Por Chachareros/Ofiprensa
La Costa Caribe colombiana está en el centro de varios debates que se ‘calientan’ en estos días. Por un lado, está el tema de la ruinosa Electricaribe, que está como las procesiones de las Semanas Santas de Mompós, un pasito para adelante, y dos para atrás, por el otro las jugadas políticas de última hora en el Congreso de la República, en donde la poderosa casa política Char dejó colgado de la brocha a su socio y, en apariencia, jefe de la casa charista, Germán Vargas Lleras.
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“Pueden tener la certeza de que mientras ejerza la Presidencia de la República, vamos a trabajar de la mano todas las autoridades para esclarecer, castigar y prevenir cualquier amenaza a la libertad de prensa en Colombia”, afirmó el Jefe de Estado. Con su nadadito de perro, Duque impone su agenda.[/caption]
Según observadores, a pesar de que Vargas Lleras insiste en que el ‘sabaleo’ fue por mermelada–concretamente con dos altos cargos en la Casa de Nariño- todo parece indicar que la verdadera causa es más de fondo.
Por un lado, a la Región Caribe colombiana la han vapuleado casi todos los gobiernos, por la desdicha de no ver a un costeño con la banda tricolor al pecho desde cuando el cartagenero Rafael Núñez (hace más de 100 años)se aferró al poder e impuso un récord al hacerse reelegir cuatro veces y sepultar la vieja Constitución, para imponer una nueva Carta Magna, que tuvo vigencia hasta 1991, cuando la Asamblea Nacional Constituyente hizo una nueva Constitución.
El ‘pataleo’ de ahogado de Vargas Lleras es porque está viendo la cosa maluca para él llegar al apetecido sillón presidencial para seguir así el sendero presidencial llerista. Primero fue Alberto Lleras Camargo, quien, aunque no tenía nada que ver con Carlos Lleras Restrepo (tío-abuelo de Vargas Lleras), salvo que ambos eran liberales, de todas maneras era un Lleras.
No es venganza
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Eduardo Verano, gobernador del Atlántico, insiste en que lo prioritario para la región es la crisis de Electricaribe. Lo demás vendrá por añadidura, sin desaprovechar que la Costa está en el centro del debate.[/caption]
En los tertuliaderos políticos de Bogotá se da como un hecho que el apoyo de último minuto de los congresistas de la casa Char para salvar el Plan Nacional de Desarrollo del presidente Iván Duque, tiene un antecedente remoto cuando Germán Vargas Lleras logró que la Embajada estadounidense filtrara la versión de que el poderoso empresario costeño Fuad Char, quien tenía los votos suficientes para ser elegido presidente del Congreso de la República, no tenía visa para entrar a Estados Unidos, algo mortal para un dignatario de la política nacional, ‘vetado’ por el imperio del Norte. Tal vez haya algo de eso. No hay que olvidar que la casa Char es manejada por Fuad Char Abdala, un descendiente directo de padres inmigrantes árabes, muy habilidosos para tomar ventaja, en especial en los juegos de azar, y la política, en el fondo, es un asunto de tahúres.
Tal vez ese lejano antecedente de la torpeza de Vargas Lleras al meter la pata para que Fuad cayera en las mullidas alfombras del capitolio cuando todo el mundo lo daba por cierto como nuevo presidente del Senado de la República, no pesó tanto, como el momento crucial que vive la Costa con temas como el grave problema de Electricaribe, la poca participación de profesionales de la Costa en los altos mandos del Gobierno, y la extraña animadversión del Minhacienda, Alberto Carrasquilla, que niega con malvada tozudez todo lo que signifique aumentar partidas para proyectos de desarrollo costeño.
Es que Carrasquilla es un redomado enemigo de la Costa Caribe. Y la única manera posible de hacerlo cambiar de actitud tan repudiable como estúpida, era acercarse a los jefes del manzanillo Carrasquilla, que no son otros que Álvaro Uribe Vélez e Iván Duque.
Se supone que la bancada charista, de manera sutil, tras reunirse Fuad Char con Álvaro Uribe en varias ocasiones plantearon la posibilidad de apoyar los proyectos vitales para el Gobierno de Duque, a cambio de una mayor participación en el alto gobierno, una pronta y adecuada solución del problema energético e impulsar la concesión para recuperar la navegabilidad del Río Magdalena y darle el empuje necesario y suficiente para que, por fin, sea una realidad el Superpuertos de Aguas Profundas Bocas de Cenizas.
Esa es la política de lo inmediato. Lo otro es alegría de burro viejo, de lanzar hipótesis acerca de una posible candidatura presidencial de Alex Char, cuando apenas está despegando el periodo de Duque.
Hace muy bien Alejandro Char al desvirtuar claramente que él está en lo suyo, dejar a Barranquilla como la ciudad pujante de Colombia. Después tendrá que empezar a hablar de temas nacionales, lo que no le quedará difícil porque, a pesar de su juventud, ya se ha convertido en un animal político con fuerza y ganas de llegar a los más altos designios de la democracia. Nada tiene de raro, pues que la casa Char le meta un gol olímpico a la rancia política bogotana.
Esta vez no están en el escenario político los dirigentes conservadores barranquilleros que a última hora traicionaron a Evaristo Sourdis por un almuerzo de bandeja paisa en casa de doña Bertha Hernández, la esposa del presidente Mariano Ospina Pérez. Que se recuerde, es la única vez que una bancada se vende por una bandeja paisa (no por un plato de lentejas como lo dice la Biblia), recargada de grasa (chicharrones chorreando manteca, morcilla, mazamorra de maíz seco, un aguacate por persona y cuatro tajadas de plátano amarillo, también chorreantes de manteca.











