Rafael Flórez renunció a un trabajo estable para convertirse en productor general de su hijo, Kevin Flórez, estrella del género musical más popular de Cartagena.
Por Jorge Sarmiento Figueroa – Especial desde Cartagena
A Rafael Flórez su familia lo tildó de iluso y los vecinos de barrio se burlaron el día que él hizo pública su decisión. Tenía 43 años y hasta ese momento era empleado de una fábrica a la que había dedicado la mitad de su vida.
Una mañana de diciembre de 2010 reunió a su familia y le informó que había renunciado al trabajo para dedicarse de lleno a convertir a su hijo en una estrella.
«Fue una locura para todos. Mis papás y mi esposa me decían que no podían dormir por pensar en lo que yo había hecho. Pero yo sí dormía en paz», relata.
Tomó todos sus ahorros, más el dinero que le habían dado de la liquidación, y empezó a construir un estudio de producción musical en su casa, al lado de la cocina. Cuando terminó de adecuarlo se sentó con Kevin, el segundo de sus cuatro hijos, y le dijo: «Si te quieres dedicar en serio a esto no podrás estudiar una carrera. Además no hay plata porque ya me la gasté toda. Te vas a tener que encerrar conmigo aquí todos los días hasta que lo logremos».
Y lo lograron. Su hijo, Kevin Flórez, tenía 19 años de edad y empezaba a ser reconocido en Cartagena y Barranquilla en los géneros de moda de la música «urbana». Hip hop, Rap, Dancehall. Hoy, con 23 años, es una de las estrellas más importantes del país, sus canciones ocupan los primeros lugares en las estaciones de radio, ha participado en varios shows internacionales y por cada presentación cobra el equivalente a lo que su padre ganaba en un año de trabajo. «Demostré que no estaba loco, pero fue muy difícil. Mi familia y los vecinos eran el problema más pequeño. Lo más jodido fue ganar un lugar para Kevin en la champeta«, cuenta Rafael Flórez.
Aún viven en el barrio Calamares, donde sus vecinos se burlaban, pero su casa ahora es un edificio de cuatro pisos con la forma de un búnker, equipado con gimnasio, estudio de producción, bar y sala de reuniones. La construcción contrasta con las casas del entorno.
Está sentado en un sofá. Lo rodean varios cantantes de champeta de la vieja y de la nueva generación. Lo escuchan como si les hablara el mismísimo Buda. Todos reconocen que él y su hijo dieron el salto que ninguno había podido dar en las cuatro décadas de historia del género.
La conquista del mercado
Los picoteros han dominado desde siempre el negocio en Cartagena. Son ellos los que deciden qué artista «pega», qué canción suena. Hubo una época en la que las emisoras solo ponían las champetas que ellos les dijeran. «Y como algunos de los picó explotaban a los champeteros criollos, los ponían a componer canciones exclusivas y les pagaban lo que querían, no les parecía buena idea abrirle espacio a cualquier otro género», cuenta Flórez. Todavía sucede esa realidad con algunos picoteros.
Entonces Rafael Flórez decidió construir una tarima en el patio de la casa e instalar su propio picó para atraer a cantantes de champeta, rap, hip hop y dancehall. Se ríe al ver la cara de su esposa cuando narra la historia. Para ella las cosas ya habían sobrepasado los límites de la locura.
Pero la idea funcionó. En esa tarima Kevin se dio a conocer entre los champeteros y aprendió a fusionar sus ritmos preferidos, que eran extranjeros, con la música local. «Aprendió a hacer el ‘despeluque’ y le metió el beatbox que ya sabía hacer desde los dos años de edad».
Al poco tiempo lanzaron una primera producción con imagen publicitaria, videos, club de fans y un canal propio de televisión online. La gente en Cartagena y en otras ciudades de Colombia acogió la propuesta con entusiasmo, las emisoras empezaron a programar sus canciones que se convirtieron en éxitos nacionales. «Hasta los picoteros tuvieron que llamarnos. El Rey de Rocha, el picó más importante de Cartagena, nunca había tenido un cantante que pegara tres canciones seguidas. Kevin fue el primero».
Ante el éxito inesperado del joven que se presentaba como el creador de la «champeta urbana», algunos cantantes, en especial los que estaban mejor posicionados en los picó, reaccionaron. «Es que eso no es champeta», afirma Charles King, cantante con 25 años de trayectoria en el género. «No me gusta el nombre de champeta urbana, la champeta es champeta y ya», expresó Mr.Black en enero de 2014 durante una entrevista con la revista Shock.co . Mr.Black es uno de los más importantes exponentes de la champeta criolla y es el autor de una de las canciones más populares, El Serrucho, que tiene el récord de visitas en Youtube en la historia de la champeta: 24 millones.
Pero Rafael Flórez y su hijo ya habían logrado conquistar el mercado. Ahora quieren evolucionar. Esta noche, reunidos con los cantantes que siguen «maltratados» por algunos picoteros, diseñan un plan de trabajo para crear nuevas figuras del género. «Ya llegamos al punto que queríamos, que mi hijo fuera una estrella; ahora tenemos que hacer que esto se convierta en una industria musical que beneficie a todos», les dice. «Lo importante es que ya creamos la palabrita mágica que se volvió universal: La champeta urbana».
Los datos de la champeta urbana
– Canciones más visitadas en youtube en los últimos 6 meses
– Cuadro comparativo de las búsquedas en Google entre Kevin Flórez y Mr.Black
Kevin Florez es de lejos el nombre más buscado en Google. Su competidor más cercano es Mr.Black.
– Mapa de los picós en Cartagena
















