Por: Francisco Figueroa Turcios
En una época donde muchos olvidan sus raíces apenas sienten el vértigo de la ciudad y las luces de la televisión, Octavio Vargas Gómez decidió permanecer fiel al campesino y al lenguaje sencillo de la gente del campo. Nunca renegó de su origen rural, oriundo de Monte Rubio, segunda población del municipio de Sabanas de San Ángel, a 90 kilómetros de la Capital del Magdalena, Santa Marta; por el contrario, convirtió esa identidad en su mayor credencial periodística. Cada domingo, a través de El Reportero del Campo en Telecaribe, lleva a las pantallas las historias silenciosas de hombres y mujeres que cultivan la tierra mientras el país pocas veces los mira.
Desde las 9:00 de la mañana, el programa abre una ventana distinta en la televisión colombiana: la del campesino que madruga antes del amanecer, la del pescador que desafía los ríos, la de la mujer que sostiene la economía familiar entre cultivos y sacrificios invisibles.
Más que un espacio televisivo, El Reportero del Campo terminó convirtiéndose en una especie de noticiero sentimental del agro Caribe, una tribuna para dignificar la vida rural y contribuir a mejorar las condiciones de quienes sobreviven lejos del ruido político y económico de las grandes capitales.

El mérito de Octavio Vargas Gómez adquiere mayor dimensión porque fue pionero en Colombia. Cuando todavía la televisión nacional ignoraba el universo agrícola como tema central, El Reportero del Campo ya recorría trochas, parcelas y corregimientos contando historias del agro con identidad propia. Con el tiempo, gigantes televisivos como Caracol y RCN terminaron replicando el modelo, confirmando que aquella idea nacida desde la región había abierto un camino que otros después siguieron.
Y quizás allí reside el verdadero valor de Octavio Vargas Gómez: entendió antes que muchos que el campo no era un paisaje decorativo de la nación, sino el corazón silencioso que alimenta al país. Mientras otros perseguían las noticias del poder y las cámaras urbanas, él eligió escuchar la voz de los campesinos, esos colombianos anónimos que pocas veces ocupan titulares, pero sobre cuyos hombros descansa buena parte de la historia y la supervivencia de Colombia
“Cuando yo estudiaba en Medellín en la Escuela de periodismo de la Universidad de Antioquia, el profesor Baltazar Botero, realizaba el programa radial ´Por los caminos de Antioquia´ . Baltazar me seleccionó entre el grupo de alumnos para le apoyáramos en la elaboración de las notas periodísticas. Baltazar Botero, me asignó elaborar la nota agropecuaria, porque él sabia de mi estirpe campesina. Sin duda, que Baltazar Botero, me despertó la pasión por el periodismo agropecuario”, recuerda Octavio Vargas.

Antes de convertirse en un rostro familiar de la televisión regional, Octavio Vargas Gómez ya había sembrado su pasión por el agro en la radio. Primero en La Voz de Barranquilla y luego en Radio Libertad, fue moldeando un estilo periodístico cercano al campesino, al lenguaje de la finca y a las necesidades de quienes trabajan la tierra lejos de los centros de poder. Pero Octavio entendía que el campo necesitaba una vitrina más grande. Soñaba con llevar esas historias a la televisión, un territorio entonces dominado por la política, la crónica roja y el entretenimiento urbano.
Con esa idea bajo el brazo llegó hasta Rafael Sarmiento Coley, director del desaparecido Noticiero T.V. Noticias. Le presentó un formato novedoso para la época: una sección dedicada exclusivamente al agro y a las comunidades campesinas. Sarmiento Coley comprendió de inmediato el valor social y periodístico del proyecto y decidió abrirle espacio en el noticiero. Así nació la sección El Reportero del Campo, que poco a poco empezó a ganarse la atención de los televidentes con una propuesta distinta, auténtica y profundamente conectada con la realidad rural del Caribe colombiano.
El éxito no tardó en crecer. Las historias del campesino, del ganadero, del pescador y del agricultor comenzaron a ocupar un lugar fijo en los hogares de la región. Fue entonces cuando José Jorge Dangond le propuso a Octavio Vargas dar un paso más ambicioso: convertir aquella sección en un programa independiente de media hora bajo la modalidad de riesgo compartido. Primero se emitió los días feriados y más tarde encontró su espacio definitivo cada domingo en Telecaribe.
.

Han pasado ya 33 años desde que El Reportero del Campo salió al aire por primera vez, un logro extraordinario en un medio televisivo donde muchos programas desaparecen con la misma rapidez con que nacen. La permanencia de este espacio no solo habla de disciplina y constancia; también demuestra que el campo sí tiene audiencia cuando se cuenta con verdad, sensibilidad y conocimiento de causa.
Mientras la televisión moderna persigue tendencias fugaces y espectáculos instantáneos, Octavio Vargas Gómez siguió caminando por trochas, corrales y parcelas, escuchando las voces de quienes pocas veces aparecen en horario estelar. Y quizás por eso El Reportero del Campo terminó convirtiéndose en mucho más que un programa agropecuario: es la memoria audiovisual de una región que aún respira al ritmo de la tierra y que encontró en Octavio Vargas a uno de sus cronistas más genuinos.
«No ha sido fàcil mantener el programa El Reportero del Campo durante 33 años en el canal Telecaribe, en ningún momento he dado el brazo a torcer. Sin duda que el apoyo de mi hijo, Octavio Vargas Daza ha sido fundamental para mantener este proyecto periodístico» reflexiona Octavio Vargas sobre este importante proyecto periodìstico.

Hoy, cuando el campo colombiano sigue enfrentando el abandono estatal, la pobreza y las heridas históricas de la desigualdad, Octavio Vargas Gómez permanece como una leyenda viva del periodismo agropecuario, no desde la comodidad de un escritorio, sino desde el barro de las trochas y la voz humilde del campesino.
Durante más de tres décadas, a través de El Reportero del Campo, ha demostrado que detrás de cada cosecha existe una familia luchando por sobrevivir y que el verdadero país no solo habita en las grandes ciudades, sino también en las parcelas olvidadas donde millones de colombianos trabajan de sol a sol para alimentar a la nación. En tiempos donde muchos medios voltearon la mirada hacia el espectáculo y la inmediatez, Octavio Vargas eligió dignificar al hombre del campo, convirtiéndose no solo en periodista, sino en la memoria viva de una Colombia rural que se resiste a desaparecer entre el polvo, el olvido y la indiferencia.











