conocimientos a través de un voluntariado en la oficina de correos de Telecom y Adpostal, en Villanueva. Allí realizaba diferentes labores: repartía cartas y telegramas, recibía llamadas y atendía a las personas que acudían a la oficina.

Fundamental: el contacto con la gente
El contacto directo con la gente de su municipio le permitió acercarse al trabajo de la Iglesia, dándole la oportunidad de colaborar como voluntario en el despacho de la Parroquia San Juan Bautista de Villanueva, atendiendo las diferentes solicitudes, asuntos y trámites que requerían las personas.
Alfabetizar: hermosa experiencia
Después fue recomendado para desempeñar la actividad de profesor en un centro nocturno de alfabetización. Allí enseñaba a leer y escribir a personas adultas y mayores que no habían tenido la oportunidad de acceder a la educación. Esta experiencia fue muy significativa para el padre Atilano, porque le permitió descubrir otra forma de servicio: acompañar a las personas a través de la enseñanza y brindarles herramientas para mejorar sus vidas. Hasta 1985 continuó vinculado a esas experiencias de trabajo, servicio e instrucción en Villanueva.
1986: el despertar de la vocación sacerdotal
En 1986, el padre Atilano salió de Villanueva. Ya comenzaba a despertar en él, con mayor fuerza, el compromiso y la inquietud por la vocación al sacerdocio. De gran importancia fue su encuentro en la Parroquia San Pedro Claver, ubicada en el Centro Histórico de la ciudad, durante un retiro espiritual con el padre Enrique Giraldo Alzate. En aquel encuentro, el padre Enrique lo invitó a participar en el trabajo misionero que desarrollaba en diferentes comunidades. Animado por esa oportuna y maravillosa invitación, aceptó y se incorporó como misionero a la misión que dirigía el sacerdote Giraldo Alzate.

1986-1988: experiencia misionera
En el transcurso de los años 1986 a 1988, el padre Atilano participó como misionero en la Misión San Pedro Claver, dirigida por los padres jesuitas de la Compañía de Jesús, desde la Parroquia San Pedro Claver de la ciudad de Cartagena, bajo la dirección del padre Enrique Giraldo Alzate.
En esos años, el padre Atilano desarrolló labores misioneras en diferentes pueblos y comunidades, entre ellos Arroyo de Piedra, Pontezuela, Punta Canoa y Manzanillo del Mar, entre otros.
Esa experiencia estuvo centrada principalmente en las labores de evangelización y educación. Permaneció especialmente en Arroyo de Piedra, donde vivía, y desde allí se desplazaba hacia las comunidades cercanas para realizar las diferentes tareas pastorales. Todas las comunidades anteriores se encuentran en la vía al mar.
Esta experiencia misionera fue fundamental y determinante para la vida personal y sacerdotal del padre Atilano, gracias a que el contacto con las comunidades, el trabajo educativo y la evangelización fueron fortaleciendo cada vez más su vocación inicial y su deseo de entregar su vida al servicio de Dios y de los demás.
1989-1990: regreso a Cartagena y culminación del bachillerato
En 1989, se trasladó a Cartagena para culminar los dos años de bachillerato que le faltaban, ya que para ingresar definitivamente al Seminario Mayor e iniciar los estudios eclesiásticos era necesario ser bachiller. Durante dos años (1989 y 1990) combinó el trabajo con los estudios. En el día trabajaba en la Iglesia San Pedro Claver, colaborando en el apostolado y en las labores de la sacristía.
El padre Atilano enfatiza que durante esos dos años vivió en el convento de la Parroquia San Pedro Claver de los padres jesuitas (Compañía de Jesús) y en las noches continuaba estudiando en el Colegio Nocturno Liceo de la Costa.
Recalca que esos años fueron de gran esfuerzo y disciplina: trabajaba durante el día y estudiaba durante la noche, mientras continuaba avanzando en su formación y fortaleciendo su decisión de dedicar su vida al sacerdocio.
1991-1997: estudios de Filosofía y Teología
Entre 1991 y 1997 se trasladó a La Ceja, Antioquia, para continuar con su formación en el Seminario Misionero del Espíritu Santo. Durante siete años realizó los estudios correspondientes de Filosofía y Teología, como parte de su preparación para el ministerio sacerdotal.
Esos años (1991 a 1997) para el padre Atilano fueron fundamentales dentro de su proceso vocacional, en los que combinó la formación académica, espiritual y pastoral, profundizando en conocimientos y, a la vez, en experiencias necesarias para avanzar hacia la ordenación sacerdotal.
1998: año pastoral
En 1998, fue llamado por su obispo, monseñor Carlos José Ruiseco, para realizar el Año Pastoral en la Parroquia San Juan Nepomuceno, ubicada en el municipio del mismo nombre, en el centro del departamento de Bolívar. Allí permaneció durante todo ese año, bajo la orientación del padre Agustín Villar, participando en labores de evangelización, educación y asistencia a la comunidad parroquial.

El 22 de noviembre de ese año recibió la orden del diaconado, un ministerio transitorio que se acepta como parte del camino de preparación hacia la ordenación sacerdotal. Este acontecimiento representó un momento muy significativo en su proceso vocacional y marcó para el padre Atilano una nueva etapa de servicio a Dios y a la comunidad.











