Por Teobaldo Guillén*
Cuando uno se arriesga a asistir a una obra de teatro de dos personajes, una ligera preocupación nos invade porque creemos que va a ser aburrida. Eso pensé, y es normal, cuando decidí asistir a ver la obra “Bodas de Oro”.
Sin embargo, estaba equivocado. Desde el principio de la puesta en escena, se siente que el público se va integrando en la historia porque está basada en hechos reales que has vivido, que has idealizado o que has deseado vivir.
Una pareja de ancianos (José Aedo y Blanca Sáez) deciden celebrar sus “Bodas de Oro” matrimoniales vestidos con los atuendos que se pusieron para dar el sí, en su habitación, pero trayendo los recuerdos agradables, desagradables, las discusiones, las aspiraciones, las frustraciones que han vivido a lo largo de 50 años y todas las situaciones que ocurren en la vida de una pareja normal.

Los textos teatrales son tan sencillos, cotidianos y bien actuados que la fuerza dramática que los actores le imprimen con magistral destreza hace que la audiencia se identifique con sus desavenencias y amores y a veces, hasta se torne cómplice de sus recuerdos.
La caracterización de ancianos que hacen Oscar y Tania, dos jóvenes actores, es tan real y precisa que logran convencernos en la escena cumpliendo así uno de los requisitos de la buena obra teatral: la verosimilitud.
A fe que al final se notó que el público disfrutó la pieza teatral y mis temores desaparecieron por completo. Hay que verla.
- Teobaldo Guillén es Fundador Programa de Arte Dramático Facultad de Bellas Artes – Universidad del Atlántico











